Este refugio escondido en un paraíso de la Patagonia cambió la arquitectura de montaña y la manera de disfrutar de la cordillera
Sin luz, agua ni señal: así se proyectó y construyó el Agostino Rocca a 1.400 metros de altura. Del armado previo a 80 km en un taller en Bariloche a una logística de vuelo en helicóptero milimétrica para trasladar el material y crear un 'hotel de altura' en la ladera este del cerro Tronador. Pese a las voces que advertían que era una obra faraónica que no iba a funcionar, cada año atrae a miles de turistas que dan sus primeros pasos en los senderos del sur.

.La misión: construir en la montaña un refugio de dos plantas y 340 metros cuadrados a 1432 metros sobre el nivel del mar y a 80 kilómetros de Bariloche sin contar entonces con electricidad, agua ni señal de celular. Lo primero fue caminar, mirar, debatir, elegir un punto estratégico en Paso de las Nubes, sobre un morro que se mete en un valle como la proa de un barco, con vista a picos nevados y glaciares de la Patagonia. Proyectar. Y decidirse por un sistema de construcción en seco.

Diseñar una estrategia como la de un enorme Tetris para que la mano experta de Hernán, el piloto del helicóptero, dejara la carga de material en anillos dispuestos por orden de utilización: arena, cemento, ripio, las vigas, los paneles, las chapas.
Avisarle por radio que ajuste 50 centímetros a la derecha o a la izquierda antes de descargar. Y ver cómo dirigía la linga al lugar justo.Y asombrarse, cada vez, de su precisión en la aproximación final
Embalar y preparar cada detalle de cada vuelo, porque cada kilo costaba un dólar y porque la aeronave solo estaría disponible unas tres semanas antes de partir a otra tarea en una plataforma petrolera en el mar del sur.


Acarrear los alimentos y bebidas para los trabajadores y todos los insumos que no llegaban por aire durante cuatro horas de trekking en ascenso por una senda que promedia un metro de ancho desde Pampa Linda, hasta donde llegaban los vehículos y desde donde despegaba el helicóptero.
Dormir en carpa mientras avanzaba la obra hasta que las primeras paredes permitieran descansar adentro, como hicieron los 20 albañiles, técnicos y profesionales que se rotaban por turnos. Entre ellos, a cargo allá arriba cuatro meses, el ingeniero Gustavo Grandi, que bajó cinco kilos. Dos veces por semana subía el arquitecto Maxi Álvarez, responsable de la dirección de obra. Lo mismo, a última hora al salir del estudio o bien temprano antes de abrirlo, hacía el abogado Martín Joos para ver qué hacía falta. Por entonces era el presidente ad honorem del Club Andino Bariloche (CAB).


A esos y otros desafíos de la arquitectura de montaña tuvieron que dar respuesta quienes construyeron el refugio Agostino Rocca inaugurado el 28 de abril del 2012. Es el más completo e innovador todos los que integran la red del CAB, la más importante del país.
«Montañistas locales dijeron que era una obra faraónica, demasiado grande, que no iba a funcionar. Y nosotros mirábamos para adelante, decíamos que en todo el mundo el montañismo, el trekking y el senderismo crecían, que cada vez hay más gente buscaba ir a la naturaleza, que eso también iba a pasar acá. Y es lo que ocurrió. Y después de la pandemia, fue una explosión»
Martín Joos, presidente del Club Andino Bariloche entre 2012 y 2017
Un refugio en homenaje a Agostino Rocca
Lleva ese nombre en homenaje al presidente de Techint que falleció el 28 de abril de 2001 en una tragedia aérea cuando el avión en el que viajaba rumbo a Trelew para seguir viaje desde ahí hasta el glaciar Perito Moreno cayó a tierra en un campo inundado de Roque Pérez, en la provincia de Buenos Aires. Otros nueve pasajeros y el piloto perdieron la vida, entre ellos el periodista Germán Sopeña, secretario general del diario La Nación, y el director de Parques Nacionales, José Luis Fonrouge.
El holding pasó a ser liderado entonces por su actual conductor, Paolo Rocca, también italiano del norte, montañista y apasionado por la Patagonia.


El grupo industrial había decidido financiar la construcción de un refugio para rendir tributo a su memoria.
Primero pensaron hacerlo en El Chaltén, pero no fue posible. Directivos del CAB los contactaron para levantarlo en el Paso de las Nubes, ya que podían conseguir la autorización de Parques Nacionales y el Poder Ejecutivo de la Nación, lo que llevó largos años de estudios ambientales y trámites antes de obtener los avales para encarar la obra en el Parque Nacional Nahuel Huapi.
El grupo Techint aceptó y decidió invertir un millón de dólares. El 28 de abril del 2011, con la presencia de Paolo Rocca, se colocó la piedra fundamental, que hoy brilla en el interior del refugio. Y pese a que el 4 de junio de ese año el volcán Puyehue entró en erupción y una nube negra cubrió Bariloche, el Paso de las Nubes no quedó en la ruta de las cenizas y la cuadrilla pudo empezar a trabajar.
Comenzaba a tomar forma un viejo sueño de los andinistas de Bariloche: contar con un refugio en ese punto de la Patagonia tan lindo como estratégico. Incluso, como relata Martín Joos, varias décadas atrás una leyenda de la montaña como Manolo Puente intentó instalar un vivac y llegó a levantar una estructura que quedó inconclusa. Su hijo Alvar, también un gran montañista, tomó la posta después, pero no logró obtener el financiamiento necesario.
«Una obra faraónica que no va a funcionar»
Con el aporte de Techint, la obra se haría realidad. Y pese a que montañistas y guías locales la calificaban como una obra faraónica y dudaban de que funcionara, ocurrió lo contrario, como explica el Martín Joos, motor de la concreción del proyecto mientras era parte del CAB y apasionado por la cordillera como la mayoría de los protagonistas de esta historia, que crecieron en refugios a los que solo llegaban los andinistas, cuando todo era más rústico y sobraba mística pero faltaba infraestructura.
Cada verano, unos cinco mil montañistas experimentados o principiantes pernoctan en el refugio levantado en la ladera este del cerro Tronador, esa maravilla de la Patagonia que debe su nombre al sonido que generan los hielos que caen de sus glaciares.
Algunos de esos visitantes, los menos, son expertos en travesías en las alturas. La mayoría aprovecha una escapada de primavera (cuando reabre tras permanecer cerrado en el invierno) o las vacaciones de verano para dar sus primeros pasos en la montaña.
En este caso, una caminata de 14 kilómetros de dificultad baja-media que insume entre cuatro y seis horas según el ritmo de marcha desde Pampa Linda, el valle que hace honor a su nombre.

Son parte de una tendencia que se acentuó en los últimos años y se aceleró con la pandemia: los refugios, los senderos y el montañismo ya no son solo para los andinistas expertos. Cada vez más turistas se animan a vivir la experiencia cordillera.
-Y me parece buenísimo. La idea del Club Andino Bariloche siempre fue fomentar el amor a la montaña. Y la montaña nadie la puede cuidar si no la conoce -dice Martín Joos.
El arquitecto Maxi Álvarez coincide al 100% con esa idea: «Los refugios en la cordillera dejaron de ser para un sector y ahora son turísticos para gente que busca otro tipo de vacaciones en contacto con la naturaleza. Así conocen la montaña, la vuelven a elegir y la cuidan», dice.
El arquitecto repara además en el hecho de que los guías, incluso los que se oponían, cuentan para sus travesías con un punto clave para aprovisionarse, comer y descansar. Todo este cambio trajo otra novedad a la que no todos se acostumbran pero ordena la temporada: las reservas. «Evitan los desbordes y sabés que si la hacés, vas a tener un lugar», explica.
Notó otros impactos: “Iba dos veces por semana a la obra, subía y bajaba caminando. Al principio toda la senda encontrabas baños espontáneos, fogones en cualquier lado. Y ahora la gente va al refugio: desaparecieron los baños y fogones espontáneos. El refugio termina siendo como un factor de orden dentro de lo que es la montaña”, dice.
Como un hotel de altura
El concepto del refugio Agostino Rocca se acerca más al de un hotel de altura que a un refugio como los pioneros. Por ejemplo, los visitantes ya no pueden turnarse en la cocina para prepararse la comida porque hay cocineros que preparan los platos que sirven en un comedor de cara al paisaje que dejan ver los ventanales. Tampoco duermen todos juntos en el mismo ambiente cada uno en su colchón, sino que hay diez habitaciones, cada una con ocho camas. Así, los grupos de amigos o familiares pueden disfrutar de un espacio propio a la hora del descanso.
Como detalla el arquitecto Maxi Álvarez, luego de investigar y analizar, se optó por el sistema de construcción en seco, perfilería metálica y cerramiento de los tabiques con placas de madera en el interior y chapa hacia el exterior. El interior de los tabiques quedó ocupado por las aislaciones reforzadas.

La iluminación, la cocina y la calefacción funcionan a través de la energía que provee una turbina hidroeléctrica instalada en un cauce de agua a unos 500 metros.
La decisión de utilizar un sistema en seco tuvo un valor adicional: eso optimizaba la forma de llevar esos materiales en camión hasta Pampa Linda, donde permanecieron embalados a salvo de las lluvias hasta que los trasladó el helicóptero al Paso de las Nubes.
La aeronave también transportó los accesorios como artefactos sanitarios, cocinas, colchones, entre otros. En base a esos viajes casi 260 viajes de nueve minutos en helicóptero se planificaron las etapas de la construcción.
Nueve meses de trabajo y la frase de Paolo Rocca que los desafió: «No van a llegar a tiempo»
La obra se concretó en nueve meses: en los primeros cinco, en el taller en Bariloche se prepararon los tabiques de piso, paredes, entrepiso y cabios de techos con todas sus instalaciones y el resto de la estructura. Los cuatro meses siguientes fueron dedicados a la construcción en altura.

Durante una visita en aquel verano, Paolo Rocca dijo que lo quería inaugurar el 28 de abril del 2012, pero que por lo que veía no iban a poder llegar a a tenerlo listo para esa fecha.
La frase sumó una motivación adicional para quienes llevaron adelante la obra, que pueden decir con orgullo que cumplieron con ese compromiso y también que supieron anticiparse a una tendencia turística y construir un refugio a la altura de los nuevos tiempos.
Ficha técnica
- Refugio de montaña Agostino Rocca
- Ubicación: Paso de las Nubes, en la ladera este del cerro Tronador, a 80 km de Bariloche.
- Superficie: 340 m2 Capacidad: 80 plazas (10 habitaciones) salón comedor, estar, cocina, baños, enfermería, sala de radio, depósito y dependencias para los refugieros.
- Energía: Hidroeléctrica (turbina a 500 m)
- Inauguración: 28 de abril de 2012
Más información:
refugioagostinorocca.com
Cómo llegar al refugio Agostino Rocca en Bariloche
Permanece cerrado en el invierno, reabre en primavera, en noviembre .

- La picada al refugio comienza en Pampa Linda, a 80 km de Bariloche.
- Para llegar vas por la ruta 40 hacia el sur, hacés aproximadamente 35 km hasta el desvío a Tronador, tomás el desvío por un camino de ripio y a los 10 km de comenzado el mismo llegás a otro desvío, lugar llamado Los Rápidos (último lugar con señal de celular).
- En Los Rápidos ay que tomar hacia la derecha como indica el cartel que dice “al Tronador”.
En auto
- A partir de este punto el camino tiene un horario.
- Subida unicamente: de 10:30 a 14 hs desde Los Rápidos.
- Bajada únicamente: de 16 a 18 hs desde Pampa Linda.
- Doble mano: 19:30 a 9 hs.
- Prohibo subir entre las 14 y las 19:30 hs
- Luego de 35 km de hermosos paisajes llegarás a Pampa Linda. A pocos metros de la puerta de la casa del Guardaparques vas a ver un cartel, una huella de auto y una tranquera donde comienza la picada.
Con el mini bus
- Algunas agencias ofrecen el servicio de transporte hacia Pampa Linda. Salen temprano a la mañana y regresan a Bariloche por la tarde.
- Más información: +54 9 2944 213932 / +54 9 2944608581
La senda
- Dificultad: fácil/media (de noviembre a abril).
- Distancia: 14 km.
- Desnivel: 710 msnm.
- Tiempo de Marcha: 4 a 6 hs.
- Partiendo desde la tranquera a metros de la casa del Guardaparques comienza la huella de auto que después de 3 km te lleva hasta el río Castaño Overo, lo cruzás por el puente peatonal y seguís el camino que va ascendiendo un poco (este tramo de la senda se comparte con la senda del refugio Meiling, los desvíos están bien señalizados para cada refugio). Aproximadamente a 800 mts vas a encontrar un cartel que marca el desvío al Paso de las Nubes, Refugio Agostino Rocca y Lago Frías.
- Tomás este desvío que sale hacia la derecha y después de 700 mts vas a llegar al río Alerce. La picada continúa siempre bordeando el río, por momentos pegada a sus orillas y por otros un poco alejada.
- Luego de recorrer unos 5 km bordeando el río, llegás al puente que lo cruza. Desde allí en pocos minutos, y después de bordear el mallín por la izquierda (ya no te mojás los pies como antes), la picada comienza de a poco a subir con mayor pendiente hasta que sin darte cuenta ya estamos en el “caracol” (subida en forma de zigzag con pendiente pronunciada).
- Después de superarlo la picada asciende en forma más suave con subidas y bajadas variadas atravesando algún cañadón de piedra y pequeños mallines, hasta finalmente llegar a un gran mallín de pastos verdes desde donde en lo alto se puede ver el refugio ya muy cerca. Atravesando el mallín y siguiendo las marcas que suben hacia la izquierda en 5 minutos estarás en el Refugio.
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.La misión: construir en la montaña un refugio de dos plantas y 340 metros cuadrados a 1432 metros sobre el nivel del mar y a 80 kilómetros de Bariloche sin contar entonces con electricidad, agua ni señal de celular. Lo primero fue caminar, mirar, debatir, elegir un punto estratégico en Paso de las Nubes, sobre un morro que se mete en un valle como la proa de un barco, con vista a picos nevados y glaciares de la Patagonia. Proyectar. Y decidirse por un sistema de construcción en seco.
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