Gabriel Rueda, el ingeniero nuclear que mueve montañas: nació en una casa sin luz y ahora triunfa por el mundo

Su historia empieza en un pequeño paraje de Salta, humilde, sin electricidad ni agua. Por una beca, estudió en el Instituto Balseiro. Con sacrificio y la fuerza de su madre, logró convertirse en un atleta de élite en las carreras más exigentes del planeta.

Por Florencia Bark

Superarse está en su ADN. Hace 35 años, corre y avanza derribando obstáculos. Desde el monte salteño bajó hasta a la cordillera de los Andes y desde el sur, a los Pirineos de España; la ecuación siempre es la misma: Gabriel Rueda no se detiene. Las montañas son el norte en la brújula de su vida.

Su niño interior corre tan rápido como su esfuerzo para ser mejor cada día. La historia del joven salteño ya se escribió varias veces, pero resurge ante cada nueva meta desbloqueada entre los cordones montañosos más desafiantes del mundo.

Gabriel nació en un pequeño paraje llamado El Candado en la provincia de Salta. Su familia era muy humilde. Dormía en una casita de adobe sin electricidad ni agua potable. «Mi infancia estuvo marcada por la naturaleza y por la cultura del esfuerzo. Vivíamos de lo que sembrábamos y producíamos», cuenta a Diario RÍO NEGRO. Él pasaba sus días pescando, cazando y recorriendo la jungla durante horas.

La figura de su mamá, gran artífice de sus triunfos, vive intacta en su mente y corazón. «Recuerdo algo muy fuerte: el valor que mi madre le daba a la educación», cuenta. «Cuando yo tenía nueve años tomó la decisión de mudarnos a un pueblo más grande para que pudiéramos seguir estudiando. Esa decisión cambió mi vida», reconoce.

Aquel niño que vivió en la extrema carencia, un día logró terminar la primaria, luego la secundaria y finalmente mudarse a más de 2.300 kilómetros para ser el profesional que soñó.

De las Olimpíadas de Matemáticas al Balseiro


En el colegio participó en las Olimpíadas de Matemática y eso despertó su vocación científica. Luego de días enteros de dedicación, Gabriel pudo ganar una beca completa para estudiar en el prestigioso Instituto Balseiro de Bariloche. Pasó de vivir en el noroeste argentino a la Patagonia andina, un cambio enorme.

Fue una etapa de muchísima exigencia académica. En 2014 logró su primera gran meta: se recibió de ingeniero nuclear y trabajó cinco años en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Allí logró estabilidad económica y una carrera profesional sólida.

«Hoy cada vez que atravieso momentos difíciles en carrera siempre vuelvo a la infancia para motivarme».

Gabriel Rueda, atleta profesional e ingeniero nuclear.

«El nivel académico del Balseiro es extremadamente alto. Venía de un contexto muy distinto y al principio sentí que corría desde atrás», asegura. «Mi paso por Río Negro fue clave. Ahí me formé profesionalmente y, sin saberlo, también empezó a gestarse mi camino deportivo», asegura.

La cordillera de los Andes fue el puntapie. «En Bariloche empecé a correr casi por casualidad», recuerda. Llevaba una vida sedentaria y necesitaba moverse. El entorno de lagos, montañas, senderos lo atrapó. Sin planearlo, empezó a correr trail con la guía de su primer entrenador, Raúl Mansilla.

«Descubrí que ahí había algo más que un hobby: había una conexión profunda», dice. Con el tiempo, lo que comenzó como una actividad para despejar la mente terminó convirtiéndose en una vocación deportiva.

El giro inesperado hacia Los Alpes


Luego de ganar algunas competencias, empezó a pensar en dar un salto deportivo: dejar la ansiada estabilidad laboral (en CNEA) para ir por más. Sentía que si no lo intentaba se iba a quedar con la duda para siempre. Así fue como hizo las maletas y emigró a Europa en 2021.

Mientras cursaba un máster en «Big Data» para ser científico de datos en Málaga, entrenaba en los Alpes y buscaba su propio sendero en el circuito internacional.

«Fue una decisión difícil: dejar seguridad por incertidumbre», dice Gabriel. Para él no fue un paso impulsivo; fue una decisión racional y valiente. El deporte de alto rendimiento tiene una ventana temporal limitada e iba a probarse.

La fuerza motriz siempre fue la misma: el demostrarse a si mismo que podía y honrar el esfuerzo de su familia.

Ingeniero, científico y atleta profesional


Hoy, el ingeniero y el atleta conviven muy bien. «El ingeniero me da método, análisis y pensamiento estratégico. El atleta me enseña gestión emocional, tolerancia al dolor y adaptación a la incertidumbre», asegura.

Gabriel se autoentrena. «Llevo 15 años corriendo, conozco mi cuerpo y todo el tiempo estoy aprendiendo novedades de mi deporte, soy muy curioso entre lo que avanza la ciencia de la actividad física», dice. Su volumen semanal consta de entre 150 a 200 kilómetros en su periodo más alto y entre 15 y 25 horas de entrenamiento, trabajo de fuerza, técnica y planificación nutricional.

Además, emprendió con su plataforma «Saga Training Lab» desde la cual acompaña a muchos corredores profesionales del mundo para que logren sus carreras de montaña. «Es muy gratificante hacer que algunos corredores logren sus primeros 50k, o 100k o algunos 100 millas», expresa.

El Ultra-Trail du Mont-Blanc con los mejores del mundo


El Ultra-Trail du Mont-Blanc (UTMB) es la meca del trail running: son 174 kilómetros y 10.000 metros de desnivel alrededor del Mont Blanc, atravesando tres países: Francia, Italia y Suiza. Gabriel Rueda logró el puesto 15 en la general y se convirtió en el primer hispanohablante en lograrlo en agosto de 2025.

La salida fue a las 17:45 desde Chamonix, en el corazón de los Alpes. Él estaba ahí, entre los 2.500 mejores corredores del planeta. El tiempo límite era de 46 horas, pero los destacados -como Gabriel- rondaron en 20 o 22.

«Fue un sueño cumplido. Pero más allá del resultado, fue la forma: lluvia, nieve, una carrera extrema», asegura. Fueron días de sobrevivir. «Me dije a mí mismo: ‘No podemos aflojar ahora´. Y entonces pensé en mi madre, en cómo nunca se dio por vencida, aún viniendo de la pobreza más dura. En la oscuridad del sendero sentí como si me hablara: ‘Ahora sí, dale con todo hijito’. Ese recuerdo fue el combustible más poderoso», relata Gabriel.

«Cuando crucé la meta sentí que no era solo una carrera. Era el resultado de diez años de esfuerzo, de emigrar, de empezar de cero. Fue un homenaje a mis raíces», expresa.

Ahora, vive en Barcelona donde entrena a diario en las montañas del collserola o el Pirineo. También ejerce de su profesión trabajando de manera remota como científico de datos.

A mediano plazo, Gabriel pretende seguir conquistando trofeos en el circuito internacional y pelear por un podio en el UTMB. En paralelo, desarrolla su proyecto vinculado a datos y deporte, unida a su plataforma de entrenamiento.

«Mi visión es construir una carrera equilibrada: alto rendimiento ahora, y un proyecto profesional sólido que perdure en el tiempo».

Gabriel Rueda, atleta profesional e ingeniero nuclear.

El niño de ayer y la educación como puente


Para cerrar la historia de Gabriel, vuelve a aparecer la figura de aquel niño que corría veloz por los cerros de Salta. «Yo le diría que siga corriendo libre. Que no pierda la curiosidad por aprender. Que la educación va a ser su puente hacia el mundo exterior», se dice a si mismo.

Con emoción, el adulto de hoy le habla al niño de ayer: «Le diría que conocerá el mundo como forma de vida, que todo está ahí para explorar y descubrir. Le diría que todo ese esfuerzo va a valer la pena».


Superarse está en su ADN. Hace 35 años, corre y avanza derribando obstáculos. Desde el monte salteño bajó hasta a la cordillera de los Andes y desde el sur, a los Pirineos de España; la ecuación siempre es la misma: Gabriel Rueda no se detiene. Las montañas son el norte en la brújula de su vida.

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