Adiós al poeta comprometido
Ayer, a los 83 años, murió en México el escritor que unió las letras con los derechos humanos.
Juan Gelman 1930-2014
Compromiso y poesía. En Juan Gelman, fallecido ayer en México a los 83 años, esas palabras eran la sola sustancia de la que estaba hecho.
Aunque cruzado por una historia tan trágicamente argentina –su hija, su hijo y su nuera embarazada fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar argentina y el poeta no reencontró a su nieta sino hasta 23 años después–, Gelman nunca escribió desde el odio sino desde la pérdida, con esa tremenda certeza –decía él–, de que el dolor de perder a un hijo no se acaba nunca.
Gelman, que nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930, despertó a la poesía cuando todavía era un niño de cinco años. En ese entonces, su hermano mayor, Boris, le recitaba poemas de Pushkin.
“No entendía yo ni una sola palabra, pero su ritmo y su música me transportaban a un lugar de delicia”, le contó a “Río Negro” en 2007, recordando aquella infancia de hijo de inmigrantes ucranianos de origen judío en el barrio porteño de Villa Crespo. El segundo paso que lo llevó a abrazarse a su oficio fue componer pequeños versos para Ana, un amor de la niñez, a la que no logró conquistar aunque le deba su futuro de poeta.
Fue eso, escribir, lo que ayudó a vivir con paciencia e intensidad.
“Pique Taquito”, como le decían, hizo de la letra su principal aliada: fue su consuelo, su manera de sobrellevar el exilio al que tuvo que someterse y sobre todo, su modo de afrontar la muerte de sus hijos y de su nuera. Fue quizás también la que le dio fuerzas para esa búsqueda incesante que mantuvo durante años para encontrar, finalmente, en 2002, y en Uruguay a su nieta Macarena (ver aparte).
La letra, la poesía, lo acompañaron en su largo exilio en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México, el país del que se enamoró y donde vivía desde hace 20 años.
“Quiero ser enterrado en México”, dijo contundente el autor de “Cólera buey” cuando recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes de ese país.
En su larga y prolífica vida, este poeta que también fue periodista (escribía desde sus inicios en “Página/12”), probó estudiar Química en la Universidad, y fue además relacionista público.
A los 15 años comenzó a militar en Federación Juvenil Comunista y luego (tras ser encarcelado durante la presidencia de José María Guido), en las Fuerzas Armadas Peronistas que más tarde se fusionaron con Montoneros, donde Gelman ocupó un lugar de importancia en la conducción.
En esos tiempos, combinó su militancia con el periodismo, sobre todo en las revistas “Panorama” y “Crisis”, y en los diarios “La Opinión” y “Noticias”, de la que fue jefe de redacción.
Tras su exilio, Gelman sólo pudo volver al país en 1987, y tuvo que pagar una caución judicial, que le permitió presentarse ante la Justicia para no quedar detenido. “Pagar para volver a mi Patria después de tantos años de destierro y persecución significó una infamia. Pero acá estoy, tratando de vivir una vez con utopías”, declaró a la revista “Humor” recién llegado al país.
Su prosa, su vocación revolucionaria y la incesante búsqueda de justicia quedaron plasmadas en su larga obra literaria. ‘Violín y otras cuestiones” ‘El juego en que andamos”, “Los poemas de Sidney West” son algunos de sus legados.
Porque, pese a toda su historia, Gelman, poeta comprometido, estaba convencido de que “a pesar de los genocidas, la lengua permanece, sortea sus agujeros, el horror que no se puede nombrar”.
Verónica Bonacchi
vbonacchi@rionegro.com.ar
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