“El deterioro del medioambiente en Allen”

Redacción

Por Redacción

Los allenses solemos quejarnos cuando en las heladas tardías de la primavera, unas pocas veces al año, el humo de las chacras invade los barrios de la ciudad. En los últimos 20 años el deterioro ambiental en nuestra ciudad ha crecido exponencialmente y dramáticamente. Paso a enumerar: especialmente en verano y cuando el viento sopla de este a oeste llega el humo de los numerosos hornos de ladrillos instalados en el noreste de la ciudad a las barriadas del norte de nuestro ejido. Y con él los muy malos olores de las más de 20 hornallas que queman simultáneamente y, desde hace muchos años, sin ningún control o inspección municipal, ya que hablo de olores pestilentes y nauseabundos. No puedo dejar pasar lo que generan los piletones de oxidación cloacal que al transcurrir las décadas prácticamente quedaron encajonados en la zona urbana, afectando estas putrefactas emanaciones a los barrios Hospital, Santa Catalina, Alborada, 20 de Junio y todos los aledaños al este de la ciudad. Los vecinos piden el urgente traslado de las piletas a alguna zona despoblada. Allen se caracteriza por tener (desde hace muchas décadas) el sistema de defensa (un minidique) con sus sifones y con canales aluvionales que derivan del norte hacia el río Negro, en el recorrido de estos canales y desagües la chacra Maciel y, cuando pasa por la colonia 12 de Octubre, rumbo al sur y al río, están tapados no sólo con bolsas plásticas que contienen residuos domiciliarios, también basura de todo tipo, incluyendo grandes ruedas de tractores, heladeras, cocinas, lavarropas y termotanques en desuso, los que constituirían verdaderos tapones si algún día sufrimos un aluvión en las bardas del norte. También en algunos sectores rurales y brazos del río Negro vemos que el agua arrastra sedimentos con un color blanquecino burbujeante, señal inequívoca de que alguien, o algunos, arroja líquidos con químicos o sustancias prohibidas a los canales y desagües que están contaminados. En algunos sectores de la zona norte (especialmente en verano) en las calles se forman verdaderas nubes de polvo en suspensión que se desprenden de las cajas de camiones (sin tapar con lonas) que transportan yeso y áridos para fabricar ladrillos y que además, con la frecuencia y el traqueteo, producen grietas y fisuras en viviendas antiguas de la zona. Volviendo al río Negro, tema nunca del todo bien aclarado por ARSA, nuestro balneario municipal ¿está contaminado? Respecto de Isla Jordán en la vecina ciudad de Cipolletti, ¿nos podemos bañar en el verano? Nobleza obliga, por el río nos llegan crudos los desechos cloacales de parte de Neuquén, de Cipolletti y de Fernández Oro, pero nuestras autoridades nunca protestan. Viajemos ahora a las bardas, no muchas cuadras de los barrios de la ciudad. ¿Quiénes y de dónde vienen? (¿quién los controla?) misteriosos camiones-tanque que de tanto en tanto descargan su carga maloliente de hollejos y borras de uva y restos de manzanas en descomposición. A este breve resumen quiero agregar la irrupción en los últimos años de la explotación hidrocarburífera. (No en la meseta, a lo lejos) Las empresas petroleras ya instalaron sus torres de extracción en el medio de las chacras productivas y en los poblados barrios de la costa. Estas empresas dicen que no contaminan y que todo está bajo control, pero ya hay vecinos que se han agrupado en una asociación en defensa del agua. Incluso por estos días el bloque radical del Concejo Deliberante está impulsando una ordenanza municipal antifracking. Muchos allenses miran con desconfianza los piletones de reservorios petroleros de las empresas en zona de bardas. Como si esto fuera poco, vivimos –y todos somos ciudadanos culpables, por acción o por omisión– en una ciudad sucia, en la que es cada vez más frecuente en los barrios y en sectores céntricos la aparición de verdaderos minibasurales a cielo abierto. Y esto no es culpa de los recolectores ni barrenderos municipales, pues ellos hacen lo que pueden y van perdiendo la batalla con los irresponsables y desaprensivos vecinos anónimos (y no tanto) que tiran sus residuos y basura en cualquier esquina, con el consiguiente riesgo sanitario por el desparramo de canes, gatos, incluso roedores. Para finalizar, estas líneas no son fruto de una recorrida de un especialista en ecología y medioambiente, es lo que vemos todos los días los vecinos en distintos lugares de nuestra ciudad y es mi humilde aporte para que las autoridades controlen y los allenses no seamos tan desaprensivos con la basura que generamos. Luis Rodríguez DNI 8.215.977 Allen

Luis Rodríguez DNI 8.215.977 Allen


Los allenses solemos quejarnos cuando en las heladas tardías de la primavera, unas pocas veces al año, el humo de las chacras invade los barrios de la ciudad. En los últimos 20 años el deterioro ambiental en nuestra ciudad ha crecido exponencialmente y dramáticamente. Paso a enumerar: especialmente en verano y cuando el viento sopla de este a oeste llega el humo de los numerosos hornos de ladrillos instalados en el noreste de la ciudad a las barriadas del norte de nuestro ejido. Y con él los muy malos olores de las más de 20 hornallas que queman simultáneamente y, desde hace muchos años, sin ningún control o inspección municipal, ya que hablo de olores pestilentes y nauseabundos. No puedo dejar pasar lo que generan los piletones de oxidación cloacal que al transcurrir las décadas prácticamente quedaron encajonados en la zona urbana, afectando estas putrefactas emanaciones a los barrios Hospital, Santa Catalina, Alborada, 20 de Junio y todos los aledaños al este de la ciudad. Los vecinos piden el urgente traslado de las piletas a alguna zona despoblada. Allen se caracteriza por tener (desde hace muchas décadas) el sistema de defensa (un minidique) con sus sifones y con canales aluvionales que derivan del norte hacia el río Negro, en el recorrido de estos canales y desagües la chacra Maciel y, cuando pasa por la colonia 12 de Octubre, rumbo al sur y al río, están tapados no sólo con bolsas plásticas que contienen residuos domiciliarios, también basura de todo tipo, incluyendo grandes ruedas de tractores, heladeras, cocinas, lavarropas y termotanques en desuso, los que constituirían verdaderos tapones si algún día sufrimos un aluvión en las bardas del norte. También en algunos sectores rurales y brazos del río Negro vemos que el agua arrastra sedimentos con un color blanquecino burbujeante, señal inequívoca de que alguien, o algunos, arroja líquidos con químicos o sustancias prohibidas a los canales y desagües que están contaminados. En algunos sectores de la zona norte (especialmente en verano) en las calles se forman verdaderas nubes de polvo en suspensión que se desprenden de las cajas de camiones (sin tapar con lonas) que transportan yeso y áridos para fabricar ladrillos y que además, con la frecuencia y el traqueteo, producen grietas y fisuras en viviendas antiguas de la zona. Volviendo al río Negro, tema nunca del todo bien aclarado por ARSA, nuestro balneario municipal ¿está contaminado? Respecto de Isla Jordán en la vecina ciudad de Cipolletti, ¿nos podemos bañar en el verano? Nobleza obliga, por el río nos llegan crudos los desechos cloacales de parte de Neuquén, de Cipolletti y de Fernández Oro, pero nuestras autoridades nunca protestan. Viajemos ahora a las bardas, no muchas cuadras de los barrios de la ciudad. ¿Quiénes y de dónde vienen? (¿quién los controla?) misteriosos camiones-tanque que de tanto en tanto descargan su carga maloliente de hollejos y borras de uva y restos de manzanas en descomposición. A este breve resumen quiero agregar la irrupción en los últimos años de la explotación hidrocarburífera. (No en la meseta, a lo lejos) Las empresas petroleras ya instalaron sus torres de extracción en el medio de las chacras productivas y en los poblados barrios de la costa. Estas empresas dicen que no contaminan y que todo está bajo control, pero ya hay vecinos que se han agrupado en una asociación en defensa del agua. Incluso por estos días el bloque radical del Concejo Deliberante está impulsando una ordenanza municipal antifracking. Muchos allenses miran con desconfianza los piletones de reservorios petroleros de las empresas en zona de bardas. Como si esto fuera poco, vivimos –y todos somos ciudadanos culpables, por acción o por omisión– en una ciudad sucia, en la que es cada vez más frecuente en los barrios y en sectores céntricos la aparición de verdaderos minibasurales a cielo abierto. Y esto no es culpa de los recolectores ni barrenderos municipales, pues ellos hacen lo que pueden y van perdiendo la batalla con los irresponsables y desaprensivos vecinos anónimos (y no tanto) que tiran sus residuos y basura en cualquier esquina, con el consiguiente riesgo sanitario por el desparramo de canes, gatos, incluso roedores. Para finalizar, estas líneas no son fruto de una recorrida de un especialista en ecología y medioambiente, es lo que vemos todos los días los vecinos en distintos lugares de nuestra ciudad y es mi humilde aporte para que las autoridades controlen y los allenses no seamos tan desaprensivos con la basura que generamos. Luis Rodríguez DNI 8.215.977 Allen

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