Sincerar el precio del gas

Redacción

Por Redacción

JOSÉ BRILLO (*)

Para que los acuerdos con las petroleras no sirvan sólo para ensayos

Nuestra Cuenca Neuquina tiene zonas altamente productoras de petróleo, como Rincón de los Sauces, y fuertemente gasíferas, como Añelo. En general el petróleo y el gas comparten las estructuras geológicas. En la mayoría de los yacimientos de la cuenca el gas y el petróleo se producen conjuntamente. Esto significa que tanto el valor del petróleo como el del gas tienen significación en el flujo de fondos de cualquier proyecto y en la tasa de retorno de las inversiones. Por otra parte, los precios del gas y el petróleo para cualquier proyecto de inversión tienen que tener no sólo un valor atractivo sino también ser estables y previsibles en el tiempo. El petróleo tiene esas condiciones por enmarcarse en valores internacionales, fáciles de referenciar en base a cualquier punto de comercialización del mundo, en cambio, el gas natural no. El escenario de precios para el gas natural en la Argentina es caótico. Los valores que reciben los productores en nuestras cuencas son irrisorios respecto de los que se pagan por su importación; podemos hablar de u$s 2,5 por millón de BTU en las cuencas productoras, u$s 11 para el gas de Bolivia y alrededor de u$s 18 para el gas natural licuado (GNL), que proviene de Venezuela o Qatar. Este desorden se agravó aún más cuando comenzó la producción de gas no convencional. Aparecieron los programas de mayores precios como el Gas Plus para operaciones cautivas con un comprador determinado. Recientemente, y con un alcance más general, a los que producen este tipo de gas a través de nuevas explotaciones el Estado nacional les agrega en forma de compensación un suplemento para permitirles alcanzar los u$s 7,50 el millón de BTU. Al caos se le suman variables incontrolables, ¿cómo precisar si el gas procede de estructuras no convencionales o proviene de nuevas producciones? Planteo esto porque en realidad en cada yacimiento conviven estructuras geológicas de hidrocarburos convencionales y no convencionales. Todo esto le quita transparencia al sistema y lo convierte en discrecional. En lo que tiene que ver con la relación con las provincias productoras, la falta de transparencia y la improvisación se potencian. La Nación argumenta que todo lo que sea subsidios no debe ser afectado para el cálculo de las regalías provinciales, por lo cual la provincia no percibe regalías por una parte del gas no convencional. Esta situación ha obligado a que el ministro de Energía de Neuquén tenga que pedirles a las empresas que le compensen esa diferencia en negociaciones personales. Francamente, más allá de las calidades personales de los funcionarios, el proceso no contribuye en nada a la transparencia de los procederes. Tuve la oportunidad de participar de la elaboración del Plan Energético del presidente Alfonsín. Allí se definieron precios para el gas natural en Buenos Aires y el centro consumidor del país y, como consecuencia de ello, se determinaron, a partir de net backs, los “valores en boca de pozo” del gas natural en cada una de las cuencas productoras y se mantuvieron por casi dos décadas. Así, al influjo de esta política de Estado aparecieron los yacimientos Loma la Lata, Aguada Pichana y San Roque, las reservas de gas más importantes de Sudamérica, un horizonte de vida de las mismas de 25 años; se construyeron gasoductos, vino la exportación de gas a Chile y las posibilidades de llevar gas natural al noroeste argentino, a Uruguay y hasta a Brasil. La planificación, las reglas de juego claras y estables fueron los principales pilares de aquellos logros. La crisis del 2001 nos sacó de la convertibilidad, se modificaron las reglas de juego, la seguridad jurídica. Se congelaron los precios del gas para no afectar las tarifas en los centros urbanos e industriales del país y así la situación se mantiene hasta el presente. Particularmente en lo atinente al gas convencional, el que le dio fortaleza a Neuquén. El resultado fue la caída de las reservas, siendo más pronunciada las del gas natural, cuyo horizonte de vida de las reservas se redujo a seis años. Contradictoriamente, frente a este cuadro de escasez y caída de reservas mantenemos vigente la misma matriz energética con una fuerte preponderancia del gas, como en aquellos años 80. Los hidrocarburos hoy constituyen el 90% de la demanda de energía primaria –51% de gas natural y 39% de petróleo–, el resto que podemos clasificar como energías renovables tienen aportes menores, energía hidráulica 4%, nuclear 3%, leña 1%, bagazo 1% y otros primarios 1%. Resulta sorprendente ver como se promovió y se promueve el uso del gas en los automóviles y en el transporte. Le dimos a la industria nacional el gas natural más barato de la región: cuesta la tercera parte que en Uruguay, la cuarta parte de lo que cuesta en Brasil y la sexta parte de Chile. Y no tenemos gas. Los usuarios residenciales, particularmente en el centro del país, pagan sumas mensuales irrisorias por el servicio. La décima parte del costo de la televisión por cable, la vigésima parte del costo de un celular. Y no tenemos gas. Éste es un tema que merece una evaluación y una resolución seria y responsable. Presenté un proyecto de ley en el Congreso, que reedité cuatro años, para asimilar el valor en boca de pozo del gas en la Argentina al precio de importación desde Bolivia. Lo planteamos en cada oportunidad. Un único valor que le permita a cada productor, a su criterio, evaluar y decidir sobre qué explotación realiza o qué tipo de gas produce. Además de eso, hay que realizar un reordenamiento tarifario a nivel nacional, sincerando el valor del gas en los centros más desarrollados y de mayor poder adquisitivo del país, preservando a las zonas productoras y a los sectores de la sociedad más necesitados. Reorientar los actuales subsidios a la oferta por subsidios específicos al consumo. Creo auspiciosos los esfuerzos de los gobiernos nacional y provincial por suscribir acuerdos con empresas petroleras para desarrollar los hidrocarburos, pero, en mi opinión, mientras no sinceremos el precio del gas a través de reglas claras y transparentes los acuerdos con las petroleras serán sólo para ensayos. El desarrollo de la industria del petróleo y el gas requiere un marco de condiciones que incentive la inversión privada. En este sentido, el del gas natural es el sector que ha sufrido mayores distorsiones y requiere de manera urgente de una reglamentación razonable en materia de precios. Éste es el camino que siguen los países desarrollados, y es el camino que anhelo para Neuquén y el país. (*) Exdiputado nacional y vicepresidente de la Comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados de la Nación


JOSÉ BRILLO (*)

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