“El debate entre candidatos obliga
Con experiencia en alentar el debate público entre candidatos a cargos políticos, Fernando Straface estima que esta metodología se instala no sin dificultades en Argentina, pero resulta importante.
entrevista: A Fernando Straface, politólogo del Cipecc
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
— Hace un año, usted fue uno de los diez extranjeros dedicados a políticas públicas invitado a observar en Long Island el segundo debate público entre los candidatos a presidentes de EE.UU. Barack Obama -que buscaba la reelección- y el republicano Mitt Romney. Hoy en Argentina se organizan debates entre candidatos al Parlamento nacional. ¿Qué mantiene en términos de experiencia positiva de lo que vivió?
— Mucho. Por ejemplo, el trabajo de los equipos de los candidatos que debaten. La estructura profesional que durante meses elabora, organiza ideas, estudia temas, todo conducente a que el candidato tenga las herramientas para responder. Y esto tiene que ver con una exigencia que llega desde la sociedad: las definiciones, las reflexiones del candidato, tienen que estar fundamentadas para que se tornen valederas ante la sociedad. Un ejemplo: si Obama dice que van a retornar en un año un millón de soldados americanos que están en Afganistan (un ejemplo, ya que no hay tantas fuerzas ahí), tiene la obligación de demostrar que esto es posible. No puede dejar dudas, con independencia de que las deje en unos u otros…
— ¿En cuánto el debate presidencial en los EE. UU. refleja el programa de gobierno de un partido? Richard Neustadt dice que los candidatos llegan a la Casa Blanca con un puñado de ideas -política fiscal, moneda, exterior, seguridad social, defensa y algo más-; lo demás se hace al andar.
— Se podría sumar algún otro tema, pero la historia de los debates dice que alrededor de esos temas está centrada la atención de los americanos. Y esto hace también a algo interesante: los candidatos deben dejar en claro que luchan por la Casa Blanca, ajenos a golpes bajos para lograrla… que no media el cinismo, la mano artera como instrumento de campaña. Y en esto, el debate Obama-Romney me dejó una experiencia interesante. Días antes de que se iniciara el ciclo de debates (yo asistí al segundo), fue atacada la Embajada de EE.UU. en Libia. En la política norteamericana, el hecho puso en cuestión si había o no existido cierta negligencia del Departamento de Estado en cuanto a cómo había reaccionado. Ya en el segundo debate, Romney sugiere muy sutilmente -pero sugiere al fin- que Obama había utilizado políticamente ese hecho. Obama reaccionó con énfasis. Sereno, pero directo. Y ya no habló como candidato, sino como presidente. “De ninguna manera le voy a permitir esa insinuación”, y lo cruzó con dureza en defensa del honor de la institución presidencial. Es decir, el debate hace a que se marquen errores, se critiquen decisiones de un presidente, pero nunca es espacio para insinuaciones sobre ausencia de ética de ese presidente.
— ¿Qué conclusiones extrajo desde la perspectiva de aquello que no se discute en materia de debates por la Casa Blanca?
— Que lo que no se discute es la necesidad del debate. El debate ya está incorporado como cultura en el sistema político. Está en la agenda del republicano y del demócrata que busque la presidencia. En ese camino atravesará convenciones, primarias, etcétera, sabiendo que si finalmente es candidato a presidente, lo espera el debate. En cuanto a lo que se discute, los temas a tratar son cuestiones de formato, organizativas. Cuestiones nunca menores, pero siempre en línea a debatir.
— Vayamos a la Argentina. ¿Qué grado de aceptación tiene en la sociedad y la política argentina el debate entre candidatos a cargos públicos?
— Se avanza. Lento, pero avance al fin. Todavía estamos lejos del equilibrio que requiere la reflexión, el convencimiento de los aportes positivos que hace el debate al sistema político, a la salud de lo público. Si uno raspa, encuentra que el hecho de que se haga o no un debate es un tema de táctica electoral, de condicionamientos que llegan vía las personalidades, estilos, saberes, de este o aquel candidato. Es decir, todavía priman muchos de estos condicionamientos a la hora de definir si se debate o no. Pero hay avances… sí, sí.
— ¿Cuáles?
— En la ciudad de Buenos Aires el debate consolida su instalación. En Chaco, hace dos meses se dictó una ley por la cual a partir del 2015 los candidatos a gobernador deben debatir. En la provincia de Buenos Aires, más allá de que se discute mucho el cómo y que si esto o aquello, el tema se instala e instala…
— Pero en la provincia de Buenos Aires, al menos en estas semanas, lo táctico parece estar primando. Los que van ganando, no tienen interés en debatir.
— Y ese el problema central para avanzar firmemente en la consolidación del debate como institución. Si se va ganando en las encuestas, surge la conducta de no debatir… “¿Para qué?”. Si se va perdiendo, se reflexiona en términos de debatir a modo de último manotazo. Lo táctico se impone por sobre el servicio que implica el debate de cara a la sociedad. Sucede también que el debate exige ideas, organización de ideas.
— ¿Y eso genera temor en los candidatos?
— No sé si temor. Obliga. Ya no se trata de decir: “voy a hacer esto”. Se trata de fundamentar cómo se va a hacer esto o aquello. Por eso desde el Cippec, y en el marco de las recomendaciones que hemos formulado para el actual proceso electoral, decimos que el debate implica -fundamentalmente- un cambio en la dinámica de la competencia entre los actores políticos. Incluso un cambio en la comunicación entre ellos y la gente. El debate, así lo definimos, no es otra cosa que la escenificación, siempre ante la sociedad…
— Que es donde tiene sentido la política…
— Exactamente… ante ella se habla de cómo resolver problemas debatiendo cómo hacerlo.
— ¿Convierte a la gente en juez?
— Cómo mínimo, la coloca ante la posibilidad de formular juicio. De ahí en más, apoyar con el voto y así sancionar -por decirlo de alguna manera- no votando al otro candidato.
— ¿La gestualidad influye? Le pregunto esto porque al margen de las diferencias en términos de solidez de argumentos, en el ‘85, durante el debate entre el canciller Caputo y el senador Saadi por el tema del Beagle, las gestualidades tensas de este último fueron computadas por la opinión pública como muy negativas. Todo en una sociedad muy nueva en materia de debates.
— Sí, la gestualidad cuenta. Cuenta tanto que en los debates presidenciales en EE.UU. uno no encuentra expresiones físicas agresivas, gestos rústicos. Esto no implica déficit de gestos que acompañen una reflexión, un argumento. Tampoco sonrisas… no sé…
— ¿Pícaras?
— Digamos que algo de eso. Pero la gente mide mucho la serenidad o no con que trabajan el debate los candidatos y la convicción con que, en ese marco, responden desde sus convicciones. Y tengamos en cuenta que el debate presidencial en los EE.UU. tiene una platea de más de 70 millones de personas…
– ¿Por qué las recomendaciones formuladas por el Cippec para organizar debates se centran sólo en la provincia de Buenos Aires?
— No, no, no vea exclusión. Cippec sueña con ver en un futuro no lejano que en los 24 distritos electorales de país está firmemente instalada la cultura del debate entre candidatos a los mayores cargos públicos en juego. Desde este espíritu proactivo, como son todas nuestras iniciativas y es nuestro espíritu y aporte para mejorar la gestión sobre lo público, es que formamos parte de la Red Internacional de Debates Electorales. Lo de la provincia de Buenos Aires hace a sistematizar nuestra opinión sobre la necesidad de comenzar a instalar la cultura del debate en lo que denominamos -huelgan las explicaciones- un distrito que es protagonista electoral de extrema importancia en el país. Decimos que por esta razón de peso electoral “la dinámica y el tono de campaña que imperen en la provincia impactarán en el debate político nacional y en cada uno de los distritos electorales del país”. Nos guste o no, esto es una realidad… Incluso creemos que el debate en la provincia de Buenos Aires, organizado en dirección a ayudar a la sociedad a formar opinión, instrumentado desde la generosidad que requiere en tanto espacio para sentar opinión con fundamento por parte de los candidatos a diputados nacionales, bueno… será una contribución a mejorar el funcionamiento del sistema político, a que la gente se interese por lo que piensan hacer de la política… la democracia, en fin.
entrevista: A Fernando Straface, politólogo del Cipecc
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