Weretilneck: “Si no actuábamos, la mafia iba a manejar la ciudad”
Hace un recorrido memorial por el pasado. Recuerda nombres, fechas, causas, antecedentes. Habla de desidia y corrupción, y aclara que “el negocio de la droga no se terminará con los Montecino, aunque será una avance importante que reciban una condena ejemplar”. Alberto Weretilneck se puso al frente de una campaña para atacar el narcotráfico en Cipolletti. Y apuntó contra el clan que comenzará a ser juzgado desde hoy. Pocas veces se vio a un intendente atacar con munición tan gruesa a un objetivo que no fuese político. Para Weretilneck no había grises en este tema. “Si los dejábamos, si no actuábamos, la mafia, los Montecino, iban a manejar la ciudad”. Aclara desde ya que Cipolletti no es Ciudad de Juárez ni mucho menos, pero entiende que el negocio de la droga era “inmanejable”. ¿Se extingue si hay una dura pena? “Para nada, el negocio está, aunque más atomizado. Igual, será un paso importante en esta lucha”, dice el ahora gobernador. –¿Cómo empezó todo? –Con el asesinato de David Oliva. Ese día anduvieron a los tiros por todos lados. Empezamos a notar que todos los homicidios tenían relación con el tema de la droga. Los condenados no eran de la familia, pero tenían relación. Trabajaban para ellos. Eran sus soldaditos. Vendían droga en las plazas y afuera de las escuelas. Nos informaban los placeros, los empleados de Desarrollo Social. –¿Qué pensó al principio? –Que era una misión imposible. Había apatía en la Policía Federal. Fracasó la primera causa que se juzgó en Roca. Los testigos, integrantes de la división Drogas Peligrosas de Cipolletti, tenían menos memoria que los testigos civiles. Entonces trabajamos con la Justicia provincial. Un juez de Cipolletti ordenó escuchas telefónicas y surgió el tema de la droga, con contactos en Centenario. Ahí intervino la jueza Pandolfi y Gustavo Villanueva. –¿Por qué este clan llegó a fortalecerse tanto? –Por la ineficiencia del Estado para combatir el narcotráfico. Faltó decisión política y de la policía. La impunidad los hizo crecer. Tuvimos un Estado ausente y así se hicieron poderosos los íconos del narcotráfico: Montecino, Dávila y el “Cacha Pelada” (Luis Miguel Ayala) en Allen, que fue asesinado. No lo puedo probar, pero pienso que la bomba que mató al empleado municipal José Maciel en el 2010 fue una respuesta a la lucha contra el narcotráfico. Los días previos, la Brigada de Investigaciones había realizado allanamientos y las cosas no estaban del todo bien. –¿Alguna vez lo amenazaron? Arriesgamos nuestra familia pero nunca me amenazaron, ni al teléfono de mi casa ni a la municipalidad. –¿Por qué afrontó esta batalla? –Para no perder el dominio de la ciudad. No queríamos un Cipolletti manejado por el narcotráfico, como pasa en lugares de México. No pienso que Cipolletti sea Ciudad Juárez, pero hay que pelear contra estas bandas. –¿Piensa que sacó rédito político de esta lucha? –No, para nada. Primero, no lo hice por eso. Lo hice porque, si no actuábamos, la mafia iba a manejar la ciudad. –¿Qué espera del juicio? –Una condena ejemplar. En esta causa hay más pruebas técnicas que testimonios. Espero que los testigos tengan buena memoria y no pase lo que sucedió en Roca, cuando los absolvieron.
Hace un recorrido memorial por el pasado. Recuerda nombres, fechas, causas, antecedentes. Habla de desidia y corrupción, y aclara que “el negocio de la droga no se terminará con los Montecino, aunque será una avance importante que reciban una condena ejemplar”. Alberto Weretilneck se puso al frente de una campaña para atacar el narcotráfico en Cipolletti. Y apuntó contra el clan que comenzará a ser juzgado desde hoy. Pocas veces se vio a un intendente atacar con munición tan gruesa a un objetivo que no fuese político. Para Weretilneck no había grises en este tema. “Si los dejábamos, si no actuábamos, la mafia, los Montecino, iban a manejar la ciudad”. Aclara desde ya que Cipolletti no es Ciudad de Juárez ni mucho menos, pero entiende que el negocio de la droga era “inmanejable”. ¿Se extingue si hay una dura pena? “Para nada, el negocio está, aunque más atomizado. Igual, será un paso importante en esta lucha”, dice el ahora gobernador. –¿Cómo empezó todo? –Con el asesinato de David Oliva. Ese día anduvieron a los tiros por todos lados. Empezamos a notar que todos los homicidios tenían relación con el tema de la droga. Los condenados no eran de la familia, pero tenían relación. Trabajaban para ellos. Eran sus soldaditos. Vendían droga en las plazas y afuera de las escuelas. Nos informaban los placeros, los empleados de Desarrollo Social. –¿Qué pensó al principio? –Que era una misión imposible. Había apatía en la Policía Federal. Fracasó la primera causa que se juzgó en Roca. Los testigos, integrantes de la división Drogas Peligrosas de Cipolletti, tenían menos memoria que los testigos civiles. Entonces trabajamos con la Justicia provincial. Un juez de Cipolletti ordenó escuchas telefónicas y surgió el tema de la droga, con contactos en Centenario. Ahí intervino la jueza Pandolfi y Gustavo Villanueva. –¿Por qué este clan llegó a fortalecerse tanto? –Por la ineficiencia del Estado para combatir el narcotráfico. Faltó decisión política y de la policía. La impunidad los hizo crecer. Tuvimos un Estado ausente y así se hicieron poderosos los íconos del narcotráfico: Montecino, Dávila y el “Cacha Pelada” (Luis Miguel Ayala) en Allen, que fue asesinado. No lo puedo probar, pero pienso que la bomba que mató al empleado municipal José Maciel en el 2010 fue una respuesta a la lucha contra el narcotráfico. Los días previos, la Brigada de Investigaciones había realizado allanamientos y las cosas no estaban del todo bien. –¿Alguna vez lo amenazaron? Arriesgamos nuestra familia pero nunca me amenazaron, ni al teléfono de mi casa ni a la municipalidad. –¿Por qué afrontó esta batalla? –Para no perder el dominio de la ciudad. No queríamos un Cipolletti manejado por el narcotráfico, como pasa en lugares de México. No pienso que Cipolletti sea Ciudad Juárez, pero hay que pelear contra estas bandas. –¿Piensa que sacó rédito político de esta lucha? –No, para nada. Primero, no lo hice por eso. Lo hice porque, si no actuábamos, la mafia iba a manejar la ciudad. –¿Qué espera del juicio? –Una condena ejemplar. En esta causa hay más pruebas técnicas que testimonios. Espero que los testigos tengan buena memoria y no pase lo que sucedió en Roca, cuando los absolvieron.
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