La peña: una apuesta, ¿por la carnicería o por el carnicero?

Le preguntaron a un criador de bobinos de raza si era capaz de distinguir la carne de un toro de la de una vaca una vez que el animal estaba faenado y dijo terminantemente que no. Tampoco sería capaz de diferenciar la carne de un animal de raza Angus de la de un Hereford.
Ocurrió hace pocos días en la Expo Rural de Choele Choel.
Claro, la respuesta me dio argumentos para responder cuando a uno, ciudadano común, le reclaman por el asado que no está del todo tierno.
Si un especialista en la materia como un criador de animales de raza no sabe distinguirlos, menos lo vamos a saber nosotros cuando nos plantamos en una carnicería y quedamos en manos del carnicero.
No hay nadie más rápido para su oficio que el carnicero. Cuando uno se cree sabedor y se jacta de haber comprado buena carne, en realidad no fue ni más ni menos que un carnicero que se apiadó de nosotros y nos dio un corte como la gente.
Podremos decirle que tal o cual corte tiene más o menos grasa, si es lo que buscamos o no, pero si el carnicero nos quiere meter gato por liebre, lo hará sin que nos demos cuenta.
Distinguir la calidad y la ternura de un corte para asar es francamente una lotería. En realidad lo que elegimos es la carnicería a la que vamos a entregarle todo nuestro prestigio de asador, sabemos que venden buena carne y como mucho podremos elegir entre lo que tiene, pero no hay receta que nos garantice que un corte será lo que en realidad buscamos para deleitar a la familia o a los amigos.
Unos apuestan a la grasa blanca. Aseguran que si el corte tiene grasa blanca y no amarillenta será una maravilla. Aún así, me pasó que con grasa blanca y todo había que masticar como un infeliz para comer ese asado. Otros dicen que si la carne no es roja intensa y sí es un rosado fresco, será de máxima calidad y ternura. Incomprobable. Se puede comer rosado y duro. Y todo lo que digan en realidad es una apuesta por el carnicero.


Le preguntaron a un criador de bobinos de raza si era capaz de distinguir la carne de un toro de la de una vaca una vez que el animal estaba faenado y dijo terminantemente que no. Tampoco sería capaz de diferenciar la carne de un animal de raza Angus de la de un Hereford.
Ocurrió hace pocos días en la Expo Rural de Choele Choel.
Claro, la respuesta me dio argumentos para responder cuando a uno, ciudadano común, le reclaman por el asado que no está del todo tierno.
Si un especialista en la materia como un criador de animales de raza no sabe distinguirlos, menos lo vamos a saber nosotros cuando nos plantamos en una carnicería y quedamos en manos del carnicero.
No hay nadie más rápido para su oficio que el carnicero. Cuando uno se cree sabedor y se jacta de haber comprado buena carne, en realidad no fue ni más ni menos que un carnicero que se apiadó de nosotros y nos dio un corte como la gente.
Podremos decirle que tal o cual corte tiene más o menos grasa, si es lo que buscamos o no, pero si el carnicero nos quiere meter gato por liebre, lo hará sin que nos demos cuenta.
Distinguir la calidad y la ternura de un corte para asar es francamente una lotería. En realidad lo que elegimos es la carnicería a la que vamos a entregarle todo nuestro prestigio de asador, sabemos que venden buena carne y como mucho podremos elegir entre lo que tiene, pero no hay receta que nos garantice que un corte será lo que en realidad buscamos para deleitar a la familia o a los amigos.
Unos apuestan a la grasa blanca. Aseguran que si el corte tiene grasa blanca y no amarillenta será una maravilla. Aún así, me pasó que con grasa blanca y todo había que masticar como un infeliz para comer ese asado. Otros dicen que si la carne no es roja intensa y sí es un rosado fresco, será de máxima calidad y ternura. Incomprobable. Se puede comer rosado y duro. Y todo lo que digan en realidad es una apuesta por el carnicero.

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