“La Policía no es un quiosco polirrubro”
El politólogo especializado en temas de seguridad afirma que antes de emprender una reforma policial es preciso tener una política de seguridad definida. Los perfiles de un policía de “proximidad” que prevenga el delito callejero y de un agente encargado de investigar delitos complejos son muy diferentes, señala. Agrega que, por falta de conducción política, las instituciones policiales han quedado como burocracias retrógradas y desactualizadas. Plantea la necesidad de pasar de un enfoque generalista a la prevención y el combate focalizado de las conductas delictivas.
–¿Por dónde se comienza un debate de reforma de la Policía?
–Para comenzar con una reforma, primero hay que tener una política de seguridad donde vayas mostrando mejoramientos y reformas concretas, donde no se excluya decir que hay problemas complejos que van a demorar en solucionarse pero mostrando lo que se hace al respecto. Por ejemplo, hoy está muy en boga la construcción de una agenda en los medios por delitos predatorios: robos, hurtos violentos, homicidios en contextos públicos. Hay delitos patentes y como respuesta se propone poner cámaras y fortalecer o bien orientar el patrullamiento focalizado, no generalista o apelando al “olfato” del jefe de turno o del que maneja el patrullero. Hoy se necesita algo más planificado que nos permita evaluar semana tras semana cómo funciona el sistema. Pero también hay que explicar los factores sociales e institucionales complejos que hacen que determinadas personas roben, hurten o tengan relaciones violentas que suponen intervenciones sociales, institucionales y económicas que son más complejas y tienen solución mayor. Tenés que explicarlo, hablarle a la gente, porque si no el único relato es el de la tapa del diario. Y a la tapa del diario se responde con efectismo y declamaciones, con entrega de patrulleros, con gestos que no tienen efecto sobre el problema y su núcleo.
–¿Y cree que la sociedad, en este contexto, lo pueda entender?
–Si lo entiende, bien, y si no habrá que hacer un esfuerzo para que sea más competente en la comprensión de estas cosas. Hoy la sociedad no te va a decir “yo quiero desarrollo ya o yo no quiero más pobres ya”. Pero sí te dice “yo no quiero más delito ya”. Es algo análogo. La sociedad comprende que para erradicar la pobreza se necesita mayor desarrollo productivo, recursos fiscales e institucionales, incorporación laboral, recursos institucionales que permitan la canalización de recursos de unos sectores a otros. La sociedad lo comprende, son procesos de décadas.
–¿Y con el delito?
–El tema con el delito es que el discurso público no explicó la complejidad del fenómeno porque la política no tiene ese atrevimiento. Tiene una mirada muy mediocre, entre otras cosas porque no sabe del tema. Si no tenés funcionarios competentes que sepan explicar esto es muy difícil construir un discurso que ayude a comprender el problema.
–¿Se reforma la Policía y se resuelve el tema de seguridad?
–No, primero hay que tener una política de seguridad pública. Para que la gente entienda: un proceso de reforma de la Policía es un proceso muy complejo. Cuando se hace no estás resolviendo el tema de la seguridad pública, estás construyendo un instrumento para tener una buena seguridad pública.
–¿Cómo logra un cuerpo policial más eficiente?
–Hay que tener un proyecto. Podés pensar “yo no quiero que marchen, que no desfilen, que hagan orden cerrado”… pero debés definir lo que querés. Si querés una policía de proximidad, vinculada con la gente, tiene que tener un grado de descentralización muy importante. Y el uniformado debe tener un alto grado de conocimiento del crimen local y debe estar en vinculación con los sectores locales. Pero, si estás conformando una policía de investigación del crimen organizado, necesitás un detective muy sofisticado en la investigación de redes, por ejemplo; no tiene nada que ver con lo que es un policía preventivo que trabaja en el ámbito local. Ese detective tiene que estar mirando el proceso de formación de mercados ilegales –de venta de estupefacientes, por ejemplo–, que es un problema de carácter regional y que tiene que entender la lógica del narcotráfico internacional. Ese policía es distinto del que está adentro de un patrullero.
–Son distintos perfiles de policía…
–Tenés que tener un proyecto de la Policía que querés, qué tipo de funciones querés que desarrolle. Por ejemplo, el control de tránsito: ¿para qué necesitan un policía armado que toque un pito en la calle? ¿Qué justificación hay para que tenga que estar dirigiendo el tránsito, si eso lo puede hacer un pasante universitario o un trabajador municipal no calificado? Otro caso es la custodia de mandatarios, de edificios públicos: la cantidad de dinero que se gasta en policías en algo que se podría resolver con seguridad privada o con cámaras le ahorraría al Estado un montón de dinero. Ven los edificios públicos como fuertes ante el avance de un malón.
–Esto resolvería mucho de la falta de recursos…
–Es que esto nunca nadie lo puso en tela de juicio. Nadie se puso a hacer cuentas. Cuando hacés un diagnóstico del personal policial y empezás a ver las tareas ajenas al control del crimen que tienen, te das cuenta de que la mayoría termina haciendo ese trabajo. Dentro de la fuerza, los que eran críticos nunca llegaban a jefes y en muchas ocasiones acompañaron ese proceso.
–¿La responsabilidad está solamente en la Policía?
–La responsabilidad siempre pasó por el poder político. Esta policía (la de todo el país) es el instrumento de gestión de la seguridad pública de la política. Estos problemas no son policiales, son políticos. Y si son policiales son por delegación de los gobiernos. Realizada esta aclaración, debemos decir que la política nunca se hizo cargo de los asuntos de la seguridad pública. Nunca asumió la responsabilidad de la conducción policial, de la modernización y de las condiciones de trabajo. Pero tampoco lo hacían las cúpulas policiales. Por eso (las fuerzas policiales) son uno de los sectores de la burocracia estatal más retrógrados y menos actualizados doctrinariamente. Y donde menos perspectiva internacional hay. Vos hoy tomás a un general, un almirante o un brigadier formado en la etapa posterior a la dictadura y son en general funcionarios con capacidad de planificación, con mirada estratégica. Un comisario no tiene ninguna de estas características. No estoy culpándolo de ser un ignorante voluntario, estoy diciendo que el sistema perverso de delegación política de la gestión de la seguridad y el autogobierno policial y de “guetificación” llevó a un retraso histórico. La mayor parte de las policías en la Argentina tiene las mismas estructuras doctrinarias organizativas de hace cien años.
–Las estrategias sobre seguridad han cambiado en todos lados…
–Hoy el mundo, en materia de seguridad preventiva, se maneja con mapeo criminal, identificación de problemáticas e intervención focalizada por problema. No hay intervenciones generalistas ni a través de cámaras ni de rondines, como hace cien años. La Argentina tiene un nivel de retraso enorme. Pero también la política está retrasada. Gran parte de la estrategia de patrullamiento y cámara la alienta la política. Y no tenés un solo policía que diga: “Mire, ministro o secretario, con esto no resolvemos el problema, con esto evitamos determinadas situaciones”.
–¿Cómo se debería manejar frente a una situación puntual?
–Volvamos al ejemplo del robo. La mayoría de los que se producen en la vía pública son desarrollados por delincuentes no profesionales. El profesional roba cosas que le generan un rédito importante, un banco, una financiera, un secuestro, pero eso no lo puede hacer cualquiera porque para ser un delincuente sofisticado necesitás haber tenido una carrera y una experiencia, un control voluntario emocional que no lo tiene el delincuente rústico. Trabajar socialmente los sectores no profesionales tiene un impacto muy importante porque se los podría sacar del circuito delictivo rápidamente. El profesional es más difícil, pero el ocasional es el que roba masivamente. Con gestión e intervención social tenés posibilidades serias de trabajar en revisar esa situación. Pero si lo único que hacés es patrullamiento, nunca vas a descubrir si es profesional o delincuente y nunca vas a conocer las condiciones para poder intervenir a través de la prevención social del delito.
–La Policía asumió responsabilidades y poder y terminó asfixiada…
–Se debilitó institucionalmente. Cuando hay ausencia de un discurso oficial también tenés expectativa social de demanda sobre la Policía de cosas que nada tienen que ver con la Policía. En la provincia de Buenos Aires y Chaco –donde trabajamos– el 80% de las llamadas pidiendo intervención no tiene nada que ver con la Policía. Hay una expectativa social del servicio policial de un quiosco polirrubro donde se puede comprar todo. La policía pareciera que fuera todo el Estado. Hay que bajar una línea: la Policía está para la prevención del crimen. No puede estar para todo. Cuando no se tienen políticas la sociedad te llena el vacío.
Luis Leiva
luisleiva@rionegro.com.ar
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–¿Por dónde se comienza un debate de reforma de la Policía?
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