Agoniza la empleada del ADOS herida el viernes
Elba Farías, empleada del policlínico, fue intervenida dos veces, su estado es desesperante y tiene pocas posibilidades de sobrevivir. El caso está rodeado de circunstancias aún no aclaradas. La policía busca al cómplice de Javier Panetti, el joven delincuente muerto. El conserje del sanatorio, un boxeador conocido como "Colita" Castro, le arrebató un arma al ladrón y lo golpeó. Después, un bicipolicía lo acribilló mientras huía. El tiroteo causó caos en el centro.
NEUQUEN (AN).- La mujer que el viernes recibió un balazo en la cabeza por parte de un delincuente permanecía anoche en terapia intensiva en estado desesperante con pocas posibilidades de sobrevivir.
El caso tiene todavía circunstancias poco claras pero hay un sujeto buscado intensamente por la Policía. El uniformado herido está fuera de peligro.
Elba Farías, empleada de maestranza del policlínico ADOS, recibió el disparo cuando desde un pasillo se asomó para ver qué ocurría en la recepción del nosocomio. Allí un delincuente apuntaba a la cabeza de un compañero de trabajo, a quien mantenía como rehén.
El hecho conmovió a toda la ciudad y mantiene perplejas a las autoridades policiales. Tras un asalto común, además de la dramática situación en que se encuentra la mujer, hubo un delincuente muerto, un policía herido y un conserje del sanatorio golpeado, en un escenario colmado por gente que circunstancialmente pasaba por el lugar y se encontró en medio de una docena de balazos que no se sabe bien de qué armas salieron.
La Policía tiene datos precisos y busca al sujeto que acompañó en el asalto a Javier Panetti quien cayó acribillado por las balas policiales tras un impresionante raid. El sospechoso sería una persona joven con antecedentes en robos con arma.
Elba Farías, de 50 años, fue intervenida en dos oportunidades pero no se le pudo extraer el proyectil que le ingresó por el parietal izquierdo.
Panetti murió de «más de dos disparos» -según la información policial- en las veredas del policlínico adonde minutos había entrado por la parte trasera a sangre y fuego. Las balas salieron del arma de un bicipolicía que había llegado a la zona alertado por el comando radioeléctrico.
Panetti, de 21 años, y un cómplice habían asaltado 15 minutos antes una farmacia en la calle Islas Malvinas y huido en bicicleta con 100 pesos y un teléfono celular. Pero por un rápido aviso de la dueña del comercio, la policía logró interceptarlos en Yrigoyen en el acceso posterior del nosocomio.
Mientras su compinche huía entre edificios de departamento, Panetti disparó contra la patrulla policial, tomó como rehén a una mujer que pasaba por el lugar y se metió al predio e ingresó a la galería del policlínico. Seguido de cerca por dos policías dejó a la mujer y se escudó en el conserje del policlínico, Wálter Castro, de 26 años, a quien golpeó dos veces en la cabeza con la culata de su revólver. Cuando Panetti se topó con el oficial ayudante, Rubén Escobar, uno de los uniformados que lo perseguía, le exigió que deje arma bajo la amenaza de ejecutar a Castro.
Escobar dejó el arma -una pistola nueve milímetros- y fue en ese momento cuando Panetti habría disparado contra Elba Farías que se asomó al escuchar el alboroto. La otra bala impactó en la espalda de Escobar.
El delincuente en ningún momento soltó a Castro y pese a la fuerza del conserje -que es boxeador categoría pluma- bajó de tres trancos los nueve peldaños que separan al edificio de la vereda.
Ya en la calle intentó detener el tránsito y disparó contra dos automovilistas. Pero no salió ninguna bala. A esa altura Castro la había pegado unos cuantos golpes y había conseguido zafar, además le quitó el revólver que Panetti tenía descargado en la cintura.
Este, fuera de sí, martilló sin suerte la pistola del policía e intentó huir a pie por la vereda. Cansado, el sujeto casi se chocó de frente con el bicipolicía a quien le apuntó y la bala tampoco salió.
En una fracción de segundo Panetti cayó muerto en la vereda. Castro, a quien en el ámbito boxístico le dicen «Colita», estaba a pocos metros con el revólver del delincuente: «Es del chorro», masculló y lo arrojó contra el cadáver.
Ayer no estaba claro si las balas de la pistola no salieron porque el arma se trabó o porque el policía Escobar había quitado el cargador. Lo que sí está claro es que Panetti no pudo accionarla.
Los investigadores no pudieron establecer demasiadas precisiones
NEUQUEN (AN).- El comisario Héctor Alarcón, segundo jefe de la comisaría Primera, brindó una conferencia de prensa con pocas precisiones. Las dudas, aseguró, se irán despejando una vez que estén listas las pericias.
Según se pudo establecer, Javier Panetti hirió a la mucama y al policía con su arma, un revólver calibre 22 largo y no con una 32 como se informó el viernes a la noche. A la mujer le disparó de entre cinco y siete metros, y al policía desde unos tres.
Una fuente que presenció parte de los hechos, comentó que el conserje Wálter Castro, le quitó el 22 a Panetti cuando estuvieron en la calle y lo golpeó.
La misma fuente aseguró que la pistola nueve milímetros que el delincuente le había obligado a dejar al policía nunca se disparó.
Alarcón no pudo precisar cuántas balas salieron de cada arma ni aclaró si el revólver 22 era de seis o de nueve balas, como sostuvo otra fuente policial.
En medio de una marcada confusión también se llegó a decir que la mujer y el policía habían sido heridos con el arma del uniformado.
«Desde una distancia tan corta una nueve habría hecho destrozos y nadie se salvaba», definió un especialista.
Con todo, trascendieron algunos detalles de la personalidad de Panetti, a quien en el ámbito policial denominan «el loco de las tijeras».
El 29 de febrero, el joven fue detenido por la Policía cuando intentaba forzar la puerta del lavadero de una casa céntrica. Cuando se cumplían los trámites de identificación, en una descuido de los uniformados, Panetti -que había dado un nombre falso- tomó un par de tijeras y la hundió en el abdomen. Ensangrentado y con las tijeras en su poder amenazó a los policías diciendo que tenía sida y reclamando que no lo toquen. Al cabo de un tiempo, el joven, volvió a la calle.
Para la Policía resulta llamativo que un delincuente de estas características en uno y otro caso haya actuado de una forma tan «jugada», a todo o nada.
NEUQUEN (AN).- La mujer que el viernes recibió un balazo en la cabeza por parte de un delincuente permanecía anoche en terapia intensiva en estado desesperante con pocas posibilidades de sobrevivir.
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