Eliminatorias

Las PASO y la elección general que las sucederá parecen signadas por la adhesión o el rechazo al kirchnerismo.

Redacción

Por Redacción

héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar

Quién es la candidata de Cristina?, ¡sos pechen!”; “El gremio petrolero tiene un componente patoteril”; “El gobernador y su vice mienten y difaman”; “Pereyra es un ingrato (y con) una actitud agresiva y violenta busca la fractura y la división”… a menos de una semana de comenzada formalmente la campaña electoral, la lista de agravios recíprocos entre los dos contendientes en la interna del MPN parece interminable. Para el petrolero, el sapagismo exagera y hasta miente cuando habla de las dos últimas huelgas del sector. Para el gobernador, Pereyra se sumó a la última huelga de Camioneros porque “Moyano lo apretó”. El sindicalista, dice, cruzó el Rubicón cuando nos trató de mentirosos”. El tenor de los agravios que intercambian los contendientes –incluyeron una denuncia al sindicalista ante la Justicia electoral– permite inferir lo mucho que juega cada uno en esta pulseada eliminatoria para ambos que son las PASO. Sapag no puede perder porque un triunfo de Pereyra lo dejaría inerme frente a Nación y con un poder menguado en la provincia. De sufrir un revés, el gobernador vería cerrado el paso a su plan de reforma de la Constitución para hacer posible su re-reelección e, inclusive, le quedarían pocas chances de imponer un heredero/a frente a una nueva figura en ascenso en el firmamento partidario. Por el lado de Pereyra, la cuestión no tiene menos dramatismo: el petrolero está poniendo en juego el proyecto de poder que lo liga a Moyano y arriesga el liderazgo interno en su gremio. El poder que ha acumulado hasta ahora es mucho, muchísimo, pero en política quien no avanza retrocede y una derrota en esta interna bien podría ser el principio del fin para el mandamás vitalicio del sindicato más poderoso de la provincia. Detrás de esta confrontación –o debajo, en fin–, están las enormes riquezas que acumula la provincia en Vaca Muerta y la promesa de un crecimiento poco menos que espectacular. Los protagonistas se pelean por el poder, claro, pero el poder en Neuquén es administrar esa riqueza. Es una puja que en última instancia tiene olor a petróleo. Claro que los protagonistas también advierten que su escalada verbal ha ido demasiado lejos; que no están solos y que no ha pasado desapercibida para el electorado. Por eso y porque se han dado cuenta de los costos que tiene, es poco probable que el pico de beligerancia de esta semana se repita. Es más probable que cada uno se limite de ahora en más a hacer hincapié en su propio proyecto y en exhibir las debilidades del adversario. Así, Pereyra subrayará el hecho de que está en la vereda de enfrente del gobierno nacional y apunta junto a Moyano a un relevo del modelo kirchnerista en el 2015. Y Sapag y su candidata, Ana Pechen, probablemente harán como recomendaba Perón y no cambiarán de caballo en medio del río manteniendo la adhesión al gobierno nacional. De hecho, cuando se les pregunta sobre el tema cada uno tiene su propia coartada: “Yo fui kirchnerista, pero no Cristinista; a partir de la muerte de Néstor se vino todo abajo”, responde Pereyra haciéndose eco de las críticas que dan cuenta de que de la noche a la mañana pasó de sindicalista K a socio del proyecto opositor que lidera el camionero. Otro tanto dice de Sapag, cuyo gobierno hasta hace muy poco apoyaba sin reservas: “Está rendido, esto es una larga procesión de rodillas a la Casa Rosada”. Y de yapa le recomienda que “no se ponga nervioso, que le puede hacer mal”. Sapag, en cambio, no duda de que Pereyra es un pragmático descarnado que eligió la vereda de Moyano porque era el único lugar vacante que tenía para hacerle frente con posibilidades. “Nosotros no somos el oficialismo pero queremos seguir gobernando en buenas migas con el gobierno que eligió el pueblo hasta el 2015”, desliza cuando habla a los suyos. Por lo demás, considera que El Caballo se subordinó a la estrategia de poder personal del líder camionero porque quiere ser gobernador en el 2015 y está dispuesto a hacerlo a costa de fracturar al partido provincial. “Parece como si se estuvieran conociendo y no fueran socios desde hace rato”, desgranó irónicamente a todo esto Marcelo Fuentes, el candidato del Frente para la Victoria, consultado sobre el intercambio de fusilería en la interna emepenista. Para este sector, la derrota de cualquiera de los dos contendientes del MPN “no les suma, sino que los divide”. Aseguran que Sapag, quien “está siempre fenómeno”, se enojó con Pereyra “porque está preocupado y no la tiene fácil”. De Pechen afirman que “tiene más susto que un torero”. Para ellos, en la medida que se endurezca la interna del partido provincial sacarán más votos y se posicionarán mejor en las PASO. No por nada el senador arrancó su campaña reivindicando su condición de auténtico representante del kirchnerismo y tachando a su adversario de “muleto”. Una cosa parece cierta: las internas abiertas y la elección general que las sucederán parecen estar signadas por la adhesión o el rechazo al gobierno nacional. Más que las cuestiones locales, que están y pesan, el tema que divide aguas es el kirchnerismo o el antikirchnerismo. No se sabe todavía quién llevará más agua para su molino, pero por lo pronto el “voto K” se repartiría entre el Frente para la Victoria y su pragmático aliado local, el sapagismo. Y el “anti-k” entre Pereyra, los candidatos quiroguistas Marcelo Inaudi y Rubén Etcheverry y los aspirantes de la CC-Ari, Beatriz Kreitman y Ricardo Villar. Esto en cuanto a lo grueso, porque también acumularían para este sector los peronistas anti-k de Romero y los radicales antiquiroguistas de Benítez. Está claro que la elección definitiva es la que sigue porque pondrá al descubierto de manera casi inapelable la relación de fuerzas en Neuquén.


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