Líneas gruesas

La reforma tributaria prevé resistencia y reservas de su resultado.

Redacción

Por Redacción

DE DOMINGO A domingo

adrián pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar

La política rionegrina también enhebra y especula cosas que no pasarán. Hay que delimitar la realidad. Alberto Weretilneck no resignará nada en la construcción de su poder; tampoco ningún sector abandonará, por sí, sus lugares. La tensión subsistirá en el tiempo. Río Negro no se liberará de su dependencia nacional. Necesita recursos para sueldos y hay reservas sobre los resultados del plan tributario. Los órganos de control no cambiarán. Su única independencia de los poderes, ya quedó demostrado, será conservar su autonomía en la fijación de sus haberes. El STJ ya no será el mismo con la nueva integración –los designados y aquellos por venir– y el alejamiento de Víctor Sodero Nievas. Una alteración necesaria para creer en otra Justicia. Fijadas las rayas gruesas de lo que no sucederá, se acota el precario espectro de lo que pueda suceder. Otra versión ajada que volvió a repetirse fue que el mandatario había amagado con dejar su cargo. No conocen al cipoleño. Nadie despliega tanta energía en sus recorridas (que lo envalentonan en lo personal pero lo fugan de una mejor visión de su gestión) y cede todo en un forcejeo o planteo interno. “No estaban acostumbrados a los encuentros de trabajo, hay una reunión y creen que es una minicrisis”, ironizó frente a periodistas. Su perspectiva tiene su lógica, pero existen también peñas revisionistas. “No, así rompería todo ya”, advierte Weretilneck cuando ante un conflicto se le propone cierta ofensiva o salida de un funcionario. Se impacienta pero se controla. Prioriza el equilibrio y, poco a poco, continúa con sus designaciones. Cada entrevero o falencia sirve para su posicionamiento. Así, Arturo Legaz –un conocido suyo de otras épocas– arribará a la futura Vialidad dejando atrás a Néstor Bidegain, hoy al mando de Viarse. El Tren Patagónico pronostica parecida intromisión. Alienta el arraigo a su entorno que le proponen. Son cargos técnicos, como el fiscal de Estado, Pablo Bergonzi, y el secretario Nicolás Rochas, mientras estimula al ministro Alejandro Palmieri. Mayores dificultades ofrece la adaptación de funcionarios más políticos. Precaria fue la defensa que ensayó Weretilneck por su secretario general, Julián Goinhex, que –otra vez– quedó atrapado en una controversia. Ahora fue la difusión de un listado de contratados, incluyendo a radicales, que aparecen tildados y no fueron incorporados. Corresponde su aclaración. Para eso el mandatario dispuso que Goinhex comparezca en el plenario de comisiones legislativas. Una presencia –sin fecha aún– que es incómoda para cualquiera. Esa actitud fue categorizada. “Si no defiende a sus funcionarios existirá una actitud recíproca”, fue el más claro pensamiento de fastidio entre quienes agrupó el ex gobernador muerto. Weretilneck no puede responder (aunque lo hace, con mensajes incluidos) por cada pifia de sus funcionarios. Tampoco hay filtro cuando él no lo decide así. Todo llega a su oficina. Una ex portera del Valle Medio deambuló durante días por los despachos. La reincorporación no llegó, especialmente por la oposición del legislador Ricardo Arroyo. Una despareja disputa de militantes de pueblo. La mujer se encadenó frente a Casa de Gobierno y el conflicto derivó en Weretilneck, incluso por la demora del ministro Hugo Lastra. Fue la defensora adjunta, Adriana Santagati –con conocimiento del gobernador–, quien medió y logró que la mujer desistiera, por ahora, de esa protesta. La solución aún no está. Hay fallas en ese tejido gubernamental. Río Negro no logrará autonomía financiera. Requerirá por varios meses de asistencia federal para sus salarios. Recibió otros 20 millones para pagar abril. Ya totaliza 150 millones en cinco meses. Hay recortes de gastos y algo se disminuyó el déficit pero todavía hay un remolón funcionamiento estatal, que demandará más recursos en su plenitud. La coparticipación y otros envíos federales significan más del 80% de los recursos rionegrinos. Lo peor es que la recaudación sigue en caída, lo cual explica la reforma tributaria aprobada el viernes, con proyección optimista de 19 millones mensuales. En el plan tributario convergen audacia e insuficiencia. La osadía está en la actualización inmobiliaria, por el impacto que pronostica. Hay real retraso en el tributo: la cuota bimestral medía los 100 pesos. Aun así, la cobrabilidad supera ajustadamente el 50%. El número de inmuebles ronda los 148.000 y tributan unos 75.000, que el año pasado arrojaron ingresos por un poco más de 47 millones de pesos. La reforma inmobiliaria permitiría –según Rentas– un alza de unos 30 millones. Hay previsión de mejor cobro, pero la suba igual no será inferior –en promedio– al 55%. La resistencia recién es primitiva. La gestión de Miguel Saiz no pudo frente a esa corriente y suspendió el reajuste y redujo el revalúo. El foco de rebelión estuvo en Bariloche. El STJ tampoco será el mismo. Mañana asumirán Sergio Barotto y Enrique Mansilla y el jueves se iniciará el retiro del juez Víctor Sodero Nievas. La Comisión Acusadora –que preside Ana Piccinini– pondrá en marcha la acusación y se convocará para principios de junio a la sala, con posiciones por verse. El proceso avanzará aunque posiblemente nunca finalice, pero sí concluirá con la partida del magistrado. Además, Weretilneck instruyó al bloque que preside Pedro Pesatti para acelerar la enmienda constitucional y eliminar la exigencia de la residencia para ser juez. Detrás vendrá la suba a cinco miembros del STJ. Barotto y Mansilla son diferentes de lo conocido recientemente en ese tribunal. Sodero Nievas supo de esa distancia cuando los convocó a las pocas horas de su nombramiento. Entre otras observaciones, Barotto –según trascendió– expresó su malestar por un prejuzgamiento de Sodero en Bariloche en referencia a que su voto pasaría a “ser el minoritario” y que los nuevos jueces garantizarían “los dos tercios” del oficialismo. Hay creencias de otra Justicia. El roquense, en la audiencia, prometió la eliminación de los MIG, ese adicional discrecional y disciplinario usado desde hace años por el STJ. Sería un buen inicio para mostrar un cambio. Algo que no sucedió en los órganos de control externo. Anudados al oficialismo, sí ratificaron su autonomía para fijar sus remuneraciones. “Cobramos menos que los anteriores vocales” es la defensa. En eso tienen razón. Pedro Casariego –el ícono de los ex Tribunal– habría cobrado en noviembre más de 56.000 pesos. Estos vocales rondan los 40.000. Además, la eliminación del adicional por antigüedad hizo estragos en la masa salarial: el promedio neto era de 24.000 y bajó a menos de 18.000 pesos. Más allá de ese enfoque, el criterio elegido fue la continuidad de un esquema alejado de las pautas constitucionales y legales para delinear sus beneficios. Se eligió forzar y apartarse, otra vez, del diseño jurídico, como los sobresueldos de la administración de Saiz. En pleno debate el Tribunal pensó en una opción atractiva: que la Legislatura determine y transparente el mecanismo. No prosperó. Era una buena ocasión para mostrarse diferentes: cumplir esa premisa prometida. Tienen otra oportunidad. En el Tribunal –que conduce Juan Huentelaf y lo siguen Erika Acosta y Mario Sabbatella– anida una nefasta resolución que les sirve para librarse casi totalmente del Impuesto a las Ganancias. Esa norma sirvió de núcleo para la posterior autoexención de otros organismos y poderes. ¿Y la AFIP? Amagó y nada más ha hecho. Sí, hay excentricidades. Además de las versiones del régimen impuesto entre sus subordinados, el fiscal de Investigaciones, Marcelo Ponzone, inauguró su faena con el anuncio de una denuncia en Bariloche por una campaña de “gente de Cipolletti” para su desestabilización. Tal rareza derivó en un llamado de Weretilneck al vice Carlos Peralta, el promotor de aquél. El gobernador se sintió aludido, pero Peralta direccionó el relato hacia “radicales”. Parte de esa inquietud se redujo el jueves en una audiencia del mandatario con los cuatro controladores. El análisis fue más político y surgió cuando quedaron sólo Weretilneck y Huentelaf. Fue un intento de recuperar confianza mutua. Difícil, pero la política siempre se aferra a dar vueltas sobre lo improbable.


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