Un click a la mano de Dios
Entrevista a Eduardo Longoni, autor de la famosa imagen que captó el gol de Maradona en el Mundial 86.
“La mirada del fotógrafo es también su opinión”, dice y enseña Longoni.
“Tomar una fotografía es tomar partido”, define Longoni.
La vida y la obra de Eduardo Longoni han quedado marcadas a fuego por una fotografía tan emblemática como imposible: “La mano de Dios”. Sí, aquel gol eterno, bandera celeste y blanca de la viveza criolla, venganza secreta de una nación contra otra y consagración definitiva en todos los niveles del más grande futbolista argentino de todos los tiempos. La carrera de Longoni está compuesta por muchas otras imágenes tomadas con un espíritu sensible y un pulso firme –las fotografías más conocidas de La Tablada, y retratos de Sábato y Benedetti, por ejemplo, también le pertenecen– pero aquella postal de Diego Maradona suspendido en el aire, extendido en un intento fantasioso por derribar las fronteras de lo real, es el pico de una sobresaliente obra periodística que continúa en desarrollo. Diecisiete años más tarde Longoni, quien vino a dar un taller a Bariloche en el marco del Mes de la Fotografía, está sentado en un café repasando el rarísimo anecdotario que acompañó el primer gol de Maradona a los ingleses convertido el 22 de junio de 1986. “Hacía mucho calor, yo llegué apenas 45 minutos antes del partido al estadio Azteca, estaba muy mal ubicado y sólo podía intercambiar posiciones con otros fotógrafos tan mal o peor ubicados que yo, encima andaba con un tele corto. Todo mal”, recuerda Longoni. Por aquella época Longoni era editor jefe de la agencia Noticias Argentinas donde se inició en 1979 después de haber hecho tres años de Historia en la UBA. Aunque el deporte no era su fuerte, lo utilizaba para mantenerse en forma técnicamente hablando. “Cubrir un partido, cualquier deporte te da ritmo. En esos años no había autofoco como ahora y todo era analógico”, explica. Volviendo a la tarde calurosa del 86. “La jugada fue un rebote. Como yo tenía el tele corto pude hacer un fotografía a la velocidad necesaria. Muchos fotógrafos bajaron sus cámaras un segundo antes porque parecía que iba a ser una jugada intrascendente. Después del partido revelé en el estadio y me llamaron de la agencia para preguntarme si tenía la foto del gol y les dije que sí. Las mandé sin darle demasiada importancia porque pensaba que todos tenían la imagen de Maradona haciendo el gol. Pero resultó que no. Yo y un fotógrafo mexicano teníamos la imagen y la de él había sido sacada en color, la mía como era blanco y negro se distribuyó más rápido. Pero en el momento no me di cuenta de que había sacado una fotografía tan exclusiva”, explica Longoni. –Hoy parece mucho más difícil captar la mirada de un lector cuando hay tal profusión de imágenes. –Hay imágenes singulares, imágenes potentes que sobresalen. Necesariamente la fotografía debe agarrar de las solapas y decir: “acá estoy”. La fotografía tiene que tener suficiente misterio, gancho, para sobresalir en ese mar de imágenes. –Tu imagen de Maradona haciendo el gol, como tantas otras tuyas, son en blanco y negro. ¿A qué se debe tu decisión de mantenerte así cuando en el universo fotográfico predomina el color? –Cuando comencé el blanco y negro imperaba. Me crié en el blanco y negro y no me desapegué más. Trabajo en digital y sigo trabajando en analógico. Para mi obra personal lo transformo todo en blanco y negro. Ahora realizar ese cambio es mucho más fácil de hacer que años atrás. Tiene que ver con lo que es capaz de transmitir el blanco y negro: una sensibilidad especial. Hace un tiempo me preguntaron qué va a pasar cuando cualquier dispositivo genere fotografías de calidad. Bueno, el fotografiar antes conformaba un oficio, había que exponer una película, revelar, usar líquidos, en cambio hoy con cualquier dispositivo se puede tener una foto bien expuesta. Esto ya no constituye un oficio. Ahora ser fotógrafo se trata de la mirada. Las cámaras no hacen ni buenas ni malas fotos, una gran mirada con un celular puede hacer una excelente foto y una mirada no entrenada no puede lograr mucho con la mejor cámara que exista en el mercado. La mirada del fotógrafo es también su opinión y esto se complementa con todo lo que el fotógrafo profesional vio en cine, lo que leyó, todo lo que es como ser humano. Tomar una fotografía es tomar partido. La cámara es una herramienta de opinión. Nadie le preguntaría a Van Gogh con qué pinceles pintaba. Longoni ha publicado numerosos libros que recopilan su trabajo mayormente periodístico. Entre ellos: “Violencias”, “Sitios Infinitos”, “Aires de Buenos Tangos”. Algunas de sus fotografías guardan detrás una rica historia que vale la pena relatar o conservar en otro álbum invisible. El de la memoria. “En la fotografía callejera, en la fotografía de los hechos de violencia, una materia en la que me especialicé, hay mucho margen de error. Hay muchas imágenes que no tuve y no puedo fantasear con eso. Fotos perdidas materialmente o perdidas porque sí. Hacer una fotografía requiere además de estar en el momento y en el lugar adecuado, una importante cuota de suerte. –Pero eso no lo puedes enseñar a tus alumnos. Es decir, en la fotografía de Maradona estabas mal ubicado y con el lente menos recomendado, y si no hubiera sido por eso… –La fotografía no hubiera existido, es cierto. Pero no se puede enseñar. Uno tiene que saber que no se hacen libros de las fotos que no se tienen. Hay que estar. En el caso de las fotografías de los monjes cartujos en Córdoba, me quedé en una especie de púlpito escuchando cómo los monjes cantaban y lo hacían tan bien. Me levanté a la madrugada, me tiré en el suelo y desde arriba los escuché, después dormí en el suelo. Estuve más de dos semanas con ellos fotografiándolos en su reclusión. –¿Cómo vez el panorama de la fotografía periodística? –Hubo una época en la que el periodismo gráfico y la fotografía documental estaban más cerca. Ahora han agarrado caminos que en algún punto se bifurcan. Mi pretensión como fotógrafo es contar lo que le pasa a la gente, lo que les pasa a algunas comunidades que están a “destiempos”. Esto es lo que hice en los ensayos de monjes, el carnaval de Humahuaca, los menonitas… Eso me lleva las horas. Dejé de dar talleres de fotoperiodismo porque no sé qué es, ahora puedo hablar de la historia del pasado que está más próximo, pero no sé para dónde va. Puedo dar talleres de ensayo fotográfico y ayudar a los alumnos a que intenten contar una historia, pero no sé dónde va a poder ser plasmada esa historia. El lenguaje visual en la prensa gráfica está en discusión. El papel empieza a ser claramente superado y la web te está dando herramientas enormemente potentes. Es un desafío para los fotógrafos y editores más jóvenes que tienen toda la vida por delante.
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