Manu Berraz, Neuroarquitecta: “Una iluminación cálida reduce el cortisol”
La neuroarquitecta plantea que el entorno es procesado por el cerebro incluso antes de que exista un pensamiento consciente. En ese sentido, variables como la iluminación, las proporciones o los materiales generan respuestas automáticas en el cuerpo.
La neuroarquitectura y el diseño de interiores, cada vez ganan más protagonismo. Es un enfoque que va más allá de la estética: cómo los espacios impactan en el cerebro y las emociones. En ese marco, la neuroarquitecta Manu Berraz sostiene que aspectos aparentemente simples, como la luz, pueden tener un efecto directo en el bienestar.
“El diseño no es solo forma ni función. Es emoción”, resume la especialista, al explicar que cada decisión proyectual influye en cómo las personas se sienten dentro de un espacio.
El cerebro percibe antes de pensar
Desde la Neuroarquitectura, Berraz plantea que el entorno es procesado por el cerebro incluso antes de que exista un pensamiento consciente. En ese sentido, variables como la iluminación, las proporciones o los materiales generan respuestas automáticas en el cuerpo.
“Una iluminación cálida reduce el cortisol”, afirma, en referencia a la hormona asociada al estrés. Así, pequeños cambios en el ambiente pueden influir directamente en el estado emocional.
Espacios que regulan el sistema nervioso
La neuroarquitectura estudia justamente ese impacto: cómo el diseño puede regular el sistema nervioso y generar sensaciones de seguridad, calma o, por el contrario, tensión y sobreestimulación.
Para la especialista, la diferencia entre un espacio que simplemente “se ve bien” y uno que “se siente bien” es fundamental. El objetivo no es solo lograr una buena estética, sino crear entornos que acompañen a las personas en su vida cotidiana.
Luz, proporciones y materiales
Entre los factores clave, la iluminación ocupa un lugar central. La luz cálida favorece la relajación, mientras que una correcta proporción de los espacios transmite seguridad. A esto se suma el peso visual de los materiales y la forma en que las personas circulan dentro de un ambiente.
Estos elementos, combinados, construyen una experiencia integral que el cuerpo percibe de manera inmediata.
La respuesta estética del cuerpo
Desde la neurociencia, este fenómeno se conoce como “respuesta estética primaria”: una reacción automática frente a un estímulo, antes de cualquier análisis racional.
Por eso, hay espacios que invitan al silencio, a bajar el ritmo o a sentirse en calma sin una explicación consciente. La luz natural, los materiales nobles y la armonía del diseño pueden activar estas respuestas de forma directa.
La mirada que propone la neuroarquitectura va mucho más allá de lo visual. Se trata de una forma de habitar los espacios y de conectarse con lo que cada persona necesita para su bienestar.
“Los espacios que realmente importan no son los más caros ni los más fotografiados, sino los que logran generar una experiencia”, concluye Berraz.
En un contexto donde el estrés y la sobreestimulación son cada vez más frecuentes, este enfoque se posiciona como una herramienta clave para diseñar ambientes que no solo se ven bien, sino que también mejoran la calidad de vida.
La neuroarquitectura y el diseño de interiores, cada vez ganan más protagonismo. Es un enfoque que va más allá de la estética: cómo los espacios impactan en el cerebro y las emociones. En ese marco, la neuroarquitecta Manu Berraz sostiene que aspectos aparentemente simples, como la luz, pueden tener un efecto directo en el bienestar.
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