Del kirchnerismo no se vuelve

Redacción

Por Redacción

En un reciente acto que reunió militancia kirchnerista, el mensaje del dirigente Andrés Larroque fue muy claro: “acá no se arrepiente nadie”. Esto, que puede interpretarse como una arenga de fortalecimiento moral, o bien como una advertencia a la tropa, al menos hasta el momento, se está cumpliendo.

La catarata de evidencias de la corrupción, como bolsos, valijas, cuadernos, viajes, dólares en financieras y cajas de seguridad, y finalmente, confesiones de arrepentidos, es suficiente como para hacernos avergonzar ante el mundo.

Sin embargo, en las filas del kirchnerismo no aparece ningún arrepentido voluntario. Los que aparecen, lo están por haber participado de las coimas, y sólo porque han sido descubiertos y quieren menguar la condena. La mayoría del ejército permanece callada.

Con el crecimiento fenomenal del gasto público (50%!!), llevándolo de menos del 30% del PBI a comienzos de su gestión, al 45% a la hora de entregar el poder a fines de 2015, el matrimonio Kirchner armó dentro de la sociedad, el ejército para su defensa.

Un buen sueldo en el estado, alguna asignación también estatal, servicios públicos regalados, o bien un buen salario en alguna de las actividades con sindicatos empoderados (porteros de edificios, camioneros, lácteos, etc.), para muchos ciudadanos, fueron razones suficientes para ponerse el uniforme de soldado, y defender a capa y espada la gestión.

De allí, el silencio sepulcral de ahora. Todos parecen deberle algo al matrimonio, y nadie quiere quedar como un ingrato, o directamente, llevarse el mote de traidor. Y los que no aguantan la incomodidad de quedarse callados, lo hacen, o bien justificando los hechos, con el pretexto de que siempre hubo corrupción y que somos todos lo mismo, o culpando a las empresas contratistas, o directamente negando los hechos, argumentando que esto es un tema armado por el gobierno, para tapar la crisis económica.

¿Qué suponen los que esgrimen este último argumento?

¿Que los fiscales y el juez intervinientes responden a la orden de Macri de armar una causa totalmente inventada?;

¿Que los magistrados han sido presionados o directamente sobornados?

¿Que también han sido sobornados el chofer Centeno y los exfuncionarios para que relaten una historia inventada de recolección y entrega de plata, que además los va a llevar a la cárcel?

¿Que los empresarios salen a decir alegremente una mentira, que seguramente les va a costar muy caro?

Uno podría suponer que alguien pueda mentir a cambio de algún beneficio. Pero mentir a cambio de ir a la cárcel, o a cambio perder la empresa, no tiene ninguna lógica.

Entonces, ¿alguien intelectualmente honesto puede sostener este disparate? Es más o menos lo mismo que negar la tragedia venezolana que impuso el populismo de Chávez (una etapa más avanzada de kirchnerismo), viendo las imágenes del mayor éxodo de personas en Latinoamérica (2,5 millones de personas, hasta el momento). Más vale quedarse callado.

Cuando hace dos años ocurrió lo de los bolsos de López, tuve la esperanza de que podía recuperar amigos que perdí durante el gobierno kirchnerista. Pero no fue así.

La misma esperanza tuve, cuando apareció la contundencia de los cuadernos de Centeno y las confesiones de exfuncionarios y empresarios. Pero nada ocurrió. No llamó nadie.

Ahora veo que va a ser casi imposible ese retorno. Y lo digo con dolor. No es nada grato perder amigos y tomar distancia con familiares. Pero ha sido así. La grieta es una realidad. Cierro con una conocida frase que resume bastante la situación: “Cada uno acepta la verdad que puede soportar”.

*Economista


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