Jorge Marziali trae su nuevo disco a Cipolletti y Roca
Presentará “En la brasa del presente” el viernes en La caja Mágina y el sábado en el CEMAR.
MÚSICA
Jorge Marziali presentará su más reciente disco dedicado a exaltar la poesía de Daniel Giribaldi, en Cipolletti y en Roca.
Marziali presentará nuevo disco, “En la brasa del presente”, el viernes, a las 22.30, en La Caja Mágica de Cipolletti (Moreno 354, con entradas de 120 pesos que se obtienen en la sala o en www.eventpass.com.ar) y el sábado en el CEMAR, Tucumán 1141, de Roca, a las 22.
En Roca, la entrada al espectáculo es con un bono contribución de $ 80 que ya se puede adquirir en la Dirección de Cultura, 9 de julio 960, de 8 a 13, o en taquilla, cuarenta y cinco minutos antes del comienzo de la función, para la que se ruega puntual asistencia.
“En la brasa del presente”, que así se llama su nueva obra, contiene textos recitados de Giribaldi y poemas musicalizados por Marziali, quien estará acompañado en el guitarrista Daniel Gómez que participó en los arreglos y dirigió técnicamente la grabación.
El cantautor y comunicador de extenso derrotero en el arte popular, editó su primer material, “Como un gran viento que sopla”, en 1983. Sus obras “Este Manuel que yo canto”, dedicada a Manuel José Castilla, y “Coplas de la libertad” también con versos de Giribaldi, cobraron inmediata repercusión. Dos temas lo encumbraron más tarde entre los autores que conciliaban el testimonio político con la sensibilidad poética: “Los obreros de Morón” y “Cebollita y huevo”. Como cantor, mayormente acompañado sólo por su guitarra, como compositor y letrista, este mendocino trashumante ha encontrado en la discreción, una manera de preservar su fervor de artista popular, su dignidad ética y estética, la profunda ligazón con las diversas tradiciones criollas y con lo que ellas implican de amor a la tierra y a su gente concreta, sobre todo la más humilde.
“Daniel me regaló el libro “Coplas y cantares”, del que salió “Coplas de la libertad”, canción ícono del despertar democrático en el 83. A partir de entonces devoré todos sus textos y compuse varios temas con su poesía. Sentí mucho su muerte y me quedé con la idea de difundir su obra. Después de muchos años logré grabar las canciones compuestas a las que le sumé algunos versos dichos, para tratar de dar un panorama más amplio de su producción. Me atrajo su altísimo nivel, su ética, su humano manejo de la palabra, su amplísima cultura y su libertad para mantenerse al margen de los círculos grises y las academias dudosas”, le cuenta Marziali a “Río Negro”.
-¿Podrías desarrollar “humano manejo de la palabra”?
-Creo que la palabra, como cualquier otra herramienta –y no sólo del lenguaje-, puede ser manejada respetando la condición de humanos, que no incluye todo lo que se haga desde los fríos estrados del mercado o la moda. Lo humano no es la creación condicionada por tendencias, por necesidades materiales o de éxito, sino mantenerse en la inocencia, en la pureza de la buena intención, sin que influyan las angustias por quedar bien con el alrededor. Creo honestamente que la palabra ha pasado a ser la Cenicienta, sobre todo en los medios de comunicación masiva. Lo más triste es que el bastardeo a que es sometida, invade a educadores, familias, madres y padres que por temor a quedar fuera del sistema, se asocian a tal manoseo. Cuando se dice que uno de las grandes crisis de la época es la cultural se está hablando justamente de eso. Frente a cataclismos de la naturaleza inmediatamente se declara a una zona “en emergencia”, lo que significa aportar presupuesto y calidad en los rescates y las reconstrucciones. Jamás la cultura ha sido declarada en emergencia y eso hace que la devastación que la destroza no tenga contención y la reconstrucción sea deficiente y lenta.
-En los setenta, se creía que la canción podía ayudar a entender, a cambiar la mala vida que como país teníamos, de dictadura en dictadura. Eso se ha desdibujado un tanto, aunque sigue habiendo creadores como vos, León Gieco, Víctor Heredia, Teresa Parodi, Raly Barrionuevo, Pedro Aznar y otros muchos, que respetan sus convicciones y a quien los escucha.
-Hoy sabemos que la canción no cambia nada. No es su función. Quizá su verdadera misión sea la de acompañar críticamente los procesos sociales y también proponer una mirada distinta del mundo, donde la belleza tenga su lugar; una percepción diferente a la que plantean los sistemas rígidamente establecidos, generalmente egoístas, especuladores y sin demasiados códigos éticos. No alcanza con contenidos transgresores y denuncias. La función del poeta debe ser la de anunciar el ascenso del ser humano; vaticinar, si es que es un verdadero vate. Pero, en el manoseo de hoy, ¿qué es un poeta? Ahí comienza otro tema para una larga discusión.
-¿Cómo te ha resultado mantener en tus convicciones, en tu ética interpretativa, cuánto te ha costado?
-Parece que lo que uno hace con amor y alegría no cuesta nada. Y si hay un esfuerzo no se nota, no cansa, porque está haciendo lo que ama, en concordancia con lo que piensa.
Eduardo Rouillet
eduardorouillet@gmail.com
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