Sube y baja

Mientras se desarrollan las PASO en varios distritos, tres presidenciables oscilan en un clima de incertidumbre. Scioli debe blanquear su favoritismo en el FpV y Macri consolidarse en un espacio con sus bemoles. El estancamiento de Massa y algunas deserciones ponen en duda su proyección. Insiste en que no desistirá.

Redacción

Por Redacción

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En algún momento, no hace mucho, el senador Diego Santilli (a quien Horacio Rodríguez Larreta, el elegido por Mauricio Macri para sucederlo en el distrito porteño, invitó a secundarlo si es que le gana la interna a Gabriela Michetti), apostó por un acuerdo con Sergio Massa, del Frente Renovador, para tratar de derrotar al kirchnerismo en las elecciones de octubre.

Todo está muy tenso, ninguno de los dos (por Macri y Massa) quiere aflojar… habrá que esperar un poco más. Hoy por hoy, el Pro lleva a María Eugenia Vidal como candidata en la provincia de Buenos Aires, sentenció Santilli, conocedor de que el influyente círculo rojo alienta una unidad mayor y más sólida de la oposición. No podemos resignarnos ante el populismo que deja, al cabo de 12 años, un balance absolutamente negativo ni permitir que el que gane se lleve todo, pontificó uno de los más duros de ese sector de influyentes, Luis Etchevehere, de la Sociedad Rural.

Nadie debe bajarse todavía, hay que esperar las novedades de los próximos meses, dijo a “Río Negro” un exponente del peronismo disidente que estuvo presente en una reunión que Massa mantuvo en esta capital con petroleros privados encabezados por el senador neuquino Guillermo Pereyra. Yo sigo adelante, aseguró entonces el diputado y exintendente de Tigre, entusiasmado con la posibilidad de competir en las PASO con el mandatario cordobés José Manuel de la Sota. Aunque éste, a la vez, no deja de tirar guiños amistosos hacia Daniel Scioli, del Frente para la Victoria.

Son muchas las conjeturas. Las reyertas intestinas. Y las proyecciones en un escenario dinámico. El domingo pasado salió airoso, en Salta, Juan Manuel Urtubey, del FpV, que en la presente jornada podría ser relegado tanto en Santa Fe como en Mendoza, dos provincias de mayor envergadura. La próxima semana, vendrán los testeos en capital federal y Neuquén. En el primero, el Pro es banca y en el segundo, el MPN.

Además de las lógicas ambiciones, la distancia entre Macri y Massa es kilométrica, pues aun a despecho de los consejos del ecuatoriano Jaime Durán Barba, el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ya cerró trato con los radicales de Ernesto Sanz y con Lilita Carrió, refractarios (especialmente la dirigente de la CC) a cualquier pacto nacional con el exjefe de Gabinete de Néstor Kirchner.

Este diario incursionó debajo de la línea de flotación de Massa, para conocer qué se piensa en su fuerza acerca del estancamiento momentáneo de su líder y del avance de Macri, quien incluso le sustrajo la compañía del senador peronista Carlos Reutemann, de fluidos contactos con la mesa de enlace agropecuaria.

Al observar que se estaban produciendo algunas deserciones, el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, exhortó a dar la lucha hasta el final. Sin embargo, otros pares, entre ellos Joaquín de la Torre, de San Miguel, y Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, ensayaron una suerte de ultimátum: si las encuestas y la realidad nos siguen siendo esquivas -expusieron con palabras más crudas- tendrías que replegarte ¿A dónde? A la provincia que alberga a casi el 40% del electorado y que por ello será decisiva en las presidenciales.

El excesivo purismo del macrismo dificulta, por su parte, la construcción en el populoso conurbano. El exintendente de Avellaneda, senador Baldomero Cacho Álvarez, un enemigo de antaño del kirchnerismo, militaba en el massismo. Tras algunas frustraciones (en Neuquén sus armados políticos hicieron agua), decidió abandonar el barco.

Dado su poder fiscalizador, fue tentado para sumarse a las huestes de María Eugenia Vidal, pero a Baldomero lo vetó Durán Barba. Consecuencia: Álvarez hizo igual sus valijas y encontró cobijo en la ciudadela sciolista, donde para ser sinceros se teme más a Massa que a Macri.

Con un postulante de escasas posibilidades en la capital federal (el economista Guillermo Nielsen) Massa tratará de influir para que el domingo entrante sucumba Rodríguez Larreta, limando de esa forma el liderazgo de Macri, quien de darse ese resultado no habría podido ordenar a su propia tropa.

En el confuso cuadro del conglomerado no kirchnerista influye también la dispersión radical. Sanz, orgánicamente, tiene serias dificultades para disciplinar el partido detrás de Macri. El alfonsinismo lo resiste, igual que postulantes como el jujeño Gerardo Morales y el formoseño Luis Naidenoff, recostados en Massa. Además, el jueves se oficializó una nueva vertiente de la UCR plegada al modelo nacional, popular y democrático que lleva adelante la presidenta Cristina Fernández. La encabeza Leopoldo Moreau, uno de los operadores principales del extinto mandatario Raúl Alfonsín.

Dada la desproporción que se observa en las mediciones, las PASO de agosto en el Pro-UCR-CC podrían terminar con un único participante, Macri, y el corrimiento de los otros dos, Sanz y Carrió.

Voceros del círculo rojo (en los que hay dueños de medios, banqueros, empresarios y periodistas) manifiestan vaticinios que le sirven al oficialismo para replicar con que no habrá final de ciclo. El ministro Axel Kicillof señaló que los economistas ortodoxos que auguran un ajuste inevitable no han pegado una.

En efecto, en una crónica del diario “La Nación”, el redactor comentó que hubo miradas incómodas, respaldos culposos y críticas por lo bajo, entre miembros del Cicyp, que se juntaron para escuchar a esos expertos.

Uno de ellos, José Luis Espert, atacó al populismo industrial y cuestionó el gasto público y el déficit fiscal, en detrimento del libre comercio, sin aranceles ni retenciones. Otro, Miguel Ángel Broda, definió como analgésico y antiinflamatorio el plan de Kicillof. Y remató: este plan ha hipotecado el 2016. Ahí va a ser difícil que baje la inflación y que el crecimiento sea superior a este año… Esta orientación marxista de la política es un programa que dificulta el triunfo de la oposición.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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