«NanoQlay»: el fertilizante inteligente creado por un joven de Neuquén que busca ganar en Francia
El becario doctoral del Conicet, Jeremías Benjamín, viajará a Saint Malo para participar de los Premios de Innovación Roullier. Su desarrollo combina nanotecnología y residuos de la industria pesquera para optimizar el uso de nitrógeno en el campo y reducir la contaminación ambiental.
Desde un laboratorio en Mar del Plata, con la mirada puesta en un futuro más sostenible para el campo, Jeremías Benjamín se alista para una cita crucial en Europa. El becario doctoral del Conicet, oriundo de Neuquén capital, viajará a fines de marzo a Francia para participar de los Premios de Innovación Roullier 2025-2026. Presentará su proyecto “NanoQlay», un desarrollo que combina nanotecnología, biotecnología y economía circular para resolver uno de los grandes problemas de la agricultura moderna: la ineficiencia de los fertilizantes tradicionales.
¿Qué es “NanoQlay”? Se trata del nombre de un fertilizante inteligente, el corazón de la tesis doctoral de Benjamín. Según explicó, combina nanoarcillas —materiales creados en laboratorio con una estructura de láminas microscópicas— con quitosano, un polímero con propiedades beneficiosas para las plantas que se obtiene de la cáscara de langostino, un desecho de la industria pesquera.
Señaló que las nanoarcillas funcionan como pequeños «almacenes» que capturan nutrientes como el nitrógeno y los liberan de forma gradual y controlada, lo que optimiza su uso por los cultivos y reduce su pérdida en el ambiente. En cuanto al nombre, comentó: «Clay por arcilla en ingles, nano porque trabajamos en la escala nano y la Q por el quitosano».
Un fertilizante más eficiente y amigable con el ambiente
La propuesta apunta a la eficiencia ambiental y productiva. Jeremías indicó que los fertilizantes nitrogenados convencionales, como la urea, presentan una alta tasa de desperdicio. “Se estima que entre un 30 y 50% de lo que se aplica en el campo no lo termina absorbiendo la planta. Estamos hablando de que casi la mitad del fertilizante no llega a destino”, advirtió.
Esa pérdida no solo implica un costo económico para el productor, sino un severo daño ambiental. El nitrógeno que la planta no asimila se volatiliza como gas de efecto invernadero o se filtra hacia las napas subterráneas, con el riesgo de contaminar ríos y océanos.
Benjamín remarcó que NanoQlay busca una mayor eficiencia con los recursos: al encapsular el nitrógeno entre las láminas de la nanoarcilla, el nutriente se libera de forma controlada y lenta, lo que permite que el cultivo lo aproveche al máximo.

Del laboratorio al mercado: el desafío de un investigador de Neuquén
La competencia en Francia exige más que rigor científico: requiere una visión de negocios. El neuquino reconoció que adaptar su discurso del ámbito académico al empresarial representa todo un desafío. “Yo vengo del mundo académico donde generalmente el financiamiento viene de subsidios para investigación básica, pero en los últimos años empezaron a tomar notoriedad las ideas de transferencia tecnológica y las startups”, analizó.
Para Jeremías, esta transición implicó “afinar cuestiones” y entrenar la presentación que dará ante el jurado internacional el próximo 2 de abril. Aunque el proyecto se encuentra en una etapa inicial de desarrollo (nivel TRL 3-4), el potencial de escalar la producción mediante el uso de residuos industriales de Chubut y otras zonas pesqueras le otorga un atractivo comercial y sustentable.
“Hoy en día son muchas las empresas o los grupos inversores que piensan en ideas disruptivas que ya están en escalas pequeñas y buscan invertir en esa etapa del proceso”, observó.
Benjamín destacó que para llegar hasta la competencia de Francia, sus directoras de tesis, Yamila Mansilla (Biología) y Romina Ollier (Materiales), jugaron un rol fundamental. También agradeció la colaboración con el grupo de investigación de Vera Álvarez en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) y el equipo de fisiología molecular de Noelia Foresi.
“La colaboración fue clave. Hubo un momento donde el proyecto se había trabado y el grupo de fisiología nos dio una mano con experimentos de respuesta al nitrógeno que mostraron resultados llamativos”, recordó.
Más allá del resultado en Europa, Benjamín valoró la experiencia en sí misma. “Obviamente uno va con ganas de ganar, pero la oportunidad de que expertos de la industria escuchen tu idea y poder entablar conversaciones con ellos ya es muy valiosa”, enfatizó.
Al pensar en el escenario ideal, el neuquino mencionó: «Si ayuda a reducir en un porcentaje importante la pérdida de fertilizante y que la planta pueda aprovechar todo lo que termina llegando al campo para que eso no se pierda por otras vías que terminan contaminando el ambiente, sería buenísimo».
La instancia final de los Premios de Innovación Roullier se desarrollará el 2 de abril en Saint Malo, Francia. En la categoría talento joven, el desarrollo argentino competirá con propuestas de Italia, Portugal y Brasil.

Orgulloso de sus raíces y de la educación pública
Jeremías Benjamín nació en Neuquén, se crío en el barrio Mudón, recorriendo las bardas y las mesetas. Ahora el camino lo llevó hasta la costa argentina, en Mar del Plata, pero no se olvida de las tierras que rodean el Limay.
Rememoró el paso por los pasillos de los establecimientos educativos neuquinos. «Fui al Jardín El Escondido en Alta Barda, a la Escuela 201 y después a la EPET 14, escuelas bastante clásicas de Neuquén, que fueron muy importantes en mi formación tanto académica como personal», remarcó. Además, le dedicó una mención especial al Club Pacífico donde jugó al básquet.
Al terminar la secundaria se fue de la provincia para cursar sus estudios universitarios. Integró la primera camada de egresados de la carrera de Biotecnología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). “Soy orgullosamente producto de la educación pública”, subrayó Benjamín.
Desde un laboratorio en Mar del Plata, con la mirada puesta en un futuro más sostenible para el campo, Jeremías Benjamín se alista para una cita crucial en Europa. El becario doctoral del Conicet, oriundo de Neuquén capital, viajará a fines de marzo a Francia para participar de los Premios de Innovación Roullier 2025-2026. Presentará su proyecto “NanoQlay", un desarrollo que combina nanotecnología, biotecnología y economía circular para resolver uno de los grandes problemas de la agricultura moderna: la ineficiencia de los fertilizantes tradicionales.
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