A las corridas

La Corte declaró inconstitucional la ley y cayó la elección popular del Consejo de la Magistratura.

Redacción

Por Redacción

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Opiniones moderadas señalaron que el fallo fue “una señal institucional muy fuerte de la cabeza de uno de los tres poderes del Estado”.

El previsible límite constitucional, por seis votos a favor y uno en contra, que la Corte Suprema le impuso a la ley promovida por la presidenta Cristina Fernández para “democratizar” la Justicia, ahondó la zanja en la que está dividida la sociedad. Dramatizaron el enfrentamiento kirchneristas y antikirchneristas, en medio de un febril cierre de listas para los cruciales comicios legislativos de octubre (previa instancia de las PASO, el 11 de agosto), en el que un dirigente del PRO corrido de la contienda no salía de su asombro por el hecho de que hasta último momento había cambios de camisetas: insólitamente, oficialistas podían terminar como opositores… y viceversa. Los excesos, entre los que figuraron las ironías furibundas de Cristina y las descalificaciones urbi et orbe del titular del Colegio de Abogados de la capital federal, Jorge Rizzo, taparon expresiones moderadas que inscribieron el conflicto, tal como hizo quien está al frente del Consejo de la Magistratura, Mario Fera, como “una señal institucional muy fuerte de la cabeza de uno de los tres poderes del Estado, en un momento muy significativo”. Fera es un equilibrista. Está donde está gracias al apoyo de consejeros K, pero en esta hora de vientos cruzados defiende la corrección del fallo de la Corte y lo sitúa en el espacio del régimen republicano. Ya sin efecto, entonces, la elección por voto directo popular de los miembros del Consejo de la Magistratura; en la Rosada esperan, aunque no vayan a reconocerlo, que en compensación Ricardo Lorenzetti “habilite un camino para tratar de cerrar el caso Clarín y la ley de medios audiovisuales”. Sin embargo, de persistir la dureza presidencial y su terquedad para salir del aislamiento pese a la voluntad de trabajar por los 40 millones de argentinos, la Corte no habilitaría ninguna ventanilla para conversar el fondo de esa cuestión, trabada por medidas cautelares que llevan casi cuatro años de duración y que motivan hoy la gran “bronca” de Cristina contra las corporaciones. Fuentes judiciales señalaron a “Río Negro” que existe la predisposición del máximo tribunal para darle una salida ordenada a un tema que enciende las pasiones y establecer a la brevedad un mecanismo salomónico que haga efectivo el plan de desinversión empresaria, sin aceptar el consabido “vamos por todo” de una de las partes. En paralelo, todas las fuerzas partidarias ajustarán de aquí en más sus estrategias para transitar los dos últimos años de mandato K, en el que no se vislumbra capacidad legal para reformar la carta magna y habilitar de esa manera la re-reelección. Eso a pesar de las sospechas lanzadas por el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, y que son alimentadas por declaraciones de exponentes del núcleo duro kirchnerista, como Carlos Kunkel, Marcelo Fuentes y Diana Conti. Fracasado un acuerdo formal entre las diferentes patas del justicialismo disidente y Mauricio Macri, éste se refugió en una ciudadela estrecha, asesorado por el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Tuvo gestos generosos no correspondidos, aunque igual captó peronistas y radicales a los que considera más afines y “presentables”. En el distrito porteño, el PRO no pudo incorporar al exministro Roberto Lavagna y en la provincia de Buenos Aires quedó supeditado a la interna salvaje de los barones bonaerenses que bailaron al ritmo del intendente de Tigre, Sergio Massa. El confuso momento presagia que a Macri se le hará cuesta arriba la odisea de alcanzar la Presidencia en el 2015. “Es el que menos ha armado en todo el país”, señalan seguidores de Perón que exploran la sucesión dentro de su multifacético y caótico movimiento. Macri, como representante de la centroderecha, es el blanco preferido de los funcionarios K. El ministro de Planificación Julio De Vido, quien por estas horas trata de domesticar a través de la obra pública a gobernadores e intendentes, lo acusa de promover la vuelta al pasado privatista. De Vido desnudó una de las preocupaciones de la Rosada: volver a enamorar a sectores de la clase media. “Los que representan el antimodelo les van a sacar las ventajas ganadas en esta década, los quieren derrumbar”, trató de asustar en una de las tantas reuniones con los que cumplen tareas ejecutivas en el interior. Cristina sostiene, a la vez, que la mayor fortaleza K reside en los estamentos más vulnerables y que tuvieron un ascenso social en los últimos años. En su embestida contra la Corte, machaca con que no habrá una mejor seguridad si no “se mete mano” en la Justicia y en las fuerzas de seguridad. Las posturas extremas obnubilan la razón y eso es subrayado por los que tratan de ser imparciales. Tras ganarse la enemistad de la cúpula de La Cámpora por lo que escribió en un libro sobre esa organización juvenil que es vanguardia y retaguardia del actual proceso, la periodista Laura Di Marco pronosticó que, aun sin poder ser reelegida, Cristina seguirá teniendo una incidencia muy importante culturalmente en el porvenir nacional. “El kirchnerismo va a seguir existiendo… Son muchos sus votos y (los posibles sucesores) no los desperdiciarán yéndose para otro lado… Si hay cambios de estilo, tendrán que ser muy graduales… hay cosas en las que ya no se puede volver… No me imagino un gobierno hablando de ajuste”. El filósofo Tomás Abraham, también con una visión harto crítica del matrimonio Kirchner, coincidió en que el dilema hacia delante se da porque “este gobierno ha producido transformaciones sociales, en términos asistenciales, irreversibles”. Abraham es de los que advierten que el país, no exento de actos de corrupción, está entrando en una “encerrona” económica como ya pasó en ciclos de más o menos diez años, a partir de 1975.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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