Así es Wamani, el refugio de 32.000 hectáreas en los Andes que combina domos, casas modulares y energía solar

En plena cordillera de Mendoza, empresarios argentinos y estadounidenses desarrollan Wamani, un sorprendente refugio autosuficiente que combina domos geodésicos, viviendas prefabricadas, energía solar y pista de aterrizaje en un paisaje de 32.000 hectáreas.

Redacción

Por Redacción

En medio de la inmensidad de la Cordillera de los Andes, en Mendoza, un proyecto arquitectónico poco convencional empieza a llamar la atención internacional. Se llama Wamani y ocupa unas 32.000 hectáreas de paisaje montañoso, una superficie que el Financial Times comparó con aproximadamente cinco veces Manhattan.

Pero más allá de su escala, lo que distingue al emprendimiento es su concepto: crear un asentamiento remoto capaz de funcionar con un alto grado de autonomía, utilizando arquitectura modular, domos geodésicos, energía solar, conectividad satelital y una pista propia para acceder a un territorio ubicado a alrededor de una hora por caminos de tierra del poblado más cercano.

Martín Varsavsky, empresario argentino-español

El proyecto fue impulsado por un grupo de empresarios argentinos y estadounidenses. Entre sus principales ideólogos se encuentra Martín Varsavsky, empresario argentino-español y fundador de compañías tecnológicas como Jazztel, quien junto con otros inversores adquirió la estancia en 2023. El Financial Times visitó y describió recientemente el lugar, que fue pensado como un eventual refugio frente a escenarios de crisis global.

Una arquitectura que busca intervenir lo mínimo posible en los Andes


En Wamani, el paisaje es el verdadero protagonista. La arquitectura se distribuye sobre una extensión extraordinaria y evita, al menos en su concepción inicial, la lógica de una urbanización tradicional.

En lugar de grandes edificios aparecen construcciones independientes y dispersas, pensadas para resolver alojamiento e infraestructura en un territorio remoto.

Según describió el Financial Times, el establecimiento cuenta con casas prefabricadas y domos geodésicos, dos sistemas particularmente adecuados para un proyecto de estas características.

La construcción modular permite reducir buena parte de los trabajos que deberían realizarse directamente en un sitio de difícil acceso. Los componentes pueden producirse previamente y luego trasladarse para su montaje, simplificando tiempos y logística.

Los domos geodésicos, por su parte, se caracterizan por una estructura formada por triángulos que distribuyen las cargas sobre toda la superficie. Su geometría permite obtener espacios interiores amplios utilizando una estructura relativamente liviana, una característica que explica su utilización frecuente en alojamientos ubicados en entornos naturales extremos.

Casas prefabricadas y domos en medio de 32.000 hectáreas


La escala territorial cambia por completo la relación entre arquitectura y paisaje.

Wamani ocupa aproximadamente 32.000 hectáreas, pero las construcciones representan apenas pequeños puntos dentro de esa superficie. No se busca llenar el territorio de edificios, sino instalar unidades capaces de funcionar de manera relativamente independiente.

Eso genera una imagen muy diferente a la de un complejo turístico convencional: pequeñas construcciones rodeadas por kilómetros de montaña y territorio prácticamente vacío.

El aislamiento es precisamente uno de los componentes centrales del diseño.

El pueblo más cercano se encuentra aproximadamente a una hora de distancia por caminos de tierra, de acuerdo con la descripción publicada por el diario británico.

Energía solar: la autonomía como parte del diseño


La sustentabilidad en Wamani no aparece solamente como una decisión estética. Es una necesidad derivada de la ubicación.

Cuando una construcción se encuentra a semejante distancia de la infraestructura urbana, disponer de fuentes propias de energía pasa a formar parte del proyecto arquitectónico.

Por eso, la energía solar ocupa un lugar central dentro del complejo.

La intención de sus propietarios es que Wamani pueda alcanzar progresivamente mayores niveles de autosuficiencia, no solamente en energía sino también en otros recursos indispensables para permanecer durante períodos prolongados en el lugar.

En ese sentido, arquitectura, ingeniería e infraestructura funcionan como partes de un mismo sistema.

Una pista de aterrizaje privada para llegar al refugio


Entre los elementos más llamativos aparece una pista de aterrizaje propia.

No se trata de un detalle menor. La distancia respecto de los centros urbanos convierte la accesibilidad en uno de los principales desafíos del proyecto.

La pista permite reducir los tiempos necesarios para acceder a la propiedad y constituye una pieza fundamental dentro de la infraestructura diseñada para mantener conectado un establecimiento deliberadamente aislado.

Así, el proyecto combina dos ideas aparentemente contradictorias: aislamiento territorial y conectividad.

Por tierra se encuentra lejos de los grandes centros urbanos; al mismo tiempo, la pista aérea y los sistemas de comunicación permiten mantener vínculos con el exterior.

Un refugio que no se parece al típico búnker


Quizás el aspecto arquitectónico más interesante de Wamani sea precisamente aquello que no es.

Cuando se habla de refugios para enfrentar escenarios extremos, la imagen habitual es la de un búnker subterráneo de hormigón, con puertas blindadas y espacios interiores completamente aislados.

Wamani responde a otra lógica.

Aquí la estrategia pasa por disponer de territorio, viviendas independientes, energía, agua, producción de alimentos, comunicaciones y movilidad.

En lugar de encerrarse bajo tierra, la propuesta busca crear las condiciones para mantener una pequeña comunidad funcionando sobre la superficie.

Por eso podría definirse más como un asentamiento autosuficiente que como un búnker tradicional.

El paisaje mendocino como parte de la arquitectura


Las construcciones están inevitablemente condicionadas por el lugar.

La amplitud del territorio, la presencia permanente de las montañas y la distancia respecto de cualquier tejido urbano hacen que la arquitectura prácticamente desaparezca frente a la escala del paisaje.

La elección de construcciones relativamente pequeñas y sistemas modulares permite además que las edificaciones tengan una presencia visual menor dentro del entorno.

El desafío es considerable: viento, amplitudes térmicas, disponibilidad de agua, logística y mantenimiento adquieren una importancia mucho mayor que en una vivienda urbana.

Cada decisión arquitectónica debe responder no solamente al diseño, sino también a la posibilidad de mantener las construcciones operativas en condiciones de aislamiento.

Por qué eligieron Mendoza para construir Wamani


Para sus impulsores, la ubicación constituye la esencia del proyecto.

Varsavsky sostiene que Argentina y el Cono Sur tienen ventajas estratégicas frente a hipotéticas crisis internacionales por su distancia respecto de los principales objetivos militares del hemisferio norte y por su capacidad de producir alimentos y energía.

“Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas”, declaró el empresario al Financial Times. Se trata de su interpretación personal del escenario geopolítico y no de una caracterización oficial.

Desde esa perspectiva, la arquitectura de Wamani fue concebida alrededor de una idea: poder permanecer en el lugar aun cuando parte de la infraestructura externa dejara de funcionar.

De los refugios de multimillonarios a una estancia en los Andes


El proyecto mendocino se inscribe dentro de una tendencia que el Financial Times relacionó con el interés de grandes empresarios tecnológicos por disponer de propiedades alejadas de las principales potencias mundiales.

Los casos de Mark Zuckerberg en Hawái y Peter Thiel en Nueva Zelanda forman parte de un fenómeno que combina arquitectura, tecnología, seguridad y grandes extensiones territoriales.

Wamani lleva esa tendencia hasta los Andes argentinos, aunque con una propuesta particular: no construir solamente un refugio, sino desarrollar un territorio potencialmente autosuficiente.

Wamani: cuando el verdadero lujo es tener espacio


Desde el punto de vista arquitectónico, quizás el elemento más impactante de Wamani no sean sus domos ni sus viviendas.

Es el vacío que existe alrededor de ellos.

En tiempos en los que buena parte de la arquitectura de lujo se mide en metros cuadrados construidos, piscinas o terminaciones, este proyecto plantea una lógica diferente: 32.000 hectáreas, kilómetros de montaña, energía propia, comunicaciones y la posibilidad de permanecer lejos de las ciudades.

La arquitectura queda reducida a lo esencial y el territorio se convierte en el verdadero protagonista.

Entre domos geodésicos, casas prefabricadas, paneles solares y una pista de aterrizaje, Wamani propone una particular reinterpretación contemporánea del refugio: no esconderse debajo de la tierra, sino construir una pequeña infraestructura capaz de funcionar en medio de la inmensidad de los Andes.


En medio de la inmensidad de la Cordillera de los Andes, en Mendoza, un proyecto arquitectónico poco convencional empieza a llamar la atención internacional. Se llama Wamani y ocupa unas 32.000 hectáreas de paisaje montañoso, una superficie que el Financial Times comparó con aproximadamente cinco veces Manhattan.

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