La odisea del enchufe, la señal y la ayuda del hijo del Patón
De un momento a otro la fiesta deportiva casi se transforma en una tragedia periodística. El Malvinas Argentinas sector prensa de a poco fue tomando un tinte caótico, a dos horas de comenzar el partido. “¿Mi pupitre? Allí, es el 18”, me dijo el señor de chaqueta azul en el punto de entrada al acceso. Fue la única y última respuesta que conseguí. Allí comenzó mi odisea.
Un pupitre limpio y pulcro pero sin enchufes ni cable para internet. “No hay, es con wifi”, me tranquiliza un colega. Y de inmediato agrega: “No anda, se cae todo el tiempo”. Iba a ser una noche difícil para trabajar.
Salí a buscar un enchufe que alargue la vida de mi notebook. Lo encontré en la última y vacía cabina del estadio, en cuya puerta había pegado un cartel que decía: reservado selección argentina. Enchufe el cable y lo saqué hacia afuera por una rendija en la estructura del techo y me senté en un escalón de cemento. Algo lejos por cierto de mi pupitre. Un problema menos, sólo faltaba Internet.
A 45’ del comienzo del partido, tres tipos vestidos con buzos de la selección se meten en la cabina y uno de ellos golpea el vidrio desde adentro, junta los dedos y le leo los labios: “Necesito el enchufe…” y sale de la cabina. Le explico mi pequeño drama, lo entiende y me dice que si consigue una zapatilla con enchufes, estoy salvado. Al rato, me muestra del otro lado del vidrio que la había conseguido.
Maxi, el hijo del Patón Bauza, y otros dos colaboradores desde el 2009 que filman todos los partidos donde dirige el DT y llevan las estadísticas de los jugadores.
“No me gusta hablar mucho…” cuando la charla ya intentaba ser más periodística.
Le agradecí el favor a los tres y me fui a buscar señal de Internet para seguir con mi trabajo.
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