La bodega de la Patagonia que exporta vino a la meca de la vitivinicultura e hizo de una variedad su emblema

La familia De Angelis eligió el Alto Valle del río Negro para retomar la tradición vitivinícola de sus antepasados en Italia. La apuesta es un éxito: el terruño del norte de la Patagonia se traduce en vinos de altísima calidad, con el Pinot Noir como estrella: es la variedad con la que innovan y que más trasciende fronteras.

Por Alan Agustini

La vitivinicultura de Río Negro no se destaca por su volumen, pero sí por su excelsa calidad, tal y como sucede en toda la Patagonia. En Mainqué, localidad del Alto Valle, la Bodega Aniello representa con claridad ese espíritu: vinos de alta gama y una fuerte vocación exportadora. En ese escenario, el Pinot Noir se transformó en la bandera de la casa.

La bodega combina tradición y experimentación. Por un lado, conserva viñas de más de ocho décadas y el edificio donde funciona es una antigua champañera que se acerca al siglo de vida. Por el otro, ha transitado recientemente caminos innovadores, como la comercialización de un blanc de noir hecho a partir de Pinot Noir, una rareza en la Patagonia (región ideal para la obtención de ese varietal). La estrategia tiene resultados: es la variedad que más exportan y la que mejor posiciona a la bodega en mercados internacionales exigentes.


Vinos de Italia al Alto Valle: historia, raíces y viñedos en la Patagonia


La historia de la familia De Angelis en el vino comienza mucho antes que la incursión en la Patagonia. “El legado vitivinícola de la familia se remonta a más de un siglo, con una tradición que fue pasando de generación en generación desde el primer fundador de la bodega familiar en Sorrento, Italia: Aniello De Angelis”, explica María Cruz De Angelis, directora de la bodega y miembro de la familia propietaria. El proyecto patagónico busca, justamente, tender un puente entre aquellas raíces y la nueva tierra elegida.

El nombre Aniello, de hecho, homenajea a aquel fundador. Y el Alto Valle del río Negro fue el escenario elegido para continuar la historia. “El Alto Valle, a través de los ríos que lo rodean, fue el escenario elegido para recrear aquella tierra de sirenas cercana a la isla de Isla de Capri y traer sus mitos y leyendas a una región que también tiene su propia mitología sobre estos seres que cuidan los cursos de agua”, relata De Angelis. El agua del río Negro (comúnmente cristalina, pero turbia durante la visita de este medio por las lluvias recientes) alimenta el sistema de riego y es uno de los pilares de esa identidad productiva.

María Cruz De Angelis, directora de la Bodega Aniello y miembro de la familia que apostó por la Patagonia para la tradición vitivinícola de sus antepasados.
María Cruz De Angelis, directora de la Bodega Aniello y miembro de la familia que apostó por la Patagonia para la tradición vitivinícola de sus antepasados. Foto: gentileza.

La apuesta concreta comenzó en 2012 con la compra de un viñedo en Mainqué con costa al río Negro y 40 hectáreas plantadas con Merlot, Malbec, Pinot Noir, Cabernet Franc y Chardonnay. Al año siguiente y cerca de esa chacra, adquirieron una champañera fundada en 1927, que fue completamente reciclada y equipada con tecnología moderna, aunque conserva su atractiva arquitectura original. Hoy la bodega tiene capacidad para 700.000 litros anuales, y procesa cerca de 250.000.

Contiguo al edificio hay un segundo viñedo. Ambos totalizan unas 70 hectáreas, de las cuales 60 están en producción. El viñedo ubicado junto al río Negro posee unas 50 hectáreas con riego por goteo; el contiguo a la bodega tiene unas 20 hectáreas con riego por manto y viñas históricas. “Hay vides de Trousseau de 1939 y de Malbec de 1947. Y siguen dando uva… ¡y qué uva!”, destaca el enólogo de la bodega, Federico Moreira.

Federico Moreira es el enólogo de Bodega Aniello. Uno de sus mayores aportes fue innovar, al proponer la elaboración de un vino blanco tranquilo a partir de Pinot Noir: la iniciativa ha sido un éxito.
Federico Moreira es el enólogo de Bodega Aniello. Uno de sus mayores aportes fue innovar, al proponer la elaboración de un vino blanco tranquilo a partir de Pinot Noir: la iniciativa ha sido un éxito. Foto: Florencia Salto.

El edificio donde se elaboran los vinos mantiene su estética antigua, pero su interior fue modernizado completamente. “Fue reconvertido en su totalidad: se ampliaron las áreas de molienda y fraccionamiento, se hicieron piletas nuevas y se incorporaron tanques de acero inoxidable”, explica Moreira. Desde 2025, la familia De Angelis tiene el control total de la empresa y profundizó las inversiones para consolidar el proyecto.


Vinos de la Patagonia a la meca de vitivinicultura y el Pinot Noir como emblema


En la actualidad, la bodega trabaja con variedades como Chardonnay, Pinot Noir, Malbec, Merlot y Cabernet Franc. Pero, tanto en ventas como en posicionamiento internacional, el protagonismo es claro. “Pinot Noir es lo que más se vende, seguido de Chardonnay y en tercer lugar Malbec”, señala Moreira.

Ese varietal destaca no solo por su excelencia, sino también por su rentabilidad diferencial. “En Rusia, Estados Unidos, Inglaterra y Brasil logramos aumentar el precio del Pinot Noir por su alta calidad y elevada demanda a nivel mundial”, apunta De Angelis.

El Pinot Noir es la variedad emblemática de la Patagonia. En esta región fría, árida y ventosa del sur argentino, logra expresar con particular nitidez el carácter del terruño. En el caso de Aniello, esa identidad se proyecta hacia el exterior: alrededor del 60% de la producción total se exporta, siendo tal varietal el que lidera el ránking.

El (casi) centenario edificio donde funcionó una champañera y donde hoy se elaboran vinos que desde la Patagonia conquistan la mismísima meca de la vitivinicultura.
El (casi) centenario edificio donde funcionó una champañera y donde hoy se elaboran vinos que, desde la Patagonia, conquistan la mismísima meca de la vitivinicultura. Foto: Florencia Salto.

Los vinos de la bodega llegan a mercados como Estados Unidos, Brasil, Inglaterra, Rusia, Perú, Malta, Australia y Hong Kong. Pero hay un destino internacional que sorprende incluso a los propios protagonistas: los vinos de Aniello se venden en Francia, considerada la meca de la vitivinicultura mundial. En restaurantes de París es posible encontrar vinos elaborados en esta bodega del Alto Valle.

Dentro de la “canasta de vinos” exportada a los galos, el Pinot Noir también pica en punta. “Nuestro importador en Francia ha quedado impactado por nuestros vinos y es así como ya llevamos más de siete años trabajando juntos. Es algo que nos llena de orgullo y reafirma nuestro camino enológico”, afirma la directora de la bodega. “No es que compraron una vez y dejaron de comprar, sino que han repetido. Es como venderles hielo a los esquimales”, ilustra Moreira.

Pero la innovación no se limita a los mercados, sino que también aparece en la bodega misma. En Aniello aseguran ser la única bodega de la Patagonia que comercializa un vino tranquilo blanc de noir a partir de Pinot Noir.

Sala de barricas en el interior de la bodega en Río Negro. Allí, algunos vinos tienen varios meses de guarda.
Sala de barricas en el interior de la bodega en Río Negro. Allí, algunos vinos tienen varios meses de guarda. Foto: Florencia Salto.

“Vos podés hacer un vino blanco a partir de uva tinta, lo que no podés hacer es un vino tinto a partir de uva blanca”, explica el enólogo. “Hay vinos blancos que se obtienen de uvas tintas y se los conoce como blanc de noir. Y nosotros hacemos un blanco de Pinot Noir”.

El concepto suele asociarse a espumantes, ya que muchos de ellos utilizan Pinot Noir como base. Sin embargo, el blanc de noir no es espumante: se trata de un vino blanco tranquilo obtenido al prensar rápidamente la uva tinta para evitar el contacto del jugo con las pieles.

«Nuestro importador en Francia ha quedado impactado por nuestros vinos y es así como ya llevamos más de siete años trabajando juntos. Es algo que nos llena de orgullo y reafirma nuestro camino enológico.»

María Cruz De Angelis, directora de la Bodega Aniello.

“El blanc de noir no tiene remontaje porque se elabora como un blanco. Al no estar en contacto con las pieles, el jugo no toma los antocianos que dan el color”, detalla Moreira. El resultado es un vino con frescura marcada y aromas delicados. “Es muy refrescante, con notas sutiles de Pinot Noir, como durazno blanco o flores blancas. A la gente le interesa probarlo y la verdad que nos va muy bien con ese producto”.

La idea surgió en 2014 como una propuesta del propio enólogo. El mercado la validó rápidamente. “Fue una propuesta que les hice a los dueños y gustó mucho. El público lo aceptó bien y ya después no pudimos descontinuarlo”, recuerda.


Vinos en el Alto Valle: vitivinicultura artesanal, nuevas inversiones y futuro


Más allá de la tecnología incorporada en la bodega, el trabajo en los viñedos mantiene una filosofía artesanal. Toda la cosecha se realiza de manera manual, algo que distingue a la vitivinicultura del Alto Valle.

Acá en Río Negro es una vitivinicultura más artesanal, un poco más parecida a lo que yo he conocido en algunas zonas de Francia”, afirma Moreira, mendocino de origen, pero radicado en la Patagonia desde hace dos décadas. “Hay un trato más ‘tú a tú’ con el personal, con la naturaleza y con la misma viña”. Río Negro Rural presenció la cosecha de uvas, en la que el buen clima laboral era palpable.

En contraste con la tecnología dentro de la bodega, en el viñedo la cosecha es manual y predomina lo artesanal.
En contraste con la tecnología dentro de la bodega, en el viñedo la cosecha es manual y predomina lo artesanal. Foto: Florencia Salto.

El sistema manual permite seleccionar mejor la uva, limpiarla y preservar la calidad. “Tenemos nuestras dificultades, algunos años hay más cosechadores y otros menos, pero la cosecha manual nos sirve mucho porque obtenemos otra calidad de uva”, explica.

La estrategia enológica también evoluciona con el tiempo y a la par de los cambios en los hábitos de consumo. En la última vendimia, por ejemplo, se adelantó el inicio de la cosecha para lograr vinos más frescos y con menor contenido alcohólico. “Lo que estamos buscando es mantener más acidez y no volcarnos tanto a la concentración de azúcares”, señala el enólogo.

En paralelo, la bodega atraviesa un proceso de reconversión que incluye inversiones en infraestructura, tecnología y viñedos. Se incorporaron nuevos equipos de frío, tanques de acero inoxidable, mejoras eléctricas, además de trabajos de recuperación de plantas y ampliación del sistema de riego.

En primer plano, de donde se extraen las uvas. De fondo, donde se las convierte en vinos de excelencia.
En primer plano, de donde se extraen las uvas. De fondo, donde se las convierte en vinos de excelencia. Foto: Florencia Salto.

El proyecto también apuesta al enoturismo. En la chacra contigua a la bodega funciona una pequeña posada con seis habitaciones y un quincho donde se realizan eventos y degustaciones. “A la gente le encanta venir a ver los viñedos y compartir experiencias al lado del río”, comenta Moreira.

A casi un siglo del nacimiento del edificio donde hoy funciona la bodega y más de cien años después del primer proyecto vitivinícola familiar en Italia, Aniello vive una nueva etapa. La familia De Angelis redobla su compromiso con el vino patagónico, impulsada más por pasión que por cálculo.

“La vitivinicultura es un negocio que tenés que querer”, reflexiona Moreira. “Tenés que estar un poco enamorado del vino para seguir invirtiendo”. En Aniello, ese enamoramiento parece evidente: una tradición centenaria que encontró en el Alto Valle del río Negro un nuevo territorio para expresarse, con el Pinot Noir como emblema.


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La vitivinicultura de Río Negro no se destaca por su volumen, pero sí por su excelsa calidad, tal y como sucede en toda la Patagonia. En Mainqué, localidad del Alto Valle, la Bodega Aniello representa con claridad ese espíritu: vinos de alta gama y una fuerte vocación exportadora. En ese escenario, el Pinot Noir se transformó en la bandera de la casa.

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