Actos de presencia

Fernández Meijide no puede darse el lujo de concentrarse exclusivamente en los aspectos técnicos de su tarea.

Por razones prácticas evidentes, la presencia de un presidente, ministro o político en campaña en el lugar de una catástrofe natural o de un conflicto social, no suele servir para nada. Antes bien, agrava los problemas existentes debido a que personajes tan eminentes suelen viajar acompañados por un séquito multitudinario conformado por ayudantes ambiciosos, amigos y periodistas resueltos a sacarles una declaración polémica. Sin embargo, ocurre que tanto aquí como en el resto del mundo es deber de los «dirigentes» no sólo intentar solucionar «los problemas de la gente» sino también mostrar liderazgo en momentos difíciles, lo cual los obliga a cumplir el papel casi teatral que el electorado les ha confiado. Es por eso que si no fuera por la voluntad del presidente Fernando de la Rúa de mantener intacto lo que le queda de la Alianza, Graciela Fernández Meijide ya sería la ex ministra de Desarrollo Social, como consecuencia de su decisión de asistir a una reunión internacional no muy importante que fue celebrada en el balneario francés de Biarritz mientras se hacía cada vez más tensa la situación provocada por los cortes de ruta en La Matanza.

Al ausentarse, la frepasista brindó a su archienemigo, el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf, un pretexto inmejorable para atacarla, acusándola de «preferir París a su trabajo», para entonces sugerir que sea disuelto el ministerio que encabeza porque, al fin y al cabo, el desarrollo social es responsabilidad de las provincias. Por supuesto que eran injustas tales embestidas, pero eran previsibles y de haberse encontrado Ruckauf en el exterior y Fernández Meijide en Buenos Aires, los voceros oficiales no hubieran vacilado en aprovecharlo. Puesto que no existen soluciones inmediatas para los problemas sociales más apremiantes, tanto oficialistas como opositores están haciendo lo posible por achacarlos a sus respectivos adversarios, con los aliancistas insistiendo en que la miseria en que está hundida buena parte de la población de La Matanza es «culpa de Menem» y los peronistas insinuando que si no fuera por la inoperancia, en su opinión «anárquica», del gobierno nacional les sería posible atenuarla muy pronto.

De todos modos, si bien es posible que tengan razón el presidente De la Rúa y otros voceros oficiales cuando afirman que la visita a Francia de Fernández Meijide habrá producido más resultados positivos de lo que les hubiera sido dado lograr trasladándose en seguida a La Matanza, las hipotéticas ventajas así supuestas no habrían sido suficientes como para equilibrar los costos de su ausencia. Como sabemos, en política la imagen suele importar tanto como la realidad o más, pero no sólo es cuestión de la actitud del electorado hacia figuras determinadas. Es esencial que la sociedad sienta confianza en los dirigentes políticos y es por este motivo que personas como Fernández Meijide sencillamente no pueden darse el lujo de concentrarse exclusivamente en los aspectos técnicos de sus tareas. Aunque, para sorpresa de muchos, la ministra resultara ser una administradora sumamente eficaz, los beneficios ocasionados por tales dotes serían limitados si la ciudadanía llegara a la conclusión de que lo único que le interesa es codearse con empresarios galos en un lugar de diversión, porque su escasa popularidad terminaría socavando la moral de sus colaboradores, asegurando de este modo que lo logrado no tardara en deshacerse.

Asimismo, no cabe duda de que la crisis de credibilidad que está protagonizando la clase política -crisis que tiene mucho que ver con la sensación de desánimo que tantos perjuicios está ocasionando- se debe en buena medida a la convicción difundida de que a los «dirigentes» les preocupan muchísimo más sus propios privilegios, entre ellos la posibilidad de viajar por el mundo a costillas del contribuyente, que los problemas de los demás. Corregir esta impresión ha de ser una prioridad casi absoluta de los políticos, razón por la cual les es forzoso manejarse con el máximo cuidado, absteniéndose no sólo de enriquecerse con rapidez excesiva, sino también de alejarse demasiado de los sectores sociales rezagados.


Por razones prácticas evidentes, la presencia de un presidente, ministro o político en campaña en el lugar de una catástrofe natural o de un conflicto social, no suele servir para nada. Antes bien, agrava los problemas existentes debido a que personajes tan eminentes suelen viajar acompañados por un séquito multitudinario conformado por ayudantes ambiciosos, amigos y periodistas resueltos a sacarles una declaración polémica. Sin embargo, ocurre que tanto aquí como en el resto del mundo es deber de los "dirigentes" no sólo intentar solucionar "los problemas de la gente" sino también mostrar liderazgo en momentos difíciles, lo cual los obliga a cumplir el papel casi teatral que el electorado les ha confiado. Es por eso que si no fuera por la voluntad del presidente Fernando de la Rúa de mantener intacto lo que le queda de la Alianza, Graciela Fernández Meijide ya sería la ex ministra de Desarrollo Social, como consecuencia de su decisión de asistir a una reunión internacional no muy importante que fue celebrada en el balneario francés de Biarritz mientras se hacía cada vez más tensa la situación provocada por los cortes de ruta en La Matanza.

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