“Un paso adelante”
Las primarias abiertas significan un interesante adelanto en el modo de elegir a nuestros representantes. En esta oportunidad pocos casos se acercaron al ideal para el cual se instituyeron. En muchos distritos predominó la anarquía, recordando el sistema denominado del “dedo” y reduciéndose, entonces, el valor de la mejora. El novedoso sistema eleccionario es perfectible y sería conveniente implementarlo a nivel municipal, donde la masa social constituye la razón de ser del sistema democrático. La célula básica de la política es –o debería ser– la comisión barrial, que generalmente es manipulada por los partidos políticos, por lo que los punteros que los constituyen se limitan a hacer algunas tareas de carácter social que son de poco alcance e intrascendentes a través del tiempo. Para producir el cambio es necesario eliminar las nocivas prácticas de la vieja dirigencia política y movilizar al ciudadano para que intervenga en forma directa en la elección de sus representantes. La falta de participación es un importante escollo a superar y compete al municipio fomentar la participación de los vecinos, que generalmente están desganados en cuestiones cívicas. El municipio, que es de todos, debe fomentar la inclusión de los vecinos y lo puede hacer generando actividades de interés general mediante una legislación adecuada y la movilización de los sectores pertinentes de funcionarios. Éstos deben intervenir acercándose al poblador barrial. La selección de los representantes vecinales podría efectuarse como las primarias abiertas, con la participación directa de los ciudadanos que –en un tiempo prudencial, de varios meses– elijan sobre la base de listas propias a aquellos que estén dispuestos a colaborar en la mejora del vecindario. Una adecuada capacitación en aspectos cívicos vecinales sería pertinente. Los atributos exigibles, relativamente fáciles de comprobar, deben ser la vocación de servicio, la honestidad y la hombría de bien, a los que podrían sumarse otros que favorezcan su performance. Todos tenemos derecho a ser elegidos o designados dentro de la administración pública pero no todos estamos en condiciones de afrontar esa responsabilidad. El camino es el de las vecinales. Una clara evidencia de lo aseverado es el país empobrecido en todo aspecto. Sanear las comisiones barriales aceleraría la recuperación del poder ciudadano que comenzó a manifestarse mediante las redes sociales, los cacerolazos, el voto electrónico y las primarias abiertas. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén
Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén
Las primarias abiertas significan un interesante adelanto en el modo de elegir a nuestros representantes. En esta oportunidad pocos casos se acercaron al ideal para el cual se instituyeron. En muchos distritos predominó la anarquía, recordando el sistema denominado del “dedo” y reduciéndose, entonces, el valor de la mejora. El novedoso sistema eleccionario es perfectible y sería conveniente implementarlo a nivel municipal, donde la masa social constituye la razón de ser del sistema democrático. La célula básica de la política es –o debería ser– la comisión barrial, que generalmente es manipulada por los partidos políticos, por lo que los punteros que los constituyen se limitan a hacer algunas tareas de carácter social que son de poco alcance e intrascendentes a través del tiempo. Para producir el cambio es necesario eliminar las nocivas prácticas de la vieja dirigencia política y movilizar al ciudadano para que intervenga en forma directa en la elección de sus representantes. La falta de participación es un importante escollo a superar y compete al municipio fomentar la participación de los vecinos, que generalmente están desganados en cuestiones cívicas. El municipio, que es de todos, debe fomentar la inclusión de los vecinos y lo puede hacer generando actividades de interés general mediante una legislación adecuada y la movilización de los sectores pertinentes de funcionarios. Éstos deben intervenir acercándose al poblador barrial. La selección de los representantes vecinales podría efectuarse como las primarias abiertas, con la participación directa de los ciudadanos que –en un tiempo prudencial, de varios meses– elijan sobre la base de listas propias a aquellos que estén dispuestos a colaborar en la mejora del vecindario. Una adecuada capacitación en aspectos cívicos vecinales sería pertinente. Los atributos exigibles, relativamente fáciles de comprobar, deben ser la vocación de servicio, la honestidad y la hombría de bien, a los que podrían sumarse otros que favorezcan su performance. Todos tenemos derecho a ser elegidos o designados dentro de la administración pública pero no todos estamos en condiciones de afrontar esa responsabilidad. El camino es el de las vecinales. Una clara evidencia de lo aseverado es el país empobrecido en todo aspecto. Sanear las comisiones barriales aceleraría la recuperación del poder ciudadano que comenzó a manifestarse mediante las redes sociales, los cacerolazos, el voto electrónico y las primarias abiertas. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén
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