Coti Sorokin habla por su propia boca

El músico, conocido por ser el compositor de los temas de Diego Torres y Julieta Venegas, lanzó el CD “Lo dije por boca de otro”. De eso y de su carrera habló con “Esc.”.

Redacción

Por Redacción

Eduardo Rouillet Roberto Fidel Ernesto “Coti” Sorokin Esparza (Rosario, 14/6/73) es el cantante y compositor que en el 2005 ocupó los primeros puestos de difusión en América Latina y España con su sencillo “Nada fue un error”, interpretado con Julieta Venegas y Paulina Rubio. Es también autor de la canción tantas veces cantada por Diego Torres “Color esperanza”. Fue guitarrista de estudio de Andrés Calamaro en dos de sus compactos y a su hermano Javier le produjo su primer disco en el 95 y juntos hicieron el disco “Chiapas”, en el que intervinieron Café Tacvba, Illya Kuryaki and the Valderramas, León Gieco, Fito Páez, Paralamas, Mercedes Sosa, Charly García y Maldita Vecindad. También asesoró a los emblemáticos Enanitos Verdes. Como solista Coti empezó a grabar los once temas de su álbum debut en enero del 2001 y lo lanzó al año siguiente en colaboración con Cachorro López. En abril del 2003 fue telonero del único concierto de Shakira durante su Tour de la Mangosta, en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. En marzo del 2004 publicó “Canciones para llevar”, cuyos temas había compuesto casi en su totalidad en la capital de España, grabadas en Circo Beat. Su consagración llegó en el 2005, con “Esta mañana y otros cuentos”, registrado en vivo junto a artistas de la talla de Ismael Serrano, Venegas y Rubio. El cuarto compacto –tercero de estudio–, “Gatos y palomas”, salió en marzo del 2007 con quince obras inéditas. Dos años después lanzó “Malditas canciones” en España, Argentina, el resto de Latinoamérica y Estados Unidos. El 19 de junio presentó en Buenos Aires “Lo dije por boca de otro”, su nuevo trabajo, con temas de su autoría popularizados por Torres, Enrique Iglesias, Fito Páez y el madrileño Dani Martin. Sorokin está casado con Valeria Larrarte, con quien tuvo dos pares de mellizos, así como suena: Maia e Iván (95) y Leyre y Dylan (04). “Dentro de todas las etapas que van dando forma a la composición, dos son seguras en mi proceso creativo. La primera, el momento de explosión, de catarsis, de apuntar e improvisar lo primero que se me ocurre, y luego darle forma a eso. Allí se ponen en juego otros aspectos del oficio, diferentes de aquellos de la improvisación. Con una idea solamente no se hace una canción, hay que sentarse a darle forma, construirla y dotarla de la coherencia interna que necesita”, le dice a “Río Negro”. –Rara habilidad –cordón invisible y mágico– de encontrar los valores que la idea tiene para vos, que luego se depositarán plácidamente en la sensibilidad del oyente. –Evidentemente, el balance tendría que ser… no diría perfecto porque no es la palabra a aplicar en ninguna disciplina artística, pero sí equilibrado entre lo que uno desea decir y cómo quiere expresarlo. Que, en definitiva, termina siendo casi lo mismo, ¿no? Muchas veces el cómo ya es un qué. Yo suelo escribir sobre nada… lo importante es cómo, sobre qué. Depende de las canciones. Creo que esto es una mezcla de fantasías, ilusiones y realidades donde el qué y el cómo están todo el tiempo presentes. Con los años he ido dándole cada vez más importancia al cómo, me parece. Allí está el mensaje estético. –¿El resultado te simboliza, te representa? ¿Es tu metáfora, tu modo de comunicarte? –El Negro (Roberto) Fontanarrosa decía –una genialidad– que el estilo se va haciendo con el correr del lápiz. Y cuando hago un poco de retrospectiva veo, escucho mi primer disco, el segundo, los demás… si fuera un camuflaje, a la larga se notaría. Hay una línea no digo recta pero sí muy coherente que tiene sus curvas, sus lados sinuosos. Y eso es motivo de cierto orgullo. En el primero no me puse a pensar cuál era mi estilo, en el último tampoco. Ambos me simbolizan, me representan. –¿Qué imagen te dan de vos mismo? Porque te exponés, mostrás paisajes de tu vida sentimental, soledades, buenas y malas… –Sin duda, sí. Intento no juzgarme o por lo menos no dar sentencia, digamos. (Sonríe). Pero me gusta lo que pasó. Por eso sigo adelante y ya es una necesidad de comunicación hacer música, grabar compactos. Una necesidad casi fisiológica. Me acomodaría a cualquier escenario, pero creo que es la situación más cómoda para mí. Es lo que sé hacer, lo único que me sale de una manera fluida, no digo fácil. Para mí está bien, para los demás ya no lo sé. –Poniéndolo en otros términos, es lo que sos. –Sí. Yo tengo una forma de hacer y comunicar, de crear música, y es la mía. La misma del primero al último disco, porque no me comunico sólo cantando, no soy cantante, tampoco guitarrista eximio, pero sí un poco de todo eso y ése es mi modo de comunicarme, de componer, de escribir, de tocar algo, lo que necesito para mis canciones, de grabarlas y producirlas, cuidarlas, cantarlas como me sale, con mi estilo, mi manera de hacer coros. En eso me cuido porque cada uno tiene su estilo de expresarse y éste es el mío. –Este juego termina con el compacto cerrado y empieza el tiempo de exponerlo. Una puesta a prueba… –Sí… la mayor parte de ese –entre comillas– sufrimiento ya se acabó al haber llegado al fin del disco; para mí, la parte más complicada. Luego, yo entiendo y he aprendido a comprender perfectamente que es imposible gustarle a todo el mundo, primero. Y segundo, que hay momentos de más o menos conexión con mayor o menor cantidad de público. Pero lo importante es la fidelidad y el proceso cuando hago un disco. Ésa es la clave. –El no traicionarte. –¡Totalmente! Yo no puedo construir un álbum pensando en el después sino en el ahora. Si no disfruto o no creo, difícilmente va a disfrutar o creer el otro. “Lo dije por boca de otro” no es un disco de mención para mostrar que compuse tal o cual tema… en él yo estoy queriendo decir algo nuevo, quizá, que no se dijo, o expresado de modo diferente. Para eso está la voz de cada uno, el tono, la intención. El tiempo de exposición se vive con ilusión, por supuesto, pero no hay que sembrarse de extremas expectativas porque de lo contrario aparecen las frustraciones. Ningún hecho artístico tiene que estar bañado de eso. Lo que viene tras terminar el compacto ya se va de las manos. Lo importante es comunicar. Y esto sigue. Haré otros más adelante, seguiré componiendo canciones… para eso estamos, creo, ¿no? La canción es, justamente, no dar las cosas digeridas, por eso tiene la importancia que tiene. Para mí y para mucha gente, de ahí que sea un género tan popular porque, aparte de todo, genera preguntas y moviliza ciertas fantasías, ilusiones, cosas que dejan todo un mundo abierto. Yo también escribo pensando en eso. Si hay algún tema cuyo resultado haya sido demasiado explícito, por mal camino iré. Lo interesante es apelar a que cada uno haga su propia película, le ponga sus propias imágenes.


Eduardo Rouillet Roberto Fidel Ernesto “Coti” Sorokin Esparza (Rosario, 14/6/73) es el cantante y compositor que en el 2005 ocupó los primeros puestos de difusión en América Latina y España con su sencillo “Nada fue un error”, interpretado con Julieta Venegas y Paulina Rubio. Es también autor de la canción tantas veces cantada por Diego Torres “Color esperanza”. Fue guitarrista de estudio de Andrés Calamaro en dos de sus compactos y a su hermano Javier le produjo su primer disco en el 95 y juntos hicieron el disco “Chiapas”, en el que intervinieron Café Tacvba, Illya Kuryaki and the Valderramas, León Gieco, Fito Páez, Paralamas, Mercedes Sosa, Charly García y Maldita Vecindad. También asesoró a los emblemáticos Enanitos Verdes. Como solista Coti empezó a grabar los once temas de su álbum debut en enero del 2001 y lo lanzó al año siguiente en colaboración con Cachorro López. En abril del 2003 fue telonero del único concierto de Shakira durante su Tour de la Mangosta, en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid. En marzo del 2004 publicó “Canciones para llevar”, cuyos temas había compuesto casi en su totalidad en la capital de España, grabadas en Circo Beat. Su consagración llegó en el 2005, con “Esta mañana y otros cuentos”, registrado en vivo junto a artistas de la talla de Ismael Serrano, Venegas y Rubio. El cuarto compacto –tercero de estudio–, “Gatos y palomas”, salió en marzo del 2007 con quince obras inéditas. Dos años después lanzó “Malditas canciones” en España, Argentina, el resto de Latinoamérica y Estados Unidos. El 19 de junio presentó en Buenos Aires “Lo dije por boca de otro”, su nuevo trabajo, con temas de su autoría popularizados por Torres, Enrique Iglesias, Fito Páez y el madrileño Dani Martin. Sorokin está casado con Valeria Larrarte, con quien tuvo dos pares de mellizos, así como suena: Maia e Iván (95) y Leyre y Dylan (04). “Dentro de todas las etapas que van dando forma a la composición, dos son seguras en mi proceso creativo. La primera, el momento de explosión, de catarsis, de apuntar e improvisar lo primero que se me ocurre, y luego darle forma a eso. Allí se ponen en juego otros aspectos del oficio, diferentes de aquellos de la improvisación. Con una idea solamente no se hace una canción, hay que sentarse a darle forma, construirla y dotarla de la coherencia interna que necesita”, le dice a “Río Negro”. –Rara habilidad –cordón invisible y mágico– de encontrar los valores que la idea tiene para vos, que luego se depositarán plácidamente en la sensibilidad del oyente. –Evidentemente, el balance tendría que ser... no diría perfecto porque no es la palabra a aplicar en ninguna disciplina artística, pero sí equilibrado entre lo que uno desea decir y cómo quiere expresarlo. Que, en definitiva, termina siendo casi lo mismo, ¿no? Muchas veces el cómo ya es un qué. Yo suelo escribir sobre nada… lo importante es cómo, sobre qué. Depende de las canciones. Creo que esto es una mezcla de fantasías, ilusiones y realidades donde el qué y el cómo están todo el tiempo presentes. Con los años he ido dándole cada vez más importancia al cómo, me parece. Allí está el mensaje estético. –¿El resultado te simboliza, te representa? ¿Es tu metáfora, tu modo de comunicarte? –El Negro (Roberto) Fontanarrosa decía –una genialidad– que el estilo se va haciendo con el correr del lápiz. Y cuando hago un poco de retrospectiva veo, escucho mi primer disco, el segundo, los demás... si fuera un camuflaje, a la larga se notaría. Hay una línea no digo recta pero sí muy coherente que tiene sus curvas, sus lados sinuosos. Y eso es motivo de cierto orgullo. En el primero no me puse a pensar cuál era mi estilo, en el último tampoco. Ambos me simbolizan, me representan. –¿Qué imagen te dan de vos mismo? Porque te exponés, mostrás paisajes de tu vida sentimental, soledades, buenas y malas... –Sin duda, sí. Intento no juzgarme o por lo menos no dar sentencia, digamos. (Sonríe). Pero me gusta lo que pasó. Por eso sigo adelante y ya es una necesidad de comunicación hacer música, grabar compactos. Una necesidad casi fisiológica. Me acomodaría a cualquier escenario, pero creo que es la situación más cómoda para mí. Es lo que sé hacer, lo único que me sale de una manera fluida, no digo fácil. Para mí está bien, para los demás ya no lo sé. –Poniéndolo en otros términos, es lo que sos. –Sí. Yo tengo una forma de hacer y comunicar, de crear música, y es la mía. La misma del primero al último disco, porque no me comunico sólo cantando, no soy cantante, tampoco guitarrista eximio, pero sí un poco de todo eso y ése es mi modo de comunicarme, de componer, de escribir, de tocar algo, lo que necesito para mis canciones, de grabarlas y producirlas, cuidarlas, cantarlas como me sale, con mi estilo, mi manera de hacer coros. En eso me cuido porque cada uno tiene su estilo de expresarse y éste es el mío. –Este juego termina con el compacto cerrado y empieza el tiempo de exponerlo. Una puesta a prueba… –Sí… la mayor parte de ese –entre comillas– sufrimiento ya se acabó al haber llegado al fin del disco; para mí, la parte más complicada. Luego, yo entiendo y he aprendido a comprender perfectamente que es imposible gustarle a todo el mundo, primero. Y segundo, que hay momentos de más o menos conexión con mayor o menor cantidad de público. Pero lo importante es la fidelidad y el proceso cuando hago un disco. Ésa es la clave. –El no traicionarte. –¡Totalmente! Yo no puedo construir un álbum pensando en el después sino en el ahora. Si no disfruto o no creo, difícilmente va a disfrutar o creer el otro. “Lo dije por boca de otro” no es un disco de mención para mostrar que compuse tal o cual tema… en él yo estoy queriendo decir algo nuevo, quizá, que no se dijo, o expresado de modo diferente. Para eso está la voz de cada uno, el tono, la intención. El tiempo de exposición se vive con ilusión, por supuesto, pero no hay que sembrarse de extremas expectativas porque de lo contrario aparecen las frustraciones. Ningún hecho artístico tiene que estar bañado de eso. Lo que viene tras terminar el compacto ya se va de las manos. Lo importante es comunicar. Y esto sigue. Haré otros más adelante, seguiré componiendo canciones... para eso estamos, creo, ¿no? La canción es, justamente, no dar las cosas digeridas, por eso tiene la importancia que tiene. Para mí y para mucha gente, de ahí que sea un género tan popular porque, aparte de todo, genera preguntas y moviliza ciertas fantasías, ilusiones, cosas que dejan todo un mundo abierto. Yo también escribo pensando en eso. Si hay algún tema cuyo resultado haya sido demasiado explícito, por mal camino iré. Lo interesante es apelar a que cada uno haga su propia película, le ponga sus propias imágenes.

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