Las evaluaciones cambian de rumbo

Redacción

Por Redacción

Educación

Los ministros de Educación del país que integran el Consejo Federal avalaron en los últimos días continuar con la “cultura evaluativa” de la gestión, pero se hará cada tres años a nivel nacional, a “voluntad” de las jurisdicciones, y dejará la lógica competitiva para medir otros parámetros en alumnos, docentes y escuelas.

Según fundamentan en el Consejo Federal de Educación (CFE), la mecánica de apuntar en las examinaciones a otros parámetros, como el trabajo del estudiante en el aula, sus necesidades y demandas, y otras razones más políticas como el acceso a la salud, la renta, el empleo y la previsión social, son un tanto más ruidosas respecto de la definición de la buscada “calidad educativa” por los funcionarios.

Algunos ministros argumentaron que ésa es la lógica actual en otros países que la están poniendo en práctica a la hora de hacer las pruebas de medición de la calidad educativa, que ya no se remiten a conocer sólo qué están aprendiendo los alumnos -cuestión que no sería desdeñable- sino en qué contexto lo están haciendo.

Es sabido también que algunas experiencias progresistas en el secundario de Finlandia y Canadá y de algunos colegios jesuitas españoles y gran número de escuelas privadas de nuestro país están poniendo en práctica una escuela más abierta, casi sin horarios ni calificaciones, sino con proyectos pedagógicos realizados en acuerdo con los alumnos y sus vocaciones y necesidades.

Aún la escuela secundaria pública argentina no lo lleva a cabo, a excepción de las escuelas preuniversitarias, como el Nacional de Buenos Aires, el Carlos Pellegrini y la Técnica de Villa Lugano de la UBA y las recientemente creadas de universidades del conurbano bonaerense, como la de General Sarmiento.

La decisión de los ministros del Consejo Federal de Educación es barrer con la cultura evaluativa de los años 90, nacida en el Ministerio de Educación de la gestión menemista, que inició el camino del Operativo Nacional de Evaluación en 1995, en una senda sembrada de competencias, cuestionarios y rankings que poco aportaron a leer diagnósticos y volcar resultados en políticas remediales.

El documento que firmaron los jefes de las carteras educativas sostiene que “el sentido de las pruebas es pedagógico”, busca “trabajar al interior de las instituciones educativas, en las aulas”, y “no promueve una lógica de mercado centrada en la comparación-competencia entre escuelas como un nuevo espectáculo para ser consumido”.

Sostuvieron además que los cambios metodológicos efectuados en el 2005 “fueron realizados para colocar el ONE en sintonía con tendencias internacionales de evaluación y las experiencias de otros países”. El objetivo, dijeron, fue abandonar un sistema que calificaba las pruebas según el porcentaje de respuestas correctas de cada alumno para aplicar un sistema de evaluación que informa sobre lo que “los estudiantes saben y pueden hacer” y “contrastar sus desempeños en las pruebas en relación con un desempeño teórico esperado”.

El hecho de abandonar la metodología de los años 90 basada en la mera competencia y cabalgata de preguntas y respuestas puede llevar a un extremo en el que se ignoren insumos importantes como al mismo estudiante en su proceso de aprendizaje.

Habrá que ver si es efectiva la decisión de no difundir a la opinión pública los resultados para diseccionarlos hacia las jurisdicciones, escuelas y padres si lo solicitan.

LAURA HOJMAN

Analista de educación. DyN

LAURA HOJMAN


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