“Con el debido respeto”

Redacción

Por Redacción

Respecto de la malintencionada carta de lectores suscripta por el señor Luis Pablo Millar, y que este diario publicó el pasado 15/5, diré lo siguiente: La familia Vitturini pertenecía a esa raza pionera de chacareros rústicos, esforzados, casi “autodidactas” diría, que vivió de y para trabajar todos y cada uno de los días de su vida. El último sobreviviente fue Luis Pedro, más conocido como “Yiyo”, con quien compartí su breve paso por el secundario en el Domingo Savio de esta ciudad, al que solía llegar… en tractor… desde Cervantes. Fallecido Luis, en las condiciones más precarias y humillantes que uno pueda imaginar, y sin herederos en nuestro país, “aguilotros” del más variado plumaje comenzaron a sobrevolar sus propiedades, en busca, claro está, de “picotear” algo a la pasada. A sabiendas de esta situación, sus parientes italianos me contactaron y encomendaron la atención de los juicios sucesorios de “Yiyo” y sus padres. En eso ando. Ya han transcurrido unos cuantos años desde que me pusiera a trabajar en estos expedientes, a la fecha excesivamente demorados gracias a la intervención de distintos personajes zonales que de mil maneras diferentes insistían (y lo siguen haciendo) en pasar a ser propietarios de algunos de los inmuebles de esta antigua familia de origen italiano. Primero tuvimos que frenar, denuncia penal mediante, el ímpetu de una banda ingresada al juicio sucesorio de Luis con unos boletos de compraventa “truchos”, según los cuales ellos eran los nuevos propietarios de todos los bienes de mis clientes. Ahora, desde hace un par de años largos, estamos destrabando palos puestos en la rueda por este señor Millar, quien dice pertenecer a la familia Vitturini, sin que hasta la fecha haya demostrado tener, ni siquiera, un derecho aparente. A través del expediente judicial Nº 29781 su madre promovió un juicio de filiación y la consecuente realización de un ADN que arrojó resultados negativos, después de haberse producido la prueba ofrecida. La sentencia quedó absolutamente firme y consentida. Posteriormente, de manera impropia, Millar insistió con un nuevo juicio de filiación (expediente Nº 625/12), pidiendo un nuevo examen de ADN, al que nos opusimos por entender que había cosa juzgada respecto del anterior. Así quedó establecido por sentencia de fecha 20/3/14. En el interin pretendieron una serie de medidas probatorias, descartadas, en primer lugar, por el mismo juzgado y luego por la Cámara de Apelaciones. Ahora bien, en el medio de todas estas idas y vueltas, tanto aquellos primeros impostores como el propio Millar no han vacilado en “manotear” lo que han podido, y así se llevaron todas (absolutamente todas) las alamedas perimetrales de las chacras de la familia Vitturini (con la obvia complicidad dolosa de varias personas que oportunamente tendrán que comparecer ante los tribunales). Desaparecieron los pocos enseres domésticos de Yiyo, los viejos tractores que le quedaban y una desvencijada camioneta que lo llevaba y lo traía cuando todavía la diabetes galopante que lo maltrató durante años se lo permitía. Por supuesto, quisieron apropiarse de antiguas escrituras y de unos pocos pesos guardados precariamente en la antigua vivienda familiar, finalmente prendida fuego. No hace falta analizar demasiado las cosas, ni ser muy lúcido para tomar nota del severo perjuicio económico que esta ristra de conductas está provocando en el patrimonio sucesorio de la familia Vitturini. Por tal razón, mis clientes necesitan con urgencia terminar los juicios sucesorios en trámite y disponer definitivamente de estas propiedades, ya que se han acumulado deudas importantes (impositivas y de diversos servicios) que exigen atención inmediata. Y por consiguiente, mi trabajo como administrador judicial de los bienes sucesorios seguirá su rumbo, tratando de ponerle coto a los desmanes de todos estos personajes, ingenuos, fabuladores o cómplices. Eso es todo, con el debido respeto. Mario Álvarez Abogado Roca

Mario Álvarez Abogado Roca


Respecto de la malintencionada carta de lectores suscripta por el señor Luis Pablo Millar, y que este diario publicó el pasado 15/5, diré lo siguiente: La familia Vitturini pertenecía a esa raza pionera de chacareros rústicos, esforzados, casi “autodidactas” diría, que vivió de y para trabajar todos y cada uno de los días de su vida. El último sobreviviente fue Luis Pedro, más conocido como “Yiyo”, con quien compartí su breve paso por el secundario en el Domingo Savio de esta ciudad, al que solía llegar… en tractor... desde Cervantes. Fallecido Luis, en las condiciones más precarias y humillantes que uno pueda imaginar, y sin herederos en nuestro país, “aguilotros” del más variado plumaje comenzaron a sobrevolar sus propiedades, en busca, claro está, de “picotear” algo a la pasada. A sabiendas de esta situación, sus parientes italianos me contactaron y encomendaron la atención de los juicios sucesorios de “Yiyo” y sus padres. En eso ando. Ya han transcurrido unos cuantos años desde que me pusiera a trabajar en estos expedientes, a la fecha excesivamente demorados gracias a la intervención de distintos personajes zonales que de mil maneras diferentes insistían (y lo siguen haciendo) en pasar a ser propietarios de algunos de los inmuebles de esta antigua familia de origen italiano. Primero tuvimos que frenar, denuncia penal mediante, el ímpetu de una banda ingresada al juicio sucesorio de Luis con unos boletos de compraventa “truchos”, según los cuales ellos eran los nuevos propietarios de todos los bienes de mis clientes. Ahora, desde hace un par de años largos, estamos destrabando palos puestos en la rueda por este señor Millar, quien dice pertenecer a la familia Vitturini, sin que hasta la fecha haya demostrado tener, ni siquiera, un derecho aparente. A través del expediente judicial Nº 29781 su madre promovió un juicio de filiación y la consecuente realización de un ADN que arrojó resultados negativos, después de haberse producido la prueba ofrecida. La sentencia quedó absolutamente firme y consentida. Posteriormente, de manera impropia, Millar insistió con un nuevo juicio de filiación (expediente Nº 625/12), pidiendo un nuevo examen de ADN, al que nos opusimos por entender que había cosa juzgada respecto del anterior. Así quedó establecido por sentencia de fecha 20/3/14. En el interin pretendieron una serie de medidas probatorias, descartadas, en primer lugar, por el mismo juzgado y luego por la Cámara de Apelaciones. Ahora bien, en el medio de todas estas idas y vueltas, tanto aquellos primeros impostores como el propio Millar no han vacilado en “manotear” lo que han podido, y así se llevaron todas (absolutamente todas) las alamedas perimetrales de las chacras de la familia Vitturini (con la obvia complicidad dolosa de varias personas que oportunamente tendrán que comparecer ante los tribunales). Desaparecieron los pocos enseres domésticos de Yiyo, los viejos tractores que le quedaban y una desvencijada camioneta que lo llevaba y lo traía cuando todavía la diabetes galopante que lo maltrató durante años se lo permitía. Por supuesto, quisieron apropiarse de antiguas escrituras y de unos pocos pesos guardados precariamente en la antigua vivienda familiar, finalmente prendida fuego. No hace falta analizar demasiado las cosas, ni ser muy lúcido para tomar nota del severo perjuicio económico que esta ristra de conductas está provocando en el patrimonio sucesorio de la familia Vitturini. Por tal razón, mis clientes necesitan con urgencia terminar los juicios sucesorios en trámite y disponer definitivamente de estas propiedades, ya que se han acumulado deudas importantes (impositivas y de diversos servicios) que exigen atención inmediata. Y por consiguiente, mi trabajo como administrador judicial de los bienes sucesorios seguirá su rumbo, tratando de ponerle coto a los desmanes de todos estos personajes, ingenuos, fabuladores o cómplices. Eso es todo, con el debido respeto. Mario Álvarez Abogado Roca

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