Aguirre y Rodríguez fueron procesados por el juez Mussi

Son los últimos dos imputados en la tercera causa sobre corrupción de menores que se investiga en Viedma.

Por Redacción

Judiciales

Más procesados por presuntos hechos de corrupción de menores. Esta vez la resolución judicial incluyó al abogado viedmense José Aguirre y al letrista Miguel Rodríguez, quienes deberán continuar detenidos. Tras ser indagados ambos mantuvieron la libertad que perdieron luego que Aguirre intentara comunicarse con la joven víctima y con gestos intimidantes señalara a la familia de una testigo que sabía que habían declarado.

El juez penal de Viedma, Carlos Mussi, le imputó a Aguirre el delito de “promotor de actos corruptivos” en concurso real con “promotor de la prostitución de una menor de edad, agravadas por abuso de una situación de vulnerabilidad”; además de “haber ejecutado actos de exhibiciones obscenas en forma involuntaria a un menor de 18”. En tanto a Miguel Angel Rodríguez lo procesó por considerarlo “promotor de actos corruptivos, en concurso real con promotor y facilitador respectivamente de la prostitución de una menor de edad, agravadas por abuso de una situación de vulnerabilidad” y por estimarlo responsable de otro hecho por los mismos delitos.

Mussi consideró que ambos lograron que una menor se insertara en el mundo de la prostitución, “haciendo que la niña considere que mantener relaciones sexuales a cambio de un precio era , teniendo los imputados un trato habitual, pagando un precio convenido con la menor, haciendo que mantenga ese “trabajo” como un ejercicio, teniendo presente que a esa edad tan temprana (15 o 16 años), el ofrecimiento de dinero por un adulto puede considerarse suficientemente influyente sobre la voluntad del menor para determinarla a realizar el acto de prostitución solicitado, estimulando o arraigando su dedicación a esa actividad.”

A Aguirre lo procesó por mantener en forma reiterada relaciones sexuales con acceso carnal con una jovencita de 15 o 16 años que ejercía la prostitución entregándole a cambio entre 100 y 300 pesos. El juez destacó otros testimonios que señalaron que la niña decía que su trabajo consistía en acostarse con hombres por dinero y que en alguna oportunidad la acompañaron a la casa de Rodríguez donde siempre había un hombre mayor que solía ser Aguirre que entraba con la chica a una habitación, al rato salían y ellas se retiraban de la vivienda.

Mussi destacó la colaboración y coraje de las testigos que declararon que “fueron de gran utilidad para esclarecer el hecho investigado. Ellas mismas acompañaron a la jovencita a esos lugares de encuentro con hombres mayores para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.”

Respecto de los dichos de la propia chica consideró que “además de parecer estar influida por factores externos no coinciden con ninguno de las demás testigos, naturalmente no se reconoce como una persona que ejercía la prostitución”. No obstante tuvo en cuenta lo señalado por la chica respecto de la difícil situación de haber sido abusada por su propio padre a sus 13 años, “hecho que la hizo sentir sucia, como que nada le importaría ya y que le puede generar un estado de confusión e incluso llevarla a guardar silencio ante preguntas del tribunal, que deberán ser analizados en el contexto adecuado y respetando las características del fenómeno que puede pesar sobre una niña objeto de abuso sexual.”

Por otra parte, el juez no encontró asidero en el descargo de Aguirre al manifestar que solo era amigo o consejero de la menor, “ya que una persona mayor de 59 años, abogado, con una niña de 16 que le permite lo visite en su estudio, que ingrese a su habitación a fotografiarse con poses subjetivas, de minifalda, y con copas en sus manos me permite tener por acreditado que el hecho ocurrió”. Agregó que una testigo y también víctima vio cuando Aguirre en su auto mantenía relaciones sexuales con la jovencita.

Respecto de Rodríguez el juez sostuvo que el imputado que trabajaba en un boliche le permitía a la jovencita el ingreso a pesar de ser menor, la conocía y con frecuencia la recibía en su casa, “relación que le permitió corromperla. La menor sabía que después de las escuela debía ir a lo Rodríguez para verse con hombres mayores, y que sino él mismo le podía dar dinero, aunque sea o , según pudo manifestar una testigo”. Consideró que el imputado “no solo prestaba una de sus habitaciones para que la niña se encontrara con personas mayores para mantener relaciones sexuales, sino que también habría sido quien contactaba a aquellos hombres para que la esperen a la niña en su propia casa. Además sabía que era una niña sin ingreso, que iba a su domicilio por estar en riesgo y que acudía allí por dinero para comer o cubrir sus necesidades.”

DeViedma


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