Fuerte contaminación ambiental y visual
El manejo desordenado de los residuos domiciliarios en su disposición final y de todo tipo de desechos extras que genera la población y son descartados sin un mínimo de interés por el otro repercute directamente sobre el ambiente y el paisaje de cada localidad. Así, bolsas, papeles y botellas plásticas ganan las calles y las bardas mientras el humo de la quema de residuos contamina el aire.
Hasta en los lugares más insólitos de nuestro suelo patagónico en donde pareciera que ninguna persona osó pasear su investidura es muy probable hallar restos de basura que indican justamente lo contrario. Pañales, botellas plásticas, papeles de todo tipo, colillas de cigarrillos y hasta bolsas con residuos colgadas de algún ejemplar vegetal autóctono proliferan tanto en sitios protegidos como en descampados o paraísos cordilleranos dueños de una belleza absoluta.
En algunas localidades neuquinas la determinación que se tomó de acotar o directamente prohibir la entrega de bolsas plásticas en los grandes centros comerciales atenuó el impacto visual que era moneda corriente en zona de bardas, un paisaje común por estas latitudes. No obstante, todavía hay mucho camino por recorrer y tanto a los gobiernos de turno como a la población en general nos queda bastante por aprender hasta adquirir medianamente una conciencia ambiental que suponga un mejor porvenir para futuras generaciones. Si se ponen bajo la lupa algunas comunidades que integran el territorio neuquino queda claro el concepto anterior.
En Centenario hay una contaminación paisajística obvia. A partir de que uno se aleja de la zona urbana de la localidad, rumbo a la tercera meseta, la vista de bolsas de nailon y de desperdicios entre la vegetación autóctona (cardos rusos, jarilla, matasebos y alpatacos) es elocuente y hasta desagradable.
Hay una apariencia de que la barda siempre está sucia con desperdicios: restos de bolsas, restos de envases plásticos pequeños y grandes, como baldes o envases de gaseosas. Hay sectores donde se arrojan escombros y se mezclan con esta basura plástica. La lista de elementos descartados por los vecinos es interminable, y no es raro detectar algunos de mucho volumen como carcazas de lavarropas o televisores, sólo por dar algunos ejemplos.
En Centenario el vertedero municipal está clausurado desde hace más de un año y medio. El lugar –unas 11 hectáreas– se preserva para la remediación, y si bien no hay quemas, es constante el arribo de camionetas y carritos particulares que continúan dejando en el lugar escombros o residuos de otro tipo.
Además hay baldíos en la zona urbana tanto del casco viejo como en la zona de los planes de vivienda, que se transforman en vertederos de basura, de escombros y de restos vegetales de todo tipo, que si no son limpiados, en una semana se ven como “microbasurales” en medio de la ciudad. De éstos hay relevados más de diez, los que son continuamente limpiados por cuadrillas municipales, y pese a que los vecinos de los alrededores son notificados de multas y demás, la mayoría hace oídos sordos y la contaminación visual de dichas áreas permanece prácticamente inalterable.
Los fuertes vientos que frecuentemente se suceden en la zona están lejos de contribuir a la limpieza de estos sitios y por el contrario distribuyen por la ciudad todo lo que pueden levantar.
En Villa La Angostura el inconveniente más importante en este sentido es la gran cantidad de basura que se generó desde que se sacaron los hornos (noviembre del 2012 aproximadamente) hasta mitad del corriente año. La basura no recibió tratamiento y su fue acumulando en un predio utilizado para su disposición final. Allí se podían observar lixiviados que arrastraban todo tipo de sustancias y una de las dudas era si ese material contaminante podría llegar al lago a través de pequeños cursos de agua naturales. Con la ratada del año pasado, la basura generó una proliferación de roedores en el sector. Asimismo, en el lugar era posible observar todo tipo de aves de rapiña. Una cuestión a favor de la problemática de la basura es que desde julio del 2010 rige la prohibición para todo tipo de comercios para la entrega de bolsas de polietileno. No obstante, con la puesta en marcha de la nueva planta de tratamiento varios de los problemas mencionados estarían subsanados o próximos a encontrar una solución.
En Zapala el basurero municipal se encuentra ubicado en un predio que está a mitad de camino entre dicha localidad y Mariano Moreno. Se trata de un lugar cerrado con alambre perimetral donde se depositan todos los residuos, sin ningún tratamiento previo ni clasificación. Los únicos residuos que no se desechan allí son los patógenos, que se incineran en el horno pirolítico de la municipalidad. Por tratarse de un espacio alejado, el efecto de los vientos no genera problemas para la ciudad. En el mismo sentido, su ubicación lejana contribuye a que no se generalice la presencia de cirujas o personas que revuelven el contenido de la basura. Por este motivo es que no hay incidencia en enfermedades o afecciones relacionadas con la acumulación de residuos. El área en cuestión se encuentra por fuera del acuífero subterráneo que abastece a la ciudad, con lo cual tampoco se genera riesgo de contaminación.
En Cutral Co funciona la planta de tratamiento de residuos mientras que en Plaza Huincul el basurero a cielo abierto está delimitado. Sin embargo, es habitual observar microbasurales en los alrededores de los barrios. Son pequeños montículos donde los vecinos de las inmediaciones arrojan la basura, luego de limpiar sus casas.
En la comarca petrolera, no hay riesgo de contaminación de cursos de agua, porque básicamente no hay ríos o lagos cerca.
La contaminación paisajística en el caso del basurero a cielo abierto en Chos Malal es evidente, dado que el mismo se encuentra detrás de un pequeño cerro en el ingreso a la ciudad y se puede observar a simple vista la dispersión de bolsas, cartones y papeles y la ocurrencia de ocasionales quemas de basura. Allí proliferan roedores, moscas y perros. En ese lugar se sitúan también las piletas de oxidación a cielo abierto provenientes de los camiones atmosféricos que prestan el servicio en la ciudad.
Hasta en los lugares más insólitos de nuestro suelo patagónico en donde pareciera que ninguna persona osó pasear su investidura es muy probable hallar restos de basura que indican justamente lo contrario. Pañales, botellas plásticas, papeles de todo tipo, colillas de cigarrillos y hasta bolsas con residuos colgadas de algún ejemplar vegetal autóctono proliferan tanto en sitios protegidos como en descampados o paraísos cordilleranos dueños de una belleza absoluta.
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