De Plaza Huincul a Washington

Una elección de baja intensidad se transformó en un episodio que dejará huella en la historia política provincial. El gobierno enviará un proyecto de ley para refinanciar 2.000 millones de pesos de deuda que vence este año.

Redacción

Por Redacción

DOMINGO A DOMINGO

Una elección como la de Plaza Huincul, de baja intensidad y sin pretensiones de protagonismo en la cargada agenda electoral del año, se transformó esta semana en un episodio que dejará huella en la historia institucional de la provincia.

La decisión de la Junta Electoral Municipal de anular el resultado de siete mesas no registra antecedentes por la cantidad de votos que quedaron invalidados. La resolución que abrió una intensa polémica ya fue apelada por el Frente y la Participación Neuquina, el partido que venció el domingo anterior.

Si se debe votar o no nuevamente en el 17% de las mesas -eran 40 en total- lo definirá, en instancia inapelable, la Junta Electoral Provincial, integrada por una mayoría de miembros que, a lo largo de sus carreras, trabaron vínculos más o menos estrechos con el gobierno de Jorge Sapag.

El domingo anterior en Plaza Huincul un candidato de la oposición al MPN celebró y el oficialista enfrentó una inesperada derrota. Gustavo Iril, un dirigente impulsado por el partido de Ramón Rioseco, venció -¿en primera vuelta?- por 83 votos a Juan Giannattasio, que buscaba su reelección en el cargo de intendente.

La fotografía puede cambiar. El resultado original y provisorio terminó con una ventaja ajustadísima a favor de Iril, pero sin esas siete mesas la diferencia se achicó ahora a 36 sufragios. Si se llegara a convocar a una nueva elección para las urnas en cuestión, estarán en juego unos 2.000 votos, una cifra de alto impacto en el reducido universo electoral de Huincul.

Giannattasio reconoció la derrota pocos minutos después de las 22 del domingo 17 con la frase «soy el único responsable». Lo dijo aun con la ajustada diferencia que él estimaba, a esa hora de la noche, en unos 50 votos. Después lo llamó a Iril para felicitarlo. A esa altura de la jornada, el hasta entonces intendente electo ya había festejado con su gente.

Hasta aquí se cumplieron los ritos de práctica de una elección sin escándalo. Pero el recuento definitivo de votos realizado a mitad de semana desencadenó una tormenta de especulaciones y sospechas que ponen a Plaza Huincul como un caso testigo y al futuro intendente, sea cual fuere el ganador, con legitimidad política afectada.

La Junta Electoral Municipal cuenta con siete miembros, el MPN no tiene mayoría pero sí aliados circunstanciales. Entre otras observaciones, el organismo detectó una urna con el acta pero sin los sufragios y en otra halló votos nulos sin el sobre correspondiente.

Con el entrenamiento que tienen los fiscales del MPN en competencias electorales, cuesta creer que irregularidades de estas características hayan pasado desapercibidas en la primera revisión.

Las urnas estuvieron guardadas durante tres días, hasta el recuento definitivo, en una oficina del Concejo Deliberante donde funciona la Sindicatura. Tendrán que demostrar lo que argumentan, pero la oposición sostiene que se dejó a «el zorro al cuidado del gallinero» y ahora se pagan las consecuencias.

A diferencia de otras elecciones, el gobernador Sapag no estuvo tan pendiente de la campaña en Plaza Huincul como sí ocurrió con Chos Malal, Zapala o San Martín de los Andes, donde jugó fuerte para confirmar o intentar revertir resultados.

A las últimas elecciones Sapag las dejó en manos del gobernador electo, Omar Gutiérrez, y del vice, Rolando Figueroa. No se puede hablar de un gran estreno.

En el gobierno no quieren asomar demasiado la cabeza. Relativizan los números del escrutinio provisorio y defienden la autonomía municipal para resolver el conflicto. «Lo de Huincul fue un empate técnico y si hay duda, debe despejarse para garantizar la transparencia», repiten tímidamente en el entorno de Sapag.

El gobierno tiene preocupación también por otros números, que no son los electorales, sino los del presupuesto. Una fuente oficial definió el recorrido de lo que resta del año como «complejo, pero totalmente manejable».

Sapag estuvo en Buenos Aires durante la semana, gestionando variantes de refinanciación de deuda para ver si es posible cerrar un año sin grandes desequilibrios. Mantuvo reuniones con bancos, funcionarios de Nación y hasta con empresas petroleras.

La puja salarial con los gremios estatales volverá a marcar el ritmo del gasto en breve. En el gobierno admiten que hoy «no tienen ni para empezar a discutir» una nueva recomposición de los haberes de los agentes públicos.

En poco tiempo más, el gobierno enviará a la Legislatura, probablemente junto con el presupuesto reformulado de este año, un proyecto de ley para refinanciar deuda pública por unos 2.000 millones de pesos.

En el oficialismo sostienen que en 16 meses se pagó, con recursos propios, un monto de deuda por 3.000 millones de pesos, y que el escenario actual de las finanzas, comprometido por variables de ingresos corrientes que están afectadas por razones coyunturales, hace necesario un pedido especial de ayuda financiera. «La perspectiva de dos a cinco años es buena, pero hay que pasar este año», afirman en el gobierno.

En ese recorrido de búsqueda de recursos, Sapag tiene previsto viajar a Washington la semana que se inicia. Recorrerá oficinas de organismos multilaterales de crédito para el financiamiento de obras en la provincia. Hay una lista de proyectos, entre los que figuran rutas nuevas, confió una fuente oficial.

Más allá de la búsqueda de nuevos créditos en el Banco Mundial, el viaje a Estados Unidos no se puede aislar del futuro del gobernador.

Sapag ha dicho que, una vez finalizado su mandato, le gustaría ocupar el lugar de un hombre de consulta en la próxima gestión y transformarse en una suerte de embajador de la provincia. ¿Será éste el principio?

gerardo bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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