Investigadores de Chubut hallaron algo inesperado: dos rinocerontes de 200.000 años en Barcelona

Leandro Zilio y Heidi Hammond, arqueólogos del Conicet, formaron parte de un equipo internacional de especialistas en la emblemática Cova de les Teixoneres. Aseguran que se trata de un hito: "Estamos hablando de animales que en vida pesaban una tonelada y media y que son muy poco conocidos".

Por Elena Egea

Los arqueólogos  e investigadores del Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cenpat- Conicet), Leandro Zilio y Heidi Hammond, participaron del proyecto en España. (Gentileza).

Los arqueólogos e investigadores del Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cenpat- Conicet), Leandro Zilio y Heidi Hammond, participaron del proyecto en España. (Gentileza).

Viajaron desde Chubut para participar de una excavación en Barcelona y terminaron protagonizando un hallazgo científico extraordinario. Llevaban semanas desenterrando restos en la mítica Cova de les Teixoneres, pero en el último día de la expedición ocurrió algo completamente inesperado: una mandíbula gigante y un fragmento de cráneo aparecieron entre la tierra junto a herramientas de piedra neandertales. Se trataba de un rinoceronte estepario de hace 200.000 años de distancia en el tiempo. Marcó un hito porque abrió una nueva línea de investigación que se concretó a fines de junio y finalizó esta semana con otra sorpresa: otro rinoceronte, dos en total. Ahora surgen nuevas preguntas que buscarán responder, entre ellas: ¿cómo semejante mole llegó hasta el fondo de una cueva?

Los protagonistas de esta hazaña son Leandro Zilio y Heidi Hammond, arqueólogos del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet), radicados en Esquel. «Estamos hablando de animales que en vida pesaban una tonelada y media y que son muy poco conocidos. Es algo que como arqueólogos no nos ocurre generalmente», revelaron en diálogo exclusivo con Diario Río Negro antes de emprender el regreso a la Patagonia para encabezar los análisis de un descubrimiento que hoy desvela a la ciencia europea.

El descubrimiento no solo descoló al equipo por la rareza de la especie, sino por el estado de conservación casi intacto en el que hallaron ambos esqueletos. Los investigadores sospechan que la cueva funcionó como una trampa natural ante un evento climático extremo, pero la respuesta definitiva recién empieza a gestarse.

Un hallazgo inesperado en el último día de trabajo en la cueva de Barcelona


Por unos instantes viajaron 200.000 años atrás. Llevaban semanas excavando en Cova de les Teixoneres, Barcelona. Ya habían desenterrando caballos, restos de mamut y “otra fauna extinta del Cuaternario”. Y de repente, encontraron algo que no esperaban: una mandíbula y un fragmento de cráneo de rinoceronte estepario, junto a herramientas que utilizaban los neandertales.

Ese hallazgo marcó un momento bisagra de sus carreras, casi como cumplir un sueño, aunque suene trillado. “Es interesante porque vamos conociendo la forma de vida, por un lado, de estos grupos neandertales y después, también, la fauna, el ambiente y cómo eran los animales que habitaron esta región de Europa en ese momento, hace tanto tiempo”, añadió Hammond.

Aquella mandíbula de rinoceronte estepario surgió entre la tierra justo el último día de la excavación en Cova de les Teixoneres hace cuatro años, como si quisiera que la encontraran. Así, se abrió una nueva línea de investigación y una segunda etapa de exploración que comenzó el 22 de junio de 2026 y finalizó este martes 21 de julio.

Durante esos años, entre una etapa y la otra, Leandro y Heidi evadieron la ansiedad a través de los libros, buscando toda la información disponible sobre rinocerontes esteparios. «Nos fuimos preparando, haciendo herramientas, estudiando un poco la anatomía ósea de estos animales«, comentó Zilio.

Hallaron dos mandíbulas de rinoceronte estepario, una primero y otra cuatro años después. (Gentileza).

La sorpresa de la segunda etapa: dos gigantes en el fondo de la cueva


Hasta que llegó el día de volver a Cova de les Teixoneres para emprender una nueva etapa de la excavación. Pese a la mala fama de las segundas partes, se puso mejor: los esperaba otro rinoceronte estepario. “Haber tenido la suerte de encontrar dos rinocerontes completos, como fue lo que encontramos acá en Teixoneres, es realmente excepcional. Es algo que como arqueólogos no nos ocurre generalmente”, enfatizó Zilio.

Para Hammond, la verdadera dimensión del hallazgo se mide en todo lo que permitirá conocer de ese mundo remoto. “Algo muy llamativo fue la gran conservación que tienen los materiales y la gran completitud también del esqueleto. Eso va a permitir la realización de muchísimos estudios”, destacó.

Uno de los interrogantes que desató el descubrimiento fue: cómo llegaron los rinocerontes esteparios hasta el fondo de la cueva. “Sabemos que estos animales ingresaron a la cueva completos. Al ser de un gran tamaño, es difícil transportarlos, o sea, ningún animal puede mover animales tan grandes completos, menos dos”, explicó Zilio. “Eso quiere decir que la causa de muerte es difícil saber, pero sospechamos que huyeron del agua o de una tormenta y que la cueva funcionó como una trampa natural. Es algo que todavía tenemos que determinar”, agregó.

El laboratorio: el trabajo minucioso tras la excavación


La investigación continúa, aunque bajo el microscopio. Los huesos están cubiertos por sedimentos y concreciones y pasarán por un largo proceso de limpieza y análisis en laboratorio. “Esto empieza con las excavaciones, pero ahora viene todo ese trabajo de reconstrucción y de trabajos con los geólogos”, señaló Hammond. Junto a especialistas en sedimentos, dataciones y microscopia, buscarán marcas casi invisibles en la superficie ósea para saber si las carcasas fueron aprovechadas primero por neandertales o por carnívoros como hienas, osos de las cavernas o lobos.

Los dos arqueólogos valoraron la experiencia compartida con unas 20 personas de España, Portugal, Francia, Italia, China y Argentina. Saben que encontrar dos rinocerontes esteparios casi completos, de 200.000 años, es una escena que no se repetirá fácilmente. “Se dieron una serie de excepcionalidades que hace que sea un contexto único”, enfatizó Zilio. Cuando regresen a Esquel, los esperarán las aulas, los laboratorios, los paisajes patagónicos y una gran historia para contar.

Las conexiones entre los neandertales y los cazadores patagónicos


En la historia de Leandro Zilio la arqueología empezó casi en el jardín de infantes. Nació en La Plata y tuvo desde chico al Museo de La Plata como patio de juegos y laboratorio de curiosidades. “Me acuerdo que una vez hice una actividad de arqueología, pero te estoy hablando teniendo 5 o 6 años, y desde entonces quedé fascinado por desenterrar el pasado”, recordó.

Nunca cambió de idea: estudió Antropología en la Universidad Nacional de La Plata, se especializó en Arqueología, hizo licenciatura, doctorado y posdoctorado en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, y trabajó muchos años en el propio museo, siempre con un mismo foco: los grupos cazadores-recolectores de la Patagonia.

La trayectoria de Heidi Hammond arrancó más al sur. Nació en Esquel, Chubut, y se fue también a La Plata a estudiar Antropología, atraída por la historia de los grupos humanos. Probó la Antropología Social, pero terminó inclinándose por el pasado profundo. “Me quedé con la Arqueología, con el pasado de los grupos humanos”, contó. Como Zilio, se formó entera en la universidad pública y, desde 2005, excavó sitios patagónicos, primero en la costa norte de Santa Cruz y, más recientemente, en el centro-este de Chubut. Siempre con la misma pregunta: cómo vivieron y se movieron los cazadores-recolectores que poblaron la región.

El salto a España llegó en 2010, casi como una prueba. “La primera vez que vinimos a trabajar acá fue en una colaboración”, recordó Zilio. Se sumaron a las excavaciones en Cova de les Teixoneres, volvieron para instancias de formación y terminaron integrados al equipo catalán, ya como investigadores del Conicet.

Desde entonces participan en proyectos financiados por la Generalitat de Cataluña, el gobierno de España y la Unión Europea, especializados en estudiar la fauna de los yacimientos y las marcas que dejan los humanos y los carnívoros sobre los huesos.

De la Patagonia a Europa: un mismo estilo de vida


Aunque las cronologías europeas se estiren hasta los 200.000 años y en Patagonia trabajen con fechas de 13.000 o 13.500 años, ambos investigadores ven una continuidad clara entre ambos mundos. “El punto en común es el modo de subsistencia”, explicó Zilio. “El modo cazador-recolector es el mismo que predominó en toda la historia de Patagonia y con los grupos neandertales tenían el mismo estilo de vida”, añadió. Las metodologías de excavación, el tipo de preguntas y hasta los equipos se cruzan de un lado al otro.

“Es un ida y vuelta en una colaboración en ambos sentidos”, recalcó el arqueólogo. Para dos egresados de la universidad pública argentina que hoy excavan en la cueva de los neandertales, esos rinocerontes esteparios de Cataluña también hablan, en voz baja, del pasado remoto de la Patagonia.

Participaron investigadores de España, China y Argentina. (Gentileza).

Viajaron desde Chubut para participar de una excavación en Barcelona y terminaron protagonizando un hallazgo científico extraordinario. Llevaban semanas desenterrando restos en la mítica Cova de les Teixoneres, pero en el último día de la expedición ocurrió algo completamente inesperado: una mandíbula gigante y un fragmento de cráneo aparecieron entre la tierra junto a herramientas de piedra neandertales. Se trataba de un rinoceronte estepario de hace 200.000 años de distancia en el tiempo. Marcó un hito porque abrió una nueva línea de investigación que se concretó a fines de junio y finalizó esta semana con otra sorpresa: otro rinoceronte, dos en total. Ahora surgen nuevas preguntas que buscarán responder, entre ellas: ¿cómo semejante mole llegó hasta el fondo de una cueva?

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