Andrea García: arte y solidaridad en tiempos difíciles

La artista plástica neuquina transformó los tapabocas de uso obligatorio en un lienzo, los llenó de arte y son actualmente el principal sustento de una fundación que se dedica a ayudar a los más necesitados durante la vigente cuarentena por la pandemia de coronavirus.



Andrea García siempre soñó con ser artista y, a los 38 años, comenzó a cumplir ese sueño. Es que, como ella misma dijo, “nunca es tarde para cumplirlos”. Hoy, además de contactóloga, es una artista reconocida a nivel internacional. Y como si eso fuera poco, también une su pasión por el arte con acciones solidarias que le llenan el alma. En medio de la pandemia por coronavirus, tapabocas con sus obras son la principal forma que tiene una fundación para reunir fondos y ayudar a los más necesitados.


Andrea se crió en una casa en la que no sobraba nada, tuvo que empezar a trabajar mientras terminaba la secundaria, siguió haciéndolo durante su formación personal; y seguirá haciéndolo siempre. Es que lo de ella siempre fue trabajar y algo más: ahora trabaja, ayuda a los más necesitados y es artista.

Fotos: Yamil Regules.


“Desde chica yo tenía mi sueño de haber estudiado en Bellas Artes, pero no pude porque tuve que trabajar.Desistí en ese sueño y comencé a estudiar una carrera terciaria, corta y estatal: tecnicatura en óptica; y después hice la especialización en contactología. Es una carrera que amo y de ahí nace eso de codearme un poco más con la gente”, contó Andrea sobre cómo fue el nacimiento de la profesión que ejerce hace casi 30 años, pero también cómo fue que relegó ese sueño que tarde o temprano se haría realidad.

Cuánto sale

300
pesos cuestan los tapabocas y se puede conseguir a través del el perrfil de facebook: Claudio Vivir Para Ayudar.


Su camino en el arte comenzó en 2008 y medio de casualidad. “Estaba muy pasada de vuelta y el médico me sugiere que haga algo más relajante. Entonces comienzo a estudiar arte en una academia de arte de Neuquén”, contó ella.
Lo cierto es que curioseando en el realismo copió una imagen de una revista para practicar la técnica y la denominó “Reflejos de mi alma”. Esa fue su primera obra y fue la puerta de entrada a una carrera prolífica y solidaria. “Era un ejercicio para mí y terminó siendo una de mis obras principales”, confió ella.


La imagen reflejaba una situación de pobreza, una realidad que la conmueve, y mucho. “Siempre tengo esto de lo que se siente no tener un plato de comida en la mesa, a nosotros siempre nos costó, entonces siempre tuve esa empatía con la pobreza”, agregó sobre el principal motor que la llevó a involucrarse, desde siempre, en acciones solidarias.


Desde 2017, forma parte de Arte Sin Fronteras por la Paz, un proyecto artístico solidario que promueve la enseñanza del arte y de los valores a niños de entre 5 y 12 años.



Tras mostrar “Reflejos de mi alma”, Andrea comenzó a ser llamada para participar en otras exposiciones. “Ahí veo que va lindo y va enserio entonces me pongo a estudiar, y hasta hoy sigo, tomando clases con artistas conocidos de realismo, hiperrealismo”, contó la artista. Oscar Campos, Graciela Islas y Carolina Villa, fueron algunos de sus maestros de arte.


Las convocatorias siguieron llegando y para 2014 ella ya era parte del Movimiento Artístico Internacional (MAI), fundado en Colombia y que pretende unir a artistas del mundo a través de sus obras de arte. Gracias a este movimiento, Andrea expuso no sólo en Colombia sino también España, Chile, Ecuador, Italia; y hasta participó en un libro de mujeres artistas editado en España.
“Yo nunca dejé de trabajar, lo mío siempre fue trabajar y estudiar o trabajar y hacer. Es muy loco todo lo que me viene pasando y para mi tiene doble mérito por no poder dedicarme 100% al arte”, señaló ella con orgullo sobre sus logros.

Y ahí a mí se me ocurre hacerme un tapa boca artístico, habíamos hecho unos todos blancos para la óptica y me pareció muy aburrido entonces el mío lo quería artístico”.

Andrea García.

Así, mientras se desarrollaba como artista, seguía con su trabajo como contactóloga y también era parte de la fundación Vivir para Ayudar, una agrupación que llevan adelante Mónica Guevara y Claudio Goinhex y a la que llegó casi de casualidad, pero que le sirvió para canalizar su espíritu solidario. “Por poquito que sea está bueno estar comprometido. No lo pienso abandonar”, remarcó ella sobre el trabajo que comparte con los dos impulsores de la fundación pero también con Mariana Montero.
Y, justamente, con ellos fue que surgió vender tapabocas intervenidos con arte para recaudar fondos.

“Nosotros hacíamos reuniones con bingos y demás para recaudar fondos para comprar los alimentos, porque no es fácil que nos donen los supermercados porque todavía tenemos en trámite la personería jurídica. Con el encierro, de un momento para el otro, no teníamos nada y había que seguir, porque no podés de golpe dejar sin nada a la gente, entonces conseguíamos donaciones de ropa y demás, pero llegaba poco. Y ahí a mí se me ocurre hacerme un tapa boca artístico, habíamos hecho unos todos blancos para la óptica y me pareció muy aburrido entonces el mío lo quería artístico”, contó ella sobre el puntapié para la nueva forma de recaudar fondos.


La idea prendió, consiguieron hacerlos y la primera propuesta fue ofrecerlos como contraparte de las donaciones que llegaban. Lo cierto es que la confección de los tapabocas tiene su costo y allí surge la idea de venderlos y poder, por un lado, costear la confección y también recaudar fondos para ayudar a los que más necesitan. Primero comenzaron a ofrecerlos en un círculo más cerrado para no violar la cuarentena, pero luego aceitaron el mecanismo y los ofrecen a través de facebook, fijando puntos de entrega. Vendieron 500 en sólo tres semanas y la demanda sigue vigente. Con esta iniciativa no sólo lograron tener ingresos para seguir comprando canastas de alimentos y ropa de abrigo, sino que también se potenció la colecta de donaciones.


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