“Recuerdo del padre Nazario Bartoli”

Redacción

Por Redacción

Soy exalumno del Colegio San Miguel y recuerdo con todo respeto a quien fue director del Colegio Domingo Savio en los años 1938-1940, el presbítero Nazario Bartoli. El padre Bartoli era una persona de contextura delgada y mirada vivaz. Muy nervioso, hablaba rápido y siempre andaba apurado. En aquellos años se trasladaba todos los días desde el Colegio San Miguel de Stefenelli al Domingo Savio de Roca en un Ford A –creo que modelo 1930– que aparentaba haber tenido un intenso uso. En oportunidades los alumnos nos tomábamos la libertad de criticarle aquel móvil con el mote de “cachirulo”, lo que le causaba enojo y nos retaba. Siempre nos comentaba que tenía que hacerlo arreglar un poco pero que no tenía tiempo para eso. Un día hice ese trayecto con el padre Nazario y cuando regresábamos por una calle de Roca, al pasar por una estación de servicio, masculló: “Ahí está Basallo”. Modificó el recorrido de la marcha, se largó a la playa del local y detuvo el móvil con algunos ruidos metálicos. Saludó cordialmente al señor Basallo, que era el propietario del lugar que también tenía taller mecánico. Luego del saludo de estilo le manifestó que quería llevarle algún día el vehículo para efectuarle algunas reparaciones. El señor Basallo, con movimientos cansinos, levantó la cobertura de dos hojas del motor, hurgueteó en el interior y caminó alrededor del móvil toqueteando algunas otras partes, siempre observado por el padre Nazario. Efectuada así la inspección ocular y dirigiéndose al dueño del vehículo, le dijo: “Mire, padre, este auto no sirve para nada, tírelo a la m…a”. Luego de escuchar el fallo contundente sobre el estado del móvil, el padre Nazario saludó y mascullando palabras en defensa de su patrimonio subió al vehículo en el que yo como único ocupante fui espectador del para mí risueño espectáculo. Emprendido el regreso al Colegio San Miguel y siempre refunfuñando, firme al volante el padre Nazario demostraba ser un buen conductor de aquel vehículo que por fallas en el sistema de frenos se las arreglaba recurriendo a pases de marchas y contramarchas con el cantar del ruido que esos pases producían. Nunca me enteré de que el padre Nazario dispusiera de tiempo para subsanar el o los desperfectos de aquel Ford A que utilizaba para movilizarse asiduamente a realizar sus funciones como director del Colegio Domingo Savio. Héctor Mendiberri Buenos Aires

Héctor Mendiberri Buenos Aires


Soy exalumno del Colegio San Miguel y recuerdo con todo respeto a quien fue director del Colegio Domingo Savio en los años 1938-1940, el presbítero Nazario Bartoli. El padre Bartoli era una persona de contextura delgada y mirada vivaz. Muy nervioso, hablaba rápido y siempre andaba apurado. En aquellos años se trasladaba todos los días desde el Colegio San Miguel de Stefenelli al Domingo Savio de Roca en un Ford A –creo que modelo 1930– que aparentaba haber tenido un intenso uso. En oportunidades los alumnos nos tomábamos la libertad de criticarle aquel móvil con el mote de “cachirulo”, lo que le causaba enojo y nos retaba. Siempre nos comentaba que tenía que hacerlo arreglar un poco pero que no tenía tiempo para eso. Un día hice ese trayecto con el padre Nazario y cuando regresábamos por una calle de Roca, al pasar por una estación de servicio, masculló: “Ahí está Basallo”. Modificó el recorrido de la marcha, se largó a la playa del local y detuvo el móvil con algunos ruidos metálicos. Saludó cordialmente al señor Basallo, que era el propietario del lugar que también tenía taller mecánico. Luego del saludo de estilo le manifestó que quería llevarle algún día el vehículo para efectuarle algunas reparaciones. El señor Basallo, con movimientos cansinos, levantó la cobertura de dos hojas del motor, hurgueteó en el interior y caminó alrededor del móvil toqueteando algunas otras partes, siempre observado por el padre Nazario. Efectuada así la inspección ocular y dirigiéndose al dueño del vehículo, le dijo: “Mire, padre, este auto no sirve para nada, tírelo a la m...a”. Luego de escuchar el fallo contundente sobre el estado del móvil, el padre Nazario saludó y mascullando palabras en defensa de su patrimonio subió al vehículo en el que yo como único ocupante fui espectador del para mí risueño espectáculo. Emprendido el regreso al Colegio San Miguel y siempre refunfuñando, firme al volante el padre Nazario demostraba ser un buen conductor de aquel vehículo que por fallas en el sistema de frenos se las arreglaba recurriendo a pases de marchas y contramarchas con el cantar del ruido que esos pases producían. Nunca me enteré de que el padre Nazario dispusiera de tiempo para subsanar el o los desperfectos de aquel Ford A que utilizaba para movilizarse asiduamente a realizar sus funciones como director del Colegio Domingo Savio. Héctor Mendiberri Buenos Aires

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