“Reconocimiento a la labor de la Policía Federal”

Redacción

Por Redacción

Esta carta va dirigida a todos los habitantes de esta bendita tierra y a todos aquellos que se sientan compenetrados con el accionar de todos los hombres y mujeres que integran esta gran institución como lo es la Policía Federal Argentina, que junto a sus familiares merecen el reconocimiento por la labor que cumplen en resguardo de la seguridad y bienestar de la ciudadanía. Por eso el 2 de julio el tiempo se detiene, la historia busca un lugar en sus páginas mejores y la nación de pie rinde homenaje a los policías federales caídos en cumplimiento de deber. Es trascendente la muerte cuando se vive con honor y la vida se ofrenda, cada madrugada, para mantener el imperio del derecho, la convivencia social y la libertad ciudadana. Es trascendente la muerte cuando el destino busca el alma de un policía para elevarla al pedestal inmortal de la gloria y sólo importa el ejemplo que, con humildad y respeto, cada policía asume cuando ingresa al duro, poco reconocido y abnegado camino profesional. Es trascendente porque cuando muere un policía, algo también muere y se estremece en un lugar de la ciudad y el extenso paisaje de la patria. Es trascendente su muerte porque con dolor y luto define (sin estridencia) cómo la profesión del policía asume su mayor compromiso cuando quien la ejerce enfrenta situaciones límite y, en cumplimiento de su deber, ofrenda su vida o recibe heridas que lo discapacitan y disminuyen moral y físicamente en su convivencia social y profesional. El policía sabe, cuando viste por primera vez su uniforme, cuáles y cuántos son sus riesgos y responsabilidades, y se mentaliza que su muerte en cumplimiento del deber no entra en las posibilidades de un accidente o circunstancia, sino que debe asumirlo como un hecho previsible que, en concordancia, multiplica el valor de la ofrenda. El policía sale todos los días de su casa con esa carga sobre sus hombros. Es una responsabilidad que lejos de agobiarlo lo alienta y estimula, porque se siente honrado de entregar desde sus más simples renunciamientos hasta su propia vida por esa gente y esos ideales que juraron defender hasta sus últimas consecuencias. El policía sabe que su vida está permanentemente en juego y que es escudo sólido entre el delito, la violencia y la intemperancia, y la sociedad e instituciones que protege. Todo lo sabe y asume con nobleza y dignidad porque su vocación profesional es la razón misma de su vida. Por eso cada 2 de julio es el recuerdo de uno de los días de más luto y gloria en la historia de la Policía Federal Argentina, junto con el eterno homenaje a la memoria de quienes murieron de pie en cumplimiento del deber. Nuestra gratitud, admiración y reconocimiento se extiende a los seres queridos que los acompañaron siempre y son acreedores del mayor respeto, reconocimiento y afecto, pues ellos conocieron sus anhelos, sueños, éxitos, angustias, y saben, como nadie, cuál fue el alto precio que pagaron por su alta vocación de servicio. Ramón Eduardo Fariña LE 8.085.660 Plottier

Ramón Eduardo Fariña LE 8.085.660 Plottier


Esta carta va dirigida a todos los habitantes de esta bendita tierra y a todos aquellos que se sientan compenetrados con el accionar de todos los hombres y mujeres que integran esta gran institución como lo es la Policía Federal Argentina, que junto a sus familiares merecen el reconocimiento por la labor que cumplen en resguardo de la seguridad y bienestar de la ciudadanía. Por eso el 2 de julio el tiempo se detiene, la historia busca un lugar en sus páginas mejores y la nación de pie rinde homenaje a los policías federales caídos en cumplimiento de deber. Es trascendente la muerte cuando se vive con honor y la vida se ofrenda, cada madrugada, para mantener el imperio del derecho, la convivencia social y la libertad ciudadana. Es trascendente la muerte cuando el destino busca el alma de un policía para elevarla al pedestal inmortal de la gloria y sólo importa el ejemplo que, con humildad y respeto, cada policía asume cuando ingresa al duro, poco reconocido y abnegado camino profesional. Es trascendente porque cuando muere un policía, algo también muere y se estremece en un lugar de la ciudad y el extenso paisaje de la patria. Es trascendente su muerte porque con dolor y luto define (sin estridencia) cómo la profesión del policía asume su mayor compromiso cuando quien la ejerce enfrenta situaciones límite y, en cumplimiento de su deber, ofrenda su vida o recibe heridas que lo discapacitan y disminuyen moral y físicamente en su convivencia social y profesional. El policía sabe, cuando viste por primera vez su uniforme, cuáles y cuántos son sus riesgos y responsabilidades, y se mentaliza que su muerte en cumplimiento del deber no entra en las posibilidades de un accidente o circunstancia, sino que debe asumirlo como un hecho previsible que, en concordancia, multiplica el valor de la ofrenda. El policía sale todos los días de su casa con esa carga sobre sus hombros. Es una responsabilidad que lejos de agobiarlo lo alienta y estimula, porque se siente honrado de entregar desde sus más simples renunciamientos hasta su propia vida por esa gente y esos ideales que juraron defender hasta sus últimas consecuencias. El policía sabe que su vida está permanentemente en juego y que es escudo sólido entre el delito, la violencia y la intemperancia, y la sociedad e instituciones que protege. Todo lo sabe y asume con nobleza y dignidad porque su vocación profesional es la razón misma de su vida. Por eso cada 2 de julio es el recuerdo de uno de los días de más luto y gloria en la historia de la Policía Federal Argentina, junto con el eterno homenaje a la memoria de quienes murieron de pie en cumplimiento del deber. Nuestra gratitud, admiración y reconocimiento se extiende a los seres queridos que los acompañaron siempre y son acreedores del mayor respeto, reconocimiento y afecto, pues ellos conocieron sus anhelos, sueños, éxitos, angustias, y saben, como nadie, cuál fue el alto precio que pagaron por su alta vocación de servicio. Ramón Eduardo Fariña LE 8.085.660 Plottier

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