Una investigación revela la “lucha química” entre los arbustos y los pastos en la Patagonia
Dos investigaciones del IPEEC-Conicet revelan que, además de la falta de agua y el pastoreo, existen interacciones químicas entre plantas que podrían explicar por qué en los ambientes más áridos de la Patagonia los arbustos ganan terreno mientras los pastos retroceden.
En las zonas más áridas de la Patagonia hay un cambio silencioso que desde hace años observan investigadores, productores y técnicos: los arbustos avanzan mientras los pastos retroceden. Durante mucho tiempo, las explicaciones se centraron en dos factores conocidos -la falta de agua y el impacto del pastoreo-. Pero nuevas investigaciones sugieren que también intervienen procesos menos visibles, ligados a interacciones químicas entre plantas.
Interacciones químicas entre plantas dominantes de ecosistemas áridos
Dos estudios recientes del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET) aportan evidencia en esa dirección. Los trabajos fueron publicados en la revista científica Journal of Arid Environments y analizan el fenómeno desde perspectivas complementarias: uno mediante experimentos de laboratorio y el otro a escala regional, a lo largo de un gradiente de aridez en la Patagonia.
El primero de los artículos tiene como primera autora a la doctora Giovana Magalí Muñoz, becaria postdoctoral del IPEEC-CONICET, junto con las investigadoras Analía L. Carrera, Mónica B. Bertiller y Hebe Saraví Cisneros. El segundo está encabezado por Bertiller y firmado también por Carrera, Saraví Cisneros, Muñoz y Sonia Oliferuk, integrantes del Grupo de Ecología de Pastizales del instituto. En conjunto, los trabajos constituyen uno de los primeros aportes experimentales y de análisis regional en el país sobre interacciones alelopáticas -es decir, químicas- entre plantas dominantes de los ecosistemas áridos.

Una “lluvia” de compuestos químicos
El estudio experimental se enfocó en un mecanismo poco conocido fuera del ámbito científico. Cuando llueve o se deposita rocío sobre la copa de los arbustos, el agua puede arrastrar compuestos químicos presentes en sus hojas. Ese “lavado” genera soluciones llamadas lixiviados que llegan al suelo alrededor de la planta.
El equipo analizó este proceso en dos arbustos característicos del Monte Patagónico: la jarilla (Larrea divaricata) y el molle (Schinus johnstonii), especies leñosas siempreverdes que mantienen sus hojas durante todo el año.
Estas plantas poseen altas concentraciones de fenoles solubles, compuestos que cumplen funciones de defensa frente a herbívoros o estrés ambiental. Pero cuando esos compuestos se liberan al ambiente también pueden afectar a otras plantas cercanas. Este fenómeno se conoce como alelopatía.
Para evaluar ese efecto, los investigadores realizaron ensayos de germinación con semillas de tres pastos perennes dominantes en la región: el coirón poa (Poa ligularis), la flechilla (Nassella tenuis) y el coirón duro (Pappostipa speciosa). También analizaron cómo respondían las semillas de los propios arbustos.
Los resultados mostraron que los lixiviados provenientes de los arbustos reducen la proporción de semillas que germinan y, además, retrasan el momento en que lo hacen.
Ese detalle puede ser decisivo en ambientes áridos. Allí las “ventanas” de humedad que permiten que una planta se establezca son muy breves. Germinar unos días más tarde puede significar perder la oportunidad de acceder al agua disponible en el suelo.
El estudio también encontró que la intensidad del efecto depende de la complejidad química de los fenoles presentes. Cuanto más complejo es el perfil molecular de esos compuestos, mayor es su capacidad de inhibir la germinación.
El papel de la aridez
El segundo trabajo amplía la mirada desde los experimentos puntuales hacia una escala regional. Analiza cómo varían la cobertura de arbustos y pastos y la presencia de ciertos fitoquímicos a lo largo de un amplio gradiente de aridez en la Patagonia.
Los investigadores compararon dos tipos de compuestos vegetales: la lignina, un componente estructural poco soluble y con bajo potencial alelopático, y los fenoles solubles, que se liberan con mayor facilidad al ambiente.
Los resultados muestran un patrón claro. A medida que aumenta la aridez, crece la proporción de cobertura de arbustos en relación con los pastos perennes. Y al mismo tiempo, los arbustos presentan mayores concentraciones de fenoles solubles.
Esto sugiere que en ambientes más secos aumenta la probabilidad de que se produzcan interacciones alelopáticas negativas de los arbustos sobre los pastos.
En el Monte Patagónico predominan justamente arbustos altos siempreverdes con alta diversidad y concentración de fenoles solubles en sus hojas, propágulos y en el suelo asociado. En esos ambientes ya se habían registrado efectos negativos sobre la germinación, el establecimiento y el crecimiento de pastos perennes.
En cambio, en sectores menos áridos dominados por arbustos con altos niveles de lignina y bajas concentraciones de fenoles solubles no se encontraron evidencias de este tipo de interacciones químicas.
Más que agua y pastoreo
Los resultados de ambos estudios apuntan a una conclusión: la aridez no solo reduce el agua disponible para las plantas. También configura condiciones ecológicas donde las interacciones químicas entre especies pueden volverse más probables y más influyentes.
Comprender estos procesos resulta clave para interpretar los cambios que atraviesan los pastizales patagónicos y para pensar estrategias de manejo y restauración en ecosistemas áridos.
En paisajes donde cada milímetro de lluvia cuenta, la competencia entre plantas no se juega únicamente bajo tierra o en la sombra de una copa. También ocurre a escala microscópica, en la química que circula entre hojas, suelo y semillas. Y esa química invisible puede estar ayudando a explicar por qué, en buena parte de la Patagonia seca, los arbustos ganan terreno.
En las zonas más áridas de la Patagonia hay un cambio silencioso que desde hace años observan investigadores, productores y técnicos: los arbustos avanzan mientras los pastos retroceden. Durante mucho tiempo, las explicaciones se centraron en dos factores conocidos -la falta de agua y el impacto del pastoreo-. Pero nuevas investigaciones sugieren que también intervienen procesos menos visibles, ligados a interacciones químicas entre plantas.
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