La violencia que nos atraviesa

Enquistado en leyes, escuelas y hogares, el maltrato hacia la mujer demanda un drástico cambio cultural. Por siglos fue justificado y reproducido. La Justicia, ante el desafío de romper con la impunidad estructural.

Redacción

Por Redacción

Debates

Marcela Marín

marcelamarin@rionegro.com.ar

La violencia de género se naturalizó. Está enquistada en la cultura, en siglos de construcción social. Y a diferencia de otros tantos males, éste no es patrimonio exclusivo del mundo occidental y cristiano. Un ataque que se invisibiliza por lo cotidiano, tanto que su propia víctima muchas veces no lo ve.

Entonces, hay violencia de género en las parejas y en las familias. Pero también entre amigos, en el trabajo, en el cine, en un restaurante. Y peor: en la medicina, en el tránsito, en los medios de comunicación, en los recibos de sueldo. En jardines de infantes y universidades. Está. Omnipresente. Subyacente en el día a día.

Tan normalizada está la violencia que es un hecho de la realidad, un factor tácito cuya definitiva consagración está reconocida por la ley. Aun con la decisión de combatirla, el sistema normativo la da por hecho y sobre esa base construye las leyes con las que pretende erradicarla. De otro modo no se explica por qué los tratados y sus normas inferiores (Belem de Pará, Reglas de Heredia, Códigos Procesales) se esfuerzan en repetir la manda del “trato digno” hacia la mujer en el proceso judicial, sin que sea necesario aclarar, siquiera en la letra chica, que el imputado varón sometido a proceso también lo merece. Eso, gracias a nuestra violencia encarnada, se supone.

Tan profundo caló en nuestra cultura que muchas veces no la percibe quien la ejerce ni quien la recibe, al punto de ser simultánea o sucesivamente reproductores y víctimas sistemáticos de la violencia.

Que un hombre mate a una mujer para que “no sea de nadie más” es la manifestación extrema de un criterio que trasunta la vida de la comunidad como normal. Es apenas la potenciación de otros “microfemicidios” que vemos, toleramos y reproducimos a diario. Pues que no nos sorprenda entonces la cifra de las 233 mujeres asesinadas “en contexto de violencia de género” en Argentina entre enero y octubre del 2015. O las 225 muertas durante todo el 2014.

“Mi marido me pega lo normal” fue el título de la conferencia magistral que brindó el profesor de medicina legal español Miguel Lorente Acosta en las Jornadas Internacionales de Violencia de Género que se realizaron en Bariloche a principios de noviembre. Un título desconcertante al principio pero pleno de sentido al término de su exposición.

“La violencia es una conducta que nace de la voluntad, de la decisión libre de una persona que pretende atacar y herir o matar a otra bajo las motivaciones más diversas. Cuando alguien decide llevar a cabo un homicidio, elabora todo un proceso que se inicia en la determinación de hacerlo, pasa por resolver el procedimiento para llevarlo a cabo con éxito y llega hasta considerar qué va a hacer después”, explica Lorente.

Ninguna ley aclara que al imputado se le debe dar ‘trato digno y respetuoso’ en el proceso, porque eso se presupone. Pero para las víctimas las leyes siempre lo aclaran, porque es necesario, aunque ridículo, por lo mal que han sido históricamente tratadas” – Gonzalo Sansó (Presidente del Consejo Federal de Oficinas de Asistencia a las Víctimas)

A eso suma que “el derecho es el reflejo de lo que consideramos que hay que proteger y se protege aquello a lo que le hemos dado valor. Y se ha dado valor a aquello que el hombre ha considerado necesario para organizar la competencia”. Allí la base de la “normalización” e “invisibilización” de la violencia. “Sólo la vemos cuando supera el umbral de la ‘normalidad’”, advierte. El objetivo, entonces, es lograr entender que “el machismo no es el ‘exceso de desigualdad’ sino la desigualdad misma”.

Explica el profesor que convivimos en una “semicultura o hemicultura”, pues la mujer no ha sido incluida desde el inicio para organizar la convivencia social. “Lo masculino ha quedado como lo universal y esa es nuestra ‘normalidad’”, revela. En ese marco, tanto los hombres como las mujeres que se aparten de lo que se espera de ellos serán cuestionados. Él por no cumplir los roles de protección, sustento y posesión; ella por no cumplir el rol de la maternidad, el cuidado y la sumisión. Esa equivocada normalidad “es causa y justificación de la violencia de género”, dice Lorente.

Tan estructural es la violencia, advierte, que se sigue viendo positivamente que el hombre deba “reforzar el orden por medio de la corrección de las acciones ‘desviadas’ de la mujer”. Y esas “correcciones” sólo reciben críticas ante un “exceso cuantitativo”, aunque aun así surgen justificaciones que pretenden atribuir la responsabilidad a la víctima.

El profesor expuso estadísticas de la Unión Europea de las que surge que el 2% de la ciudadanía considera “aceptable” la violencia del hombre hacia la mujer en “algunas circunstancias” y un 1% en “todas las circunstancias”. La cifra aumenta al 6% ante la separación de la pareja. Y el 15 % justifica el delito de violación con argumentos como que “las mujeres provocan” o “cuando dicen que no, quieren decir que sí”.

Y peor aún: el 44% de las mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas no lo denuncian “porque no creen que sea lo suficientemente grave”. Luego, en los análisis sociológicos, se lo justifica con otros factores como el silencio derivado del miedo o la vergüenza.

Cuando en España la tasa de condenas por delitos de violencia de género apenas alcanza el 4,8% de los hechos (el índice es un poco más bajo en Argentina), la impunidad está prácticamente garantizada. “El mensaje para los hombres está claro: ‘Maltrata, que no pasa nada’”, concluye Lorente.

La Justicia -machista, a veces sin siquiera saberlo, como la misma sociedad a la que pertenece- no hace más que reproducir y resolver sobre la base de esa “normalidad” violenta. “Esas investigaciones judiciales que llegan a condena se hacen ‘con la debida negligencia’ por parte del Poder Judicial”, sostiene el profesor, pues concluye que quien investiga y juzga no es ajeno a la “hemicultura”.

La de Lorente fue una de las seis conferencias magistrales que se ofrecieron en las Jornadas de Violencia de Género que organizó el Ministerio Público de Río Negro en conjunto con el Consejo Federal de Procuradores, Fiscales, Defensores y Asesores Generales de la República Argentina y el Consejo Federal de Política Criminal, que reunió a más de 600 asistentes del ámbito jurídico, social, educativo y político. Las ponencias están disponibles en el sitio web www.jornadasdeviolencia.com.ar.

ALGUNOS CONCEPTOS DESTACADOS EN LAS JORNADAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Silvia Baquero Lazcano – Procuradora General de Río Negro

“Han sido jornadas intensivas, que nos han permitido intercambiar experiencias con el aporte de todos. Este es el puntapié para empezar a trabajar en lo que debemos entender como violencia de género y así empezar a visibilizar la problemática, a escuchar la voz de tantas víctimas silenciadas”, concluyó la anfitriona de las Jornadas en Bariloche. En adelante “se trazará un nuevo horizonte en lo que hace a la política de género, que no debe estar ajena a las políticas públicas”.

Gonzalo Sansó – Oficinas de Asistencia a la Víctima

Partiendo de que el delito es un conflicto de partes, el objetivo de la Justicia es solucionarlo. “Tenemos que traer a la víctima al escenario”, pues “una víctima destratada por el sistema judicial no va a querer saber nada con el juez ni con el fiscal y terminará retractándose. Y las políticas de persecución penal de la violencia de género así terminan en la basura”. Bregó por los procesos judiciales de reparación “específica” para las víctimas y no sólo “simbólica”, como es la condena penal al autor.

Pablo López Viñals – Procurador General de Salta

Los delitos de amenazas y lesiones a mujeres generan tal caudal de denuncias que el Poder Judicial “no puede tramitarlas correctamente”. Propone “discutir si debe haber tribunales especializados” y advierte que el abordaje desde múltiples juzgados sobre un mismo hecho genera una “gran revictimización y tantas citaciones que llega un momento en el que las víctimas no saben qué tramita en cada juzgado”. También propuso extender los plazos de prescripción.

Jeannette Arias – Secretaria de Género de Costa Rica

Implementó hace tres años un programa denominado Equipo de Respuesta Rápida a Víctimas de Delitos Sexuales, que pone especial atención sobre las víctimas de violación en las primeras 72 horas. Coordina la atención entre el Poder Judicial, fiscalías, policía y servicios de salud. Explicó que los hospitales y las clínicas dan a la víctima una asistencia íntegra en la parte médica (exámenes clínicos, anticoncepción de emergencia, retrovirales) así como legal y de contención psicológica y psiquiátrica.

Luisa Pasquini – Asistencia a la Víctima de Chubut

Destacó la necesidad de ejercitar la “escucha activa” al momento de tomar declaración judicial a una víctima, y principalmente a los niños, despojándose de todo prejuicio o suposición al momento de formular las preguntas. “El momento de declarar es un momento único en la vida de la víctima”, destacó. Por eso enfatizó en la importancia de humanizar al máximo cada encuentro y “que los dispositivos médico-legales de asistencia no se conviertan en nuevos protocolos”.

Datos

Ninguna ley aclara que al imputado se le debe dar ‘trato digno y respetuoso’ en el proceso, porque eso se presupone. Pero para las víctimas las leyes siempre lo aclaran, porque es necesario, aunque ridículo, por lo mal que han sido históricamente tratadas” – Gonzalo Sansó (Presidente del Consejo Federal de Oficinas de Asistencia a las Víctimas)


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