“Tributo a Ángel Emilio ‘Mili’ Bertogna”
Escribo esto con una gran tristeza por la inimaginable pérdida de un amigo cercano. Él tenía 52. Este hombre sensato, por dentro y por fuera, fue un maravilloso amigo mío. Me dio su apoyo durante más de 35 años con su suave y única naturaleza. Una de sus creencias en la vida fue la importancia de ser auténtico con la gente, diciendo lo que hay que decir porque es bueno para la relación y para el alma. Asuntos pendientes causan dolor y la paz es esencial para una vida sana y alegre. Además, siempre admiré que “Mili” nunca juzgaba o forzaba sus opiniones sobre cualquier persona, sino que se ofrecía a modo de asesoramiento valioso y veraz que yo, sin duda, extrañaré por siempre. Mi amigo era cordial y real. Fue un maravilloso padre de sus dos hijos y estableció una sólida base para ellos. Ahora, mi esperanza es que descanse en paz sabiendo que hizo todo lo que pudo y que sus hijos estarán bien. Es muy reconfortante saber que siempre él estará con nosotros en nuestros corazones. Me encontré con “Mili” hace ya muchos años, en Siringa Libros, y la nuestra no fue una amistad a primera vista. Pero su magia ya estaba allí, con su entusiasmo inagotable para compartir su pasión por los libros de aviación con alguien de nuestras edades. Cuando pienso en Emilio como un adolescente, recuerdo lo mucho que amaba explorar con su bicicleta las calles entre las chacras cerca de su adorable “Nona” al final de calle Láinez de Neuquén. La mitad de nuestros veranos se ha gastado paseando por las alamedas, hablando de sus pasiones… aviones y pinturas, trepar a los árboles y, en general, hacer las cosas que habrían dado a nuestros padres canas mucho antes si sabían lo que hacíamos cada día durante nuestras “aventuras”. Más que un simple tomador de riesgos, Emilio tuvo también un alma generosa, como –estoy seguro– muchos de ustedes en el hermoso Valle de Río Negro y Neuquén. Su trabajo como artista, pintor, diseñador gráfico, fotógrafo profesional, entusiasta de la aviación y piloto de planeador, además de su familia, se convirtió en su mayor pasión. Eran para contemplar. “Mili” era la más centrada persona inteligente que he conocido; no es de extrañar que, entre sonrisas, se refiriera a sí mismo como un “gran ilustrador”. Se podría pensar que era un creador o un imán para ideas brillantes. El problema estaba en la mayor parte en los fondos necesarios para las mismas y no había tenido la suerte de encontrar patrocinadores. Lo más increíble de todas sus ideas es que directa o indirectamente estaban destinadas a ayudar a las personas, a ver las cosas con una mejor clarividencia o una perspectiva artística. Mis amigos y yo siempre decíamos que un día alguien se daría cuenta de lo bueno de sus conceptos, que se convertirían en más experiencias sobre el lienzo. Fue trabajador y un muy buen oyente. “Mili” siempre quiso ser fuerte para todos y odiaba ser vulnerable. Como el resto de nosotros gimoteaba acerca de la vida, siempre fue el optimista. Fue un modelo de varios de sus amigos. Echo de menos nuestras largas conversaciones, que limitaban con el intelectualismo cuando actuábamos como si fuéramos de los “guetos” hablando de un gran cuadro de un pintor flamenco y de mi lado siempre fascinado por sus explicaciones sobre esos mínimos detalles difíciles de atrapar al ojo “al desnudo”. Te extraño mucho, “Mili” Bertogna. Muchas veces esperamos a que muera un amigo para decirle al mundo lo maravillosa que una persona era, y yo soy tan culpable como la persona siguiente de eso. Hoy me gustaría rendir homenaje a un amigo muy querido y orar para que Dios permita su ingreso cuando se presentó con su corona de gloria. Con los años me enseñó que podríamos ser amigos con casi todos si dieran tiempo. Su repentina muerte vino con tantas preguntas, lecciones y recuerdos… últimamente, es como verlo pintado en las calles y en algunos libros ilustrados por “Mili” atesorados aquí, en Suiza. Me alegro de que haya aceptado a Cristo como su salvador personal y haya ido al cielo. Pido a Dios que nos unamos allí algún día. Te extrañamos y estarás por siempre en nuestros corazones. Que tu alma descanse en la paz eterna. Te volveré a ver, mi amigo. Alejandro Godoy (aviador) Grenchen, Suiza
Alejandro Godoy (aviador) Grenchen, Suiza
Escribo esto con una gran tristeza por la inimaginable pérdida de un amigo cercano. Él tenía 52. Este hombre sensato, por dentro y por fuera, fue un maravilloso amigo mío. Me dio su apoyo durante más de 35 años con su suave y única naturaleza. Una de sus creencias en la vida fue la importancia de ser auténtico con la gente, diciendo lo que hay que decir porque es bueno para la relación y para el alma. Asuntos pendientes causan dolor y la paz es esencial para una vida sana y alegre. Además, siempre admiré que “Mili” nunca juzgaba o forzaba sus opiniones sobre cualquier persona, sino que se ofrecía a modo de asesoramiento valioso y veraz que yo, sin duda, extrañaré por siempre. Mi amigo era cordial y real. Fue un maravilloso padre de sus dos hijos y estableció una sólida base para ellos. Ahora, mi esperanza es que descanse en paz sabiendo que hizo todo lo que pudo y que sus hijos estarán bien. Es muy reconfortante saber que siempre él estará con nosotros en nuestros corazones. Me encontré con “Mili” hace ya muchos años, en Siringa Libros, y la nuestra no fue una amistad a primera vista. Pero su magia ya estaba allí, con su entusiasmo inagotable para compartir su pasión por los libros de aviación con alguien de nuestras edades. Cuando pienso en Emilio como un adolescente, recuerdo lo mucho que amaba explorar con su bicicleta las calles entre las chacras cerca de su adorable “Nona” al final de calle Láinez de Neuquén. La mitad de nuestros veranos se ha gastado paseando por las alamedas, hablando de sus pasiones… aviones y pinturas, trepar a los árboles y, en general, hacer las cosas que habrían dado a nuestros padres canas mucho antes si sabían lo que hacíamos cada día durante nuestras “aventuras”. Más que un simple tomador de riesgos, Emilio tuvo también un alma generosa, como –estoy seguro– muchos de ustedes en el hermoso Valle de Río Negro y Neuquén. Su trabajo como artista, pintor, diseñador gráfico, fotógrafo profesional, entusiasta de la aviación y piloto de planeador, además de su familia, se convirtió en su mayor pasión. Eran para contemplar. “Mili” era la más centrada persona inteligente que he conocido; no es de extrañar que, entre sonrisas, se refiriera a sí mismo como un “gran ilustrador”. Se podría pensar que era un creador o un imán para ideas brillantes. El problema estaba en la mayor parte en los fondos necesarios para las mismas y no había tenido la suerte de encontrar patrocinadores. Lo más increíble de todas sus ideas es que directa o indirectamente estaban destinadas a ayudar a las personas, a ver las cosas con una mejor clarividencia o una perspectiva artística. Mis amigos y yo siempre decíamos que un día alguien se daría cuenta de lo bueno de sus conceptos, que se convertirían en más experiencias sobre el lienzo. Fue trabajador y un muy buen oyente. “Mili” siempre quiso ser fuerte para todos y odiaba ser vulnerable. Como el resto de nosotros gimoteaba acerca de la vida, siempre fue el optimista. Fue un modelo de varios de sus amigos. Echo de menos nuestras largas conversaciones, que limitaban con el intelectualismo cuando actuábamos como si fuéramos de los “guetos” hablando de un gran cuadro de un pintor flamenco y de mi lado siempre fascinado por sus explicaciones sobre esos mínimos detalles difíciles de atrapar al ojo “al desnudo”. Te extraño mucho, “Mili” Bertogna. Muchas veces esperamos a que muera un amigo para decirle al mundo lo maravillosa que una persona era, y yo soy tan culpable como la persona siguiente de eso. Hoy me gustaría rendir homenaje a un amigo muy querido y orar para que Dios permita su ingreso cuando se presentó con su corona de gloria. Con los años me enseñó que podríamos ser amigos con casi todos si dieran tiempo. Su repentina muerte vino con tantas preguntas, lecciones y recuerdos... últimamente, es como verlo pintado en las calles y en algunos libros ilustrados por “Mili” atesorados aquí, en Suiza. Me alegro de que haya aceptado a Cristo como su salvador personal y haya ido al cielo. Pido a Dios que nos unamos allí algún día. Te extrañamos y estarás por siempre en nuestros corazones. Que tu alma descanse en la paz eterna. Te volveré a ver, mi amigo. Alejandro Godoy (aviador) Grenchen, Suiza
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