Una cosa es alardear…

Redacción

Por Redacción

“No puede decirse que a la caída del peronismo, tras diez años de nacionalismo suministrado en dosis intensivas y enfáticas proclamaciones de la sacrosanta soberanía nacional, la Argentina fuera más independiente que al comienzo del proceso. Es más: el tardío y tímido esfuerzo por conciliar con los Estados Unidos (N. de la R.: 1953, 54, 55; contrato con la California para extraer petróleo en el país) dirigido a obtener la colaboración de éstos en materia económica era el más evidente indicio de la vital necesidad de apoyo externo que los ambiciosos planes peronistas requerían para poder ser cumplidos. Sin esos planes de desarrollo industrial, militar, energético y de infraestructuras, la política panlatina no sería otra cosa que una gran idea, atesorada en la mente pero desprovista de piernas que le permitieran echarse a andar. En suma, una cosa era alardear la independencia en actos callejeros, con el fin de encender los corazones de la multitud y de reverdecer el mito nacional que hacía de la independencia un fetiche y otra muy diferente la independencia verdadera, la que nace de haber atravesado largos períodos de desarrollo económico sólido, de permanencia en el poder de regímenes políticos legítimos y con capacidad para unir a un país y de una paciente y clarividente política de alianzas internacionales, cosas todas en las que el peronismo fracasó”. (Loris Zanatta en “La Internacional Justicialista. Auge y ocaso de los sueños imperiales de Perón”; Sudamericana, 2013, págs. 424-425)


“No puede decirse que a la caída del peronismo, tras diez años de nacionalismo suministrado en dosis intensivas y enfáticas proclamaciones de la sacrosanta soberanía nacional, la Argentina fuera más independiente que al comienzo del proceso. Es más: el tardío y tímido esfuerzo por conciliar con los Estados Unidos (N. de la R.: 1953, 54, 55; contrato con la California para extraer petróleo en el país) dirigido a obtener la colaboración de éstos en materia económica era el más evidente indicio de la vital necesidad de apoyo externo que los ambiciosos planes peronistas requerían para poder ser cumplidos. Sin esos planes de desarrollo industrial, militar, energético y de infraestructuras, la política panlatina no sería otra cosa que una gran idea, atesorada en la mente pero desprovista de piernas que le permitieran echarse a andar. En suma, una cosa era alardear la independencia en actos callejeros, con el fin de encender los corazones de la multitud y de reverdecer el mito nacional que hacía de la independencia un fetiche y otra muy diferente la independencia verdadera, la que nace de haber atravesado largos períodos de desarrollo económico sólido, de permanencia en el poder de regímenes políticos legítimos y con capacidad para unir a un país y de una paciente y clarividente política de alianzas internacionales, cosas todas en las que el peronismo fracasó”. (Loris Zanatta en “La Internacional Justicialista. Auge y ocaso de los sueños imperiales de Perón”; Sudamericana, 2013, págs. 424-425)

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