Entre ladrillos, crece el emprendimiento de un grupo de mujeres de Cipolletti
Están a cargo de la construcción del comedor comunitario del barrio Obrero. El proyecto surgió por la crisis económica que generó la pandemia por el coronavirus.
Una montaña de panqueques se amontona para envolver el relleno que Ester Castillo prepara en un imponente fuentón rojo. Saldrán de allí 200 viandas para repartir entre los vecinos del barrio Obrero, uno de los tantos asentamientos que hay en Cipolletti.
Una calle separa el precario comedor municipal de una incipiente construcción que en manos de 20 mujeres apunta al cielo en lo que será el nuevo centro social del barrio ubicado en la zona norte de Cipolletti.
La cuadrilla de 10 mujeres, acompañada por algunos hombres, apilan ladrillos huecos sobre el fresco cemento en el frente del edificio. Un ritmo tropical se desliza entre el frío clima invernal que en los asentamientos golpea más fuerte.
“Trabajan y bailan para pasar el frío”, dice Lila, una de las referentes de la organización. Las bajas temperaturas no golpearon tanto como lo hizo la pandemia en los sectores más vulnerables de la sociedad.
En un escenario de crisis, la agrupación Dignidad Rebelde formó un equipo de 10 mujeres para trabajar en la industria de la construcción.
El proyecto logró un crédito del (Banco Interamericano de Desarrollo) BID y en mayo pasado comenzaron con la obra. El objetivo es seguir realizando trabajos comunitarios en el barrio.
“Nuestro salón comunitario se nos estaba cayendo a pedazos por eso presentamos un proyecto ante el BID que se aprobó meses atrás. A pesar de lo duro que fue el inicio de la pandemia se siguió trabajando en el centro, al ver las condiciones en las que estaba la gente del BID nos dio el proyecto para la construcción”, contó Lorena Rifo, una de las integrantes del equipo.
Lorena señaló que antes de iniciar los trabajos se realizó una capacitación para las mujeres que querían formar parte del proyecto.
“Es un trabajo muy importante para nosotros porque aprendemos y podemos volcar esos conocimientos en nuestras casas. Pagar un trabajo de albañilería es muy costoso entonces con esta experiencia las chicas pueden comprar materiales y mejorar las condiciones de sus viviendas. Una de las compañeras no tiene baño en su casa y con esta experiencia podrá construirlo”, señaló Lorena.
Además de construir el nuevo centro comunitario es una forma de acceder a un trabajo remunerado, otro déficit que se acentuó con la pandemia por el coronavirus. Mensualmente la cuadrilla prepara un informe para enviar al BID con los avances de la obra. Estiman que terminarán antes de la llegada de la primavera.
La obra abarca la construcción de parte del edificio. No está contemplado el techo. Lila Calderón, referente del, dijo que buscarán recursos para finalizarlo.
“Lo vamos a terminar porque lo necesitamos. Veremos de donde salen los recursos, además de los aportes de los vecinos estamos buscando aportes porque es un espacio muy importante para el barrio”, precisó Calderón.