Tres lugares de la Patagonia para ver tulipanes: del gran campo de Trevelin y los nuevos jardines de Neuquén y Río Negro

Octubre vuelve a pintar de colores a la Patagonia. Trevelin conserva el campo de tulipanes más reconocido de la región, mientras Huinganco y Guardia Mitre se suman con propuestas más pequeñas, pero con una identidad propia que combina flores, producción, naturaleza y turismo.

Redacción

Por Redacción

El campo de tulipanes de Trevelin estará abierto hasta el 7 de noviembre. Foto IG: Tulipanes Patagonia.

Hay un momento breve de la primavera en el que la Patagonia cambia de color. En algunos rincones aparecen hileras de rojos, amarillos, blancos, violetas y rosados, mientras todavía quedan montañas nevadas en el horizonte. Los tulipanes, asociados durante mucho tiempo a los paisajes de Holanda, encontraron también en esta parte del sur argentino una tierra donde crecer y, sobre todo, una oportunidad para convertirse en experiencia turística.

El nombre que primero aparece es Trevelin, en Chubut. Allí, el Campo de Tulipanes Patagonia se convirtió en uno de los grandes atractivos de la primavera argentina y en una postal reconocida de la Patagonia. El cultivo de la familia Ledesma comenzó en 1996 con apenas 100 bulbos y, con el paso de los años, se transformó en un enorme campo de flores que atrae a visitantes de distintos puntos del país y del exterior. Para esta temporada se esperan más de 2,3 millones de tulipanes en flor en el Valle 16 de Octubre.

La temporada 2026 está prevista entre el 7 de octubre y el 7 de noviembre, todos los días de 9 a 19. La entrada general cuesta $45.000 y los menores de 12 años ingresan sin cargo. La floración es progresiva y el período recomendado para encontrar el campo en su mayor esplendor se ubica aproximadamente entre mediados de octubre y los primeros días de noviembre. El predio está sobre la Ruta Nacional 259, a unos 13 kilómetros de Trevelin.

Pero la propuesta de Trevelin no se limita a fotografiar las flores. Para esta temporada sumó un recorrido autoguiado renovado, nueva cartelería interpretativa, una sala audiovisual y un carrito eléctrico para facilitar el traslado de personas con movilidad reducida. También habrá restaurante y casa de té, además de un punto de información turística para que quienes llegan por los tulipanes puedan descubrir otros atractivos de la comarca.


Huinganco, los tulipanes que crecen en el norte neuquino


En el norte de Neuquén, Huinganco está construyendo su propia historia con estas flores. La experiencia nació como una parcela demostrativa en el vivero provincial y después de una primera prueba con 5.000 bulbos, el proyecto creció hasta superar los 16.000 bulbos plantados en 2026. El municipio promociona esta temporada como un nuevo atractivo que combina turismo, producción, naturaleza y cultura.

La apertura será el sábado 10 de octubre y durante todo el mes habrá actividades alrededor de la floración. La agenda incluye ferias de productores y artesanos, talleres de fotografía entre tulipanes, jardinería y cultivo de bulbos, una tarde de té con dulces regionales, una cata de vinos y productos locales, yoga, pintura sustentable y propuestas de astroturismo.

La particularidad está en que los tulipanes funcionan como una puerta de entrada a una historia mucho más amplia. Huinganco tiene una fuerte identidad vinculada a los viveros, la actividad forestal y el trabajo comunitario. El proyecto busca que quienes lleguen por las flores conozcan también esa producción y el paisaje del norte neuquino, una región que tiene al senderismo y a la Cordillera del Viento entre sus principales atractivos.


Guardia Mitre, tulipanes a orillas del río Negro


Más cerca de Viedma, en Guardia Mitre, la experiencia es todavía más nueva y tiene una particularidad: los tulipanes crecen en una estancia rural junto al río Negro. En Peumayén, un proyecto que comenzó como un ensayo con unos pocos miles de bulbos empezó a transformarse en una nueva propuesta turística y productiva.

Cuatro millones de tulipanes en cuatro hectáreas Foto: Marcelo Martinez

La plantación dio un salto importante para esta temporada. El primer ensayo había sido de unos 3.500 bulbos y para 2026 el proyecto llegó a 40.000, según explicaron sus impulsores. La estancia combina el campo de flores con una propuesta de turismo rural que incluye paseos, cabalgatas, safaris, actividades náuticas, gastronomía y alojamiento.

Detrás de los tulipanes hay también una historia de aprendizaje. Pamela Romero, responsable del cultivo, trabajó durante un año y medio en Trevelin y llevó parte de esa experiencia hacia el valle rionegrino. Antes de instalarse en Guardia Mitre se hicieron pruebas en distintos puntos de Río Negro y Neuquén hasta encontrar en Peumayén condiciones apropiadas para el cultivo. Actualmente hay más de una docena de variedades y el proyecto apunta no solamente al turismo, sino también a producir bulbos propios y, a futuro, avanzar hacia la exportación.

El escenario también cambia por completo respecto de Trevelin. Acá no hay cordillera como telón de fondo: están el río Negro, las tierras de la estancia y una experiencia rural que busca que la visita dure más que el tiempo necesario para sacar una foto. La idea es que los tulipanes sean una nueva excusa para acercarse a Guardia Mitre y descubrir un paisaje productivo que hasta ahora tenía poca presencia en los circuitos turísticos tradicionales. El proyecto fue declarado de interés productivo, turístico y social por la Legislatura de Río Negro.

Campo de tulipanes en Trevelin.

Una primavera que empieza a florecer en distintos rincones


Trevelin lleva la delantera y ya tiene una temporada consolidada alrededor de sus millones de flores. Huinganco recién empieza a construir su propio camino desde el vivero provincial y Guardia Mitre ensaya una combinación diferente entre floricultura, turismo rural y producción.

Son tres experiencias muy distintas, pero tienen algo en común: durante unas pocas semanas del año, los tulipanes convierten espacios productivos en lugares de visita y generan una nueva manera de mirar la primavera patagónica. En la cordillera, entre bosques y montañas; en el norte neuquino, junto a un vivero con historia; o a orillas del río Negro, entre campos y animales, la flor que llegó desde otras latitudes empieza a encontrar su propio paisaje en la Patagonia.


El campo de tulipanes de Trevelin estará abierto hasta el 7 de noviembre. Foto IG: Tulipanes Patagonia.

Hay un momento breve de la primavera en el que la Patagonia cambia de color. En algunos rincones aparecen hileras de rojos, amarillos, blancos, violetas y rosados, mientras todavía quedan montañas nevadas en el horizonte. Los tulipanes, asociados durante mucho tiempo a los paisajes de Holanda, encontraron también en esta parte del sur argentino una tierra donde crecer y, sobre todo, una oportunidad para convertirse en experiencia turística.

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