«La guardiana»: así es la casa de la supermodelo que construyó su refugio en Traslasierra y vive con sus perras

Del brillo de la alta costura al anonimato en las sierras de Córdoba. Historia de un cambio radical: cómo Catalina Rautenberg reinventó su vida, su trabajo y su casa en medio de la naturaleza.

Redacción

Por Redacción

Catalina Rautenberg en su casa en Traslasierra, en el monte cordobés. Fotos: De música rutera.

Hubo un tiempo en el que su nombre era sinónimo de alta costura, flashes y pasarelas internacionales. En la década del 90, Catalina Rautenberg era una de las supermodelos más icónicas de la Argentina. Sin embargo, detrás del brillo, las cámaras y los viajes, se gestaba un cambio. Al cumplir los 40 años, decidió dar un volantazo drástico: dejó Buenos Aires y se radicó en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra, Córdoba, el lugar que hoy considera su hogar definitivo, como contó en una entrevista en De música rutera.


El salto al monte: «No quería que fuera un escape»


Lejos de tratarse de una huida impulsiva por cansancio, su mudanza fue un proceso madurad y reflexivo. Ya se había recibido de diseñadora en el 2005.

La casa de Catalina se integra al monte.

«Me vine un 29 de diciembre. En realidad, cuando cumplí 40 empecé a pensar cómo quería que fueran los años que venían. Y lo primero que se me venía a la cabeza eran las sierras de Córdoba, el aire puro, el río. Este valle siempre tuvo una magia especial. Buenos Aires es una ciudad que amo, pero no la extraño nada”, dijo en una entrevista con La Nación.


«La Guardiana»: Una arquitectura emocional construida a mano


En las sierras, Catalina levantó su espacio de trabajo y vivienda, un refugio al que bautizó espiritualmente bajo un concepto muy visceral. Lejos de imponer estructuras rígidas, su hábitat dialoga de manera orgánica con la naturaleza. Ella misma define su obra así: “BASAKI nace de una arquitectura emocional construida a mano. De aprender a crear refugio allí donde no había sostén. De transformar una caja de zapatos en un piano, una rama en un objeto sagrado, un retazo en una nueva piel. Las piezas no intentan ocultar la herida: la incorporan como lenguaje”.


La integración con el entorno es tanta que la vida silvestre y los animalesforman parte de su día a día cotidiano. Entre risas, solía recordar una anécdota muy pintoresca sobre cómo se adaptó el hogar a la fauna del lugar: “Linda, que es galgo español, se metió por los barrotes de madera de mi casa y se fue quedando”.


Crear en el monte: «Creer y crear siempre han sido mis razones»

Esa urgencia por hacer con las manos la llevó a distanciarse de las etiquetas formales de la moda industrial para volcarse a un estilo más artesanal y sentido.

En su taller cordonés, con una de sus creaciones.

Sobre su mirada del diseño, dice: “Siempre he sido una persona creativa, o al menos siempre sentí que lo era… Desde muy chica fui un ser humano muy inquieto y con cualquier cosa que conseguía hacía un mundo de juego y entretenimiento”. Y agrega: “No me gusta definir mi estilo; estilo es una palabra que respeto y que conlleva muchas cosas… Sí puedo decir que mis prendas son apasionadas y sensibles, tal vez un tanto melancólicas, pero con un gran poder y mucha presencia. Y, sin embargo, nunca opacan la belleza de la mujer que las lleva”.


El verdadero lujo: la libertad, el anonimato y los nuevos proyectos

Hoy su rutina transcurre entre clases de moldería para la comunidad local, la práctica de la danza y el rescate de animales. Lejos de los exigentes tiempos del modelaje masivo, encontró en Traslasierra la paz que buscaba. Además, redobla la apuesta para el futuro: “Todo lo que tengo acá fue logrado con mucho esfuerzo. Hace poco vendí mi departamento de Buenos Aires porque estoy armando un proyecto muy grande a 20 kilómetros de acá, donde además de mudarme, voy a montar un centro creativo y de aprendizaje. Diseño, artes, tinturas naturales, cultivos…”.

Catalina en el container que instaló.

Cierra con esta reflexión sobre el anonimato: “Descubrirme como una mujer que se atrevió a materializar sus sueños, hacerlos aterrizar. La gente que me quiere bien me ve como alguien que siempre va para adelante y eso me da alegría. Y que acá, en Villa Dolores, no terminen nunca de sacarme la ficha, ni puedan encuadrarme, también me gusta mucho. Uno no se tiene que ir muy lejos de su corazón«.

Contacto: https://www.instagram.com/catarautenberg/?hl=es

Entrevista original de De música rutera


Catalina Rautenberg en su casa en Traslasierra, en el monte cordobés. Fotos: De música rutera.

Hubo un tiempo en el que su nombre era sinónimo de alta costura, flashes y pasarelas internacionales. En la década del 90, Catalina Rautenberg era una de las supermodelos más icónicas de la Argentina. Sin embargo, detrás del brillo, las cámaras y los viajes, se gestaba un cambio. Al cumplir los 40 años, decidió dar un volantazo drástico: dejó Buenos Aires y se radicó en Villa Dolores, en el Valle de Traslasierra, Córdoba, el lugar que hoy considera su hogar definitivo, como contó en una entrevista en De música rutera.

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