“¡Al fin me jubilé!”

Redacción

Por Redacción

Soy una reciente beneficiaria del haber jubilatorio que bien creo merecer luego de aportar durante 32 años a las correspondientes arcas del Estado. Por ser novel en estas artes, me he sorprendido por el increíble maltrato al que se somete concienzudamente a los pobres viejos, como si haber llegado a la instancia jubilatoria mereciera una fuerte reprimenda: ¡que no vuelva a suceder! Paso a contar algunos ejemplos que he vivido en los tres primeros meses de mi nuevo estado. • Constancia de supervivencia. Cada tres meses hay que presentarse “in corpore” ante el funcionario que constata que, efectivamente, la parca aún no lo ha alcanzado y que sus guadañazos no han dado en el blanco. Vivo en un paraje rural a 40 kilómetros de San Martín de los Andes, por lo que tengo que recorrer 80 kilómetros para cumplimentar el trámite, aunque felizmente mi estado físico aún me lo permite. Pero en la misma cola que debo hacer me he encontrado con personas que se mantienen en pie con muletas, llegan de parajes más lejanos que el mío y no tienen medios de movilidad propios o escasamente pueden caminar y esperan estoicamente una o dos horas a ser atendidos. Digo yo: con la tecnología actual, ¿es necesaria esa injuriante exigencia? Quisiera informar a los funcionarios que, cuando una persona fallece, el Registro Nacional de las Personas recupera su DNI y lo ingresa a sus padrones como fallecido. Con sólo apretar una tecla de los sistemas que los contribuyentes pagamos sin ser consultados, ¿no se podría dar de baja en la Anses a ese beneficiario al día siguiente a su defunción? No puedo creer que a nadie se le haya ocurrido. Por eso creo, como dije al principio, que estas medidas tienen más un tinte de castigo que de negligencia. • Constancia de no pago. El mes anterior llegó la fecha de pago y no recibí el depósito. Cuando me presenté (a las 7 AM) en la Anses me mandaron al Banco Nación (distante a seis cuadras) para que averiguara qué había pasado. En el banco reconocieron que había sido un error del sistema: “Vuelva a la Anses a pedir el formulario X y tráigamelo”. Resumiendo, hice seis veces el tramo de seis cuadras entre la Anses y el banco para por fin, a las 12:30, salir con mi jubilación. Como se agotaba el horario de atención, las distancias las tenía que cubrir casi trotando. Lo que me salvó de un infarto fue que no soy enferma cardíaca. Nuevamente: ¿es necesario maltratar así a las personas (viejas o jóvenes)? Realmente me pregunto si los viejitos sonrientes que aparecen en la propaganda oficial pertenecen a la población sufriente de jubilados que yo he podido ver o si son de azúcar de fantasía. Mónica Napp, DNI 11.043.387 Villa Lago Meliquina Neuquén

Mónica Napp, DNI 11.043.387 Villa Lago Meliquina Neuquén


Soy una reciente beneficiaria del haber jubilatorio que bien creo merecer luego de aportar durante 32 años a las correspondientes arcas del Estado. Por ser novel en estas artes, me he sorprendido por el increíble maltrato al que se somete concienzudamente a los pobres viejos, como si haber llegado a la instancia jubilatoria mereciera una fuerte reprimenda: ¡que no vuelva a suceder! Paso a contar algunos ejemplos que he vivido en los tres primeros meses de mi nuevo estado. • Constancia de supervivencia. Cada tres meses hay que presentarse “in corpore” ante el funcionario que constata que, efectivamente, la parca aún no lo ha alcanzado y que sus guadañazos no han dado en el blanco. Vivo en un paraje rural a 40 kilómetros de San Martín de los Andes, por lo que tengo que recorrer 80 kilómetros para cumplimentar el trámite, aunque felizmente mi estado físico aún me lo permite. Pero en la misma cola que debo hacer me he encontrado con personas que se mantienen en pie con muletas, llegan de parajes más lejanos que el mío y no tienen medios de movilidad propios o escasamente pueden caminar y esperan estoicamente una o dos horas a ser atendidos. Digo yo: con la tecnología actual, ¿es necesaria esa injuriante exigencia? Quisiera informar a los funcionarios que, cuando una persona fallece, el Registro Nacional de las Personas recupera su DNI y lo ingresa a sus padrones como fallecido. Con sólo apretar una tecla de los sistemas que los contribuyentes pagamos sin ser consultados, ¿no se podría dar de baja en la Anses a ese beneficiario al día siguiente a su defunción? No puedo creer que a nadie se le haya ocurrido. Por eso creo, como dije al principio, que estas medidas tienen más un tinte de castigo que de negligencia. • Constancia de no pago. El mes anterior llegó la fecha de pago y no recibí el depósito. Cuando me presenté (a las 7 AM) en la Anses me mandaron al Banco Nación (distante a seis cuadras) para que averiguara qué había pasado. En el banco reconocieron que había sido un error del sistema: “Vuelva a la Anses a pedir el formulario X y tráigamelo”. Resumiendo, hice seis veces el tramo de seis cuadras entre la Anses y el banco para por fin, a las 12:30, salir con mi jubilación. Como se agotaba el horario de atención, las distancias las tenía que cubrir casi trotando. Lo que me salvó de un infarto fue que no soy enferma cardíaca. Nuevamente: ¿es necesario maltratar así a las personas (viejas o jóvenes)? Realmente me pregunto si los viejitos sonrientes que aparecen en la propaganda oficial pertenecen a la población sufriente de jubilados que yo he podido ver o si son de azúcar de fantasía. Mónica Napp, DNI 11.043.387 Villa Lago Meliquina Neuquén

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