Tricota, reír para encontrarse: tres noches de teatro y humor en Roca
Del 23 al 25 de octubre, el ciclo Tricota reunirá en el Club de Arte El Biombo una obra de clown, una comedia sobre la amistad y una historia de bandoleros. Maite Aranzabal cuenta cómo nació la propuesta y por qué el humor también permite mirar lo que duele.
Siempre estoy volviendo: Ana Loto interpreta a Martita, una payasa que regresa a la casa de su infancia entre recuerdos, emociones y humor. Gentileza.
Una payasa regresa a la casa de su infancia. Tres amigas atraviesan un conflicto que exponen sus diferencias. Dos crianceros de la Línea Sur se disponen a contar la historia de una mujer bandolera. Los caminos son distintos, pero comparten una invitación: sentarse frente a un escenario, encontrarse con otros y dejar que la risa abra paso a algo más.
Tricota, un encuentro de teatro y humor
Esas tres propuestas integran Tricota, el encuentro de teatro y humor que se realizará del viernes 23 al domingo 25 de octubre en el Club de Arte El Biombo, en Roca. Todas las funciones serán a las 21.
La iniciativa nació entre los integrantes de Siempre estoy volviendo, una obra de payaso para adultos estrenada hace unos tres años. Tenían ganas de organizar un pequeño festival y compartir escenario con otros grupos.
«Es difícil encontrar razones por las cuales reírse. Y el teatro todavía las resguarda», dice Maite Aranzabal, directora de la obra que abre el ciclo. En esa búsqueda, la risa tiene un valor que excede el entretenimiento: “permite acercarse a experiencias, conflictos y recuerdos que, desde otro lugar, podrían resultar difíciles de mirar”. “El humor nos ayuda a vivir”, sostiene.
Para Aranzabal, puede haber una propuesta divertida sin que por eso esté vacía de reflexión o de sentido. La comedia ofrece una «distancia con el drama que permite reconocerse en los personajes e, incluso, reírse de uno mismo«.
La convocatoria también pone en primer plano algo propio del teatro: compartir un tiempo y un espacio con otros. Frente a lo que Aranzabal describe como un mundo de pantallas que “nos ha hipnotizado”, la presencia de actores y espectadores conserva una fuerza particular.
Una casa a cuestas
La apertura, el viernes 23, estará a cargo de Siempre estoy volviendo, con Ana Loto en el papel de Martita, una payasa que decide regresar a su casa natal. La obra tiene dirección de Aranzabal, música original interpretada en vivo por Gastón Acosta y técnica de Luciano Batalla.
El regreso pone en movimiento recuerdos, escenas familiares y discusiones de adolescente. No se trata de una infancia idealizada: también aparecen los encontronazos, atravesados por una mirada que puede volverlos tiernos, ridículos o divertidos.
Para la directora, la historia toca una experiencia reconocible: ese momento de la vida en que una persona vuelve, de manera concreta o simbólica, al lugar del que salió. Puede ser una visita, una despedida o la necesidad de revisar el pasado.
Martita recuerda ese itinerario entre situaciones que conmueven y otras que provocan carcajadas. En el camino descubre que la casa de origen no queda solamente en una dirección: también se lleva a cuestas.
Tres amigas y una bandolera del siglo XIX
El sábado 24 será el turno de De duendes y amigas, una comedia dirigida por Gustavo Azar y protagonizada por Artistas con Tutti. Las protagonistas son amigas de toda la vida y rondan los 40 años.
Un conflicto pone a prueba el vínculo y deja al descubierto sus diferentes personalidades, deseos y maneras de ver el mundo. A partir de esa situación, la obra explora las contradicciones de la amistad adulta: los afectos que perduran, las diferencias que incomodan y aquello que sale a la luz cuando una relación se ve sacudida.

El cierre llegará el domingo 25 con Martina Chapanay, dirigida por Luciano Batalla, con las actuaciones de Paula Moyano y Maximiliano Flores. La propuesta parte de una escena rural: dos crianceros de la Línea Sur, entre sus tareas, el mate y la preparación de tortas fritas, quieren contar al público la historia de Martina Chapanay. Mientras la narran, también la encarnan.
La figura de esa mujer bandolera del siglo XIX despierta la admiración de los personajes. Según explica Aranzabal, lo rural y las injusticias funcionan como un puente entre quienes cuentan y la historia que buscan recuperar.

Tricota en Roca: cómo conseguir las entradas y cuánto cuestan
En la variedad está una de las apuestas de Tricota: un viaje íntimo hacia la memoria familiar, un retrato de los vínculos entre amigas y una narración histórica contada desde la Línea Sur.
Según informó la organización, el abono para las tres funciones cuesta 36.000 pesos y la opción para dos, 30.000 pesos. La entrada individual anticipada tiene un valor de 18.000 pesos y en puerta cuesta 20.000 pesos.
Las reservas se reciben al 2984 693820. El Club de Teatro El Biombo está ubicado en Rodhe 1454 de Roca. Se recomienda reservar con anticipación para asegurar un lugar. Todas las obras comienzan a las 21.
Una payasa regresa a la casa de su infancia. Tres amigas atraviesan un conflicto que exponen sus diferencias. Dos crianceros de la Línea Sur se disponen a contar la historia de una mujer bandolera. Los caminos son distintos, pero comparten una invitación: sentarse frente a un escenario, encontrarse con otros y dejar que la risa abra paso a algo más.
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