El mentor discreto

José Antonio Abreu supo nadar en los mares políticos para reforzar su proyecto

Redacción

Por Redacción

Desde que fundó El Sistema en 1975, José Antonio Abreu sobrevivió –y se fortaleció– a medida que el poder fue pasando por buena parte del arco político venezolano. Empezó con el gobierno de Carlos Andrés Pérez y ahora transita el de Nicolás Maduro, atravesado en el medio los 14 años del fallecido Hugo Chávez. Todos, sin excepción, apoyaron –aunque sin adueñarse– su programa social, basado en la educación musical. Está convencido de que nadie le quitó el respaldo porque “los frutos” están a la vista y “todo el mundo” quiere tener a su Gustavo Dudamel, formado en su proyecto y actual director de la Filarmónica de Los Ángeles. “El Sistema se sostiene gracias a Abreu, que ha sabido tejer todos los gobiernos. Solo un personaje como él pudo haber tenido la tenacidad, el empeño y la visión de hacer de una pequeña orquesta juvenil un imperio musical de un país”, explicó a “Río Negro” Frank Di Polo, cuñado y también fundador. “Sudáfrica tuvo a Mandela, Venezuela cuenta con Abreu”, afirmó Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, que ve en Dudamel a uno de los principales candidatos a reemplazarlo en 2018. Astuto, austero, inteligente y de perfil bajo, Abreu –economista, exdiputado y exministro de Cultura– prefiere que la prensa se enfoque en el proyecto antes que en hablar sobre él. Cree, “antes que todo”, en Dios: “Es lo más alto. La entrega a los demás es el camino ideal de la vida, concebida como un servicio”, le dijo a “Río Negro”. A su alrededor, sus colaboradores lo describen como “un santo”, “un trabajador incansable” y “una persona muy exigente y agradecida”. Durante las dos semanas que duró la gira por Japón y Corea del Sur a mediados de este mes, Abreu presenció los siete conciertos de la SJC, mantuvo reuniones con funcionarios y empresarios y asistió a los ensayos. En cada acto público fue aplaudido y reverenciado por músicos y políticos, ante lo que él devolvía una sonrisa y, a veces, alguna palabra. A los 74 años tiene una salud frágil pero una lucidez intacta para hablar, analizar, tejer estrategias y planificar el futuro de El Sistema cuando él ya no esté: “Seguirá maravillosamente bien porque se están formando centenas de miles de muchachos, todos con una vocación musical apasionada, deseosos de trabajar duro, conocedores de su misión y capaces de ejercerla”. (JIP)


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