Ceferino Reato: “Las tripas del país estaban muy abiertas”

La crisis del 2001 cala hondo en la historia argentina, un proceso que el periodista Ceferino Reato, autor de “Doce noches”, desmenuza, no para buscar la verdad total sobre aquellos días, sino para ayudar a seguir develándola.

Redacción

Por Redacción

ENTREVISTA

– ¿Cabe hacer alguna lectura particular del hecho de que usted circunscriba su libro al género de investigación periodística? – Creo que ninguna lectura. Simplemente circunscribo mi labor cuando señalo que mi libro no es un “catecismo”. No marco el camino de la “verdad” ni busco decir por dónde hay que ir para desentrañar la crisis del 2001. Sólo cuento lo que yo -investigación mediante – logré saber. Es un aporte sin otra pretensión que la de sumar datos sobre un hecho que la historia seguirá ocupándose . – ¿Si a las buenas definiciones no les faltan ni restan palabras, lo de país con “las tripas abiertas” sintetiza aquella realidad? – Sí, estábamos con órganos a “cielo abierto”. La frase corresponde al entonces presidente del Brasil Fernando Henrique Cardozo, pero no dicha en función de lo que sucedía en Argentina, sino en función de un momento de aquel Brasil que también tenía problemas. Para diciembre del 2001 yo llevaba años trabajando en San Pablo para la agencia Ansa. Y esa era la sensación que hora a hora cosechaba de lo que aquí sucedía… teníamos “las tripas abiertas”. No se trataba solo de la sangre que comenzaba a correr, sino también de la hemorragia de “un todo” como país… una cierta idea de pozo en el que se caía sin saber si había un fondo… Las tripas del país estaban muy abiertas… – ¿Qué opina en cuanto a que es una crisis en la que el instrumental que es propio de la ciencia histórica para investigar parece no alcanzar para develar todo lo sucedido, que incluso es materia de investigaciones de la ciencia psiquiátrica? Porque hay además en ese tiempo una estampida de problemas psicosomáticos que afectaban, por caso, a miles de bancarios, en su piel… – Sin duda fue una crisis en que la historia, en tanto ciencia, tiene que computar el auxilio de mucho para avanzar. Por lo pronto, es una crisis polifónica -creo que vale el término-. Se hablaba y hablaba. El hablar era activo, estaba en las calles todos los días. Furia, irritación, desesperación, angustia… ¡El peso de la incertidumbre! Pero la calle no resolvía. En esto incidían los factores de poder, el pasillo, la sala de reunión. El proceso estaba muy personificado, ya en entidades, ya en personas. Creo que mi libro deja muchas puntas abiertas para seguir investigando incluso conductas individuales que gestionaban en todo ese esquema de poder. – En esos espacios de poder, emergen en el libro gestores que en general no parecían haber tenido un rol importante. ¿El caso del empresario De Mendiguren es uno de ellos? – Jugó muy fuerte, fue muy activo en todo el proceso que va hasta abril del 2002, ya con Eduardo Duhalde cabalgando sobre la crisis. Porque si uno se mete en la crisis, encuentra que ésta recién se calma en abril, cuando incluso los gobernadores -un poder también activo y decisivo a lo largo de esos meses- se repliegan en sus presiones sobre Duhalde, al que poco faltó para que lo derrocaran. La devaluación, el lento pero decidido recupero de la imagen presidencial, mudanzas en los valores de commoditie, etcétera, afirman a Duhalde. Pero a lo largo de esos meses De Mendiguren busca, pega, dialoga con todos los planos del poder económico. Tarea compleja, claro. Entre ese diciembre furioso y ese abril, todo también pasa por el PJ bonaerense en el que manda Duhalde y la UCR bonaerense, donde Alfonsín corta el bacalao. También juegan fuerte para aplacar y amortiguar tempestades la Iglesia Católica y las CGT que lideran Daher y Moyano. – Siguiendo lo de las puntas, del libro se extrae que hay mucha tela para investigar sobre la relación interna que emergió entre los bancos durante aquellos días. ¿Es así? – Sí, hay mucho para trabajar sobre ese terreno. Yo sobrevuelo el tema, nada más. Está abierta a investigación -por caso- la tensa relación que por momentos vivió la banca privada nacional con la banca extranjera. Tensión fundada en las corridas bancarias alentadas por el bendito corralito, que tuvo mucho de “fly to quality”, como definió una fuente bancaria al proceso de retiro de fondos de bancos nacionales en dirección a la banca extranjera… ese “fly to quality” o “vuelo de calidad” se fundaba en el convencimiento de que los recursos estarían más seguros, que había garantías de devolución en la moneda en que había sido depositados. Eduardo Escasany, por entonces dueño del “Galicia”, fue uno de los voceros de la banca nacional que sospechaba que la corrida le gustaba a la banca extranjera… Lo decía. Pero a su vez la banca extranjera desmentía esto con el argumento de que a más depósitos más riesgo crediticio… Todo este tema sigue abierto a la historia. Tiene entremeses por develar. – Su libro revela lo que bien puede definirse como cierta “cultura épica” que va ganando al discurso del gobierno de De la Rúa a medida que se desploma. Denuncia conspiraciones, habla en clave, etc. Si está de acuerdo con esto, ¿qué idea se fue conformando de la personalidad de los hombres de ese poder a medida que se metía en esa discursividad? – A medida de que hablé con ellos para hacer el libro, comencé a trabajar el tema desde un convencimiento ajeno a todo prejuicio, logrado de mirar, leer, reflexionar la naturaleza de un gobierno que estaba mal desde mucho antes de diciembre del 2001. Era un poder endémico. Y desde ahí configuraba imaginarios. De ahí que construyera enemigos cuando el enemigo era el propio estado de anemia en materia de poder. Hacía tiempo que tenía perdido el respaldo de la clase media, sustento de su llegada al poder. Mantener la Convertibilidad -con independencia de lo que se piense sobre ellos con el diario del lunes- generaba crujidos crecientes cuando ese mantenimiento se leía como expresión de déficit de pensar qué hacer con ella. Y sí… a medida que se acumulaban los problemas y la anemia avanzaba, emergió el discurso épico en mucho del gobierno. Una de las cosas que descubrí mientras investigaba, fue por caso que Domingo Cavallo, ministro de Economía de las ruinas de la Alianza, fue el primer funcionario en hablar de “fondos buitre”. Un término o una realidad que hoy divide a muchos argentinos. Con énfasis, buscando el tono épico, el 2 de diciembre del 2001, cuando crecía a velocidad uniformemente acelerada la caída de las vigas del gobierno, Cavallo denuncia -permítame que se lo lea-: “Durante todo el año 2001, los fondos buitre han querido derrotar a la Argentina, obligarla a la devaluación y al default. Pero serán derrotados”… Y lo dice por cadena nacional al explicar el corralito que creaba. La épica suele ser propio de un poder en estado de derrota… – ¿Pero cómo es posible que el dentista Mestre, ministro del Interior, un político agrio, que había sacado chapa de guapo entre los guapos en la gobernación de Córdoba, en la intervención de Corrientes se enterara por un hijo y teléfono, el 19 de diciembre, que la gente salía a la calle, y que reaccionase con la aplicación del estado de sitio? – Ah bueno… déjeselo a la psiquiatría. Yo soy periodista, ¡qué quiere que le diga! Me rindo… Y se enteró en un hotel céntrico, donde estaba reunido con “Coti” Nosiglia y otros dirigentes radicales y peronistas buscando una solución a la crisis… – Usted habló con el grueso de la máxima dirigencia política de aquellos días. De la Rúa y Rodríguez Saá, cada uno desde el lugar que ocuparon, siguen denunciando que les dieron, a cada uno a su tiempo, un golpe de estado para derrocarlos. ¿Cómo poder seguir sosteniendo esa tesitura? – Para el caso de Rodríguez Saá, se trata de un “golpe bonaerense” contra su presidencia. Un “golpe” organizado fundamentalmente por el PJ bonaerense. En cuanto a De la Rúa, se trata de Alfonsín-Duhalde enfilando contra él. Es cierto que ambos venían conversando desde hacía tiempo sobre la situación del país. En aquel tiempo representaban cuotas de poder político importantes: el PJ y la UCR bonaerenses. Pero también es cierto que, con independencia de ese poder, Duhalde no ranqueaba… Estaba Carlos Ruckauf como gobernador. Y quería ser candidato a presidente. Incluso, y como lo señalo en el libro, cuando la tormenta comienza a arreciar, le habla a Alfonsín más o menos diciendo: “bueno, ¿y yo?”. Y Alfonsín le dice: “Mire, yo no voy a poner palos en la rueda, pero está Duhalde”. Chau Ruckauf. Que Alfonsín ayudó mucho a Duhalde, no hay dudas. Para la Asamblea Parlamentaria que llevó a presidente a Duhalde, le juntó más de un centenar de votos. Coincidencias, sí. Pero hablar de golpe con el sentido que este término tiene en la historia del país… no me parece… no. > Borbotones de palabras – ¿Vos agarras el gobierno si yo te propongo? Mira que parece que son sólo 60 días. – Yo agarro así sean 60 días, 60 horas o 60 minutos. Y si son 60 segundos, también agarro. (Adolfo Rodríguez Saá a Ramón Puerta, la noche del 20 de diciembre de 2001 en una reunión en la Sierra de Comechingones). * * * * * * * * * * * * – Fernando, está habiendo muertos en Plaza de Mayo. – No, a mí nadie me informó eso, ni mis funcionarios de Interior ni el jefe de la Policía Federal. – La televisión está diciendo que hay muertos. – La televisión dice muchas cosas que no son ciertas. – Me parece que esta vez es cierto porque están mostrando imágenes de personas caídas… (Versión del senador Carlos Maestro -exgobernador del Chubut-sobre su penúltimo diálogo por teléfono con De la Rúa, minutos antes de las seis de la tarde del 20 de diciembre del 2001) * * * * * * * * * * * * * – Embajador, ¿cuándo hacemos el saludo protocolar del presidente de los EE. UU. al presidente de la Argentina? – ¿Para qué canciller? El presidente Bush acaba de saludar la semana pasada al presidente Rodríguez Saá. Deme unos días, por favor. (Diálogo entre el flamante canciller Carlos Ruckauf y el embajador James Walsh, luego de la asunción de Duhalde el 1 de enero del 2002) Textos contenidos en el libro de Ceferino Reato: “Doce noches”.

CARLOS TORRENGO | carlostorrengo@hotmail.com


ENTREVISTA

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora