Afirman que bomba en Tribunales era potente y «nunca se investigó»

La seguridad en el edificio judicial de Cipolletti quedó otra vez en la mira por la presencia de una mujer armada.

Por Redacción

CIPOLLETTI

La seguridad en los Tribunales penales de Cipolletti volvió a ponerse en discusión. El jueves le secuestraron un cuchillo a una mujer que reclamaba en la Fiscalía y el caso llevó a recordar que en diciembre de 2012 desconocidos colocaron en el edificio una bomba que no alcanzó a explotar pero que contenía un componente con enorme poder destructivo. En aquel momento relativizaron la amenaza, pero ahora se supo que el grave riesgo existió y además se reveló que el caso nunca se investigó.

Otras amenazas de bomba, gente que ya ha entrado armada, episodios violentos, mensajes de texto intimidatorios a un fiscal y a su jefe de despacho son situaciones que suman preocupación en los Tribunales. Existe temor porque Cipolletti tiene dos graves antecedentes: el caso de Laila Díaz, quien efectuó 27 disparos en una clínica y asesinó a la laboratorista Carla Milla en medio de un reclamo por una supuesta mala praxis, y el crimen del barrendero municipal José Maciel, quien murió por un atentado de bomba en la vereda de la Brigada de Investigaciones. «¿Si ya ocurrió en otras instituciones, por qué no nos puede pasar a nosotros?», se preguntó un empleado judicial.

El problema de los tribunales de Cipolletti es que tiene escasa seguridad. Hay sólo una garita con un policía en el acceso a los juzgados de instrucción pero ni las fiscalías ni las defensorías tienen custodia. Otros efectivos suelen estar en los calabozos o participan del traslado de los detenidos.

Hace un tiempo un imputado llamó desde su celular y realizó una amenaza de bomba para frustrar una rueda de reconocimiento que lo comprometía.

Después un hombre que se moviliza en silla de ruedas pateó la puerta del juzgado 2 y de una fiscalía y se enfrentó con los policías. Un detenido arrojó una silla en la Cámara Segunda y casi lastima a los funcionarios. Otros han protagonizado fugas arrojándose por las escaleras o tensos reclamos. Hubo incluso un tiroteo en la vereda en medio de una audiencia por un homicidio.

Y a esta seguidilla de episodios se suma el 27 de diciembre de 2012. Esa mañana llamaron tres veces para avisar que había una bomba en la defensoría.

Hubo gran despliegue policial y evacuaron el edificio. Después se informó que habían secuestrado un explosivo casero. Ayer las fuentes judiciales revelaron que el aparato contenía trotyl (que se usa en las detonaciones de la actividad petrolera) y canto rodado. Esos componentes tienen enorme poder destructivo y podrían haber provocado una tragedia. «Deliberadamente los cables estaban desconectados pero alcanzaba con que se apoye un pajarito para hacer volar el edificio», sostuvieron los empleados, al tiempo que revelaron que el hecho «nunca se investigó».