El resultado de las elecciones griegas luce incierto
Alexis Tsipras, con su oratoria de corte netamente populista, alguna vez encendió los corazones de la izquierda griega y mundial. Hasta nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner –que nunca logró entender cómo funciona efectivamente el mundo y que, emotiva, se dejó subyugar por las ideas de Hugo Chávez y Fidel Castro– salió a aplaudirlo con ganas cuando parecía que, aún desafiante, Tsipras de pronto se llevaba al mundo entero por delante. No obstante, enfrentado de pronto con la verdad y con la realidad, Tsipras terminó, como se sabe, inclinándose finalmente por acordar con sus acreedores un tercer “paquete” de rescate en términos realmente muy distintos de los que el propio Tsipras había equivocadamente preconizado. Por ello, ante la deserción de sus colaboradores, debió renunciar a ser primer ministro y convocar a elecciones parlamentarias adelantadas, las que tendrán lugar el próximo 20 de septiembre. Su partido se pulverizó en mil pedazos. Muchos de los dirigentes que originalmente lo acompañaron se rebelaron y separaron, dándole brutalmente la espalda, y hoy han conformado una nueva agrupación de izquierda radical: la Unidad Popular, liderada por su exministro Panagiotis Lafazanis y compuesta por los “duros” que le reprocharon haber finalmente cedido a las presiones de la Unión Europea. Hoy ellos postulan y pretenden salir de la Unión Europea y volver al dracma, abandonando el euro. Dejar a Europa de costado, entonces, y seguir haciendo todo lo que los llevó a una crisis sin otra salida que la finalmente convenida. Pero Tsipras no está políticamente muerto ni enterrado. Las encuestas sugieren que aún puede ganar las elecciones que se aproximan. Por escaso margen, ciertamente. Pero podría lograrlo. Se impondría sobre el centro, la Nueva Democracia, dirigida ahora por Vangelis Meimarakis, por uno o dos puntos porcentuales. Por nada. Sucede que ya no tiene los diez a 12 puntos de liderazgo que tuvo en junio pasado, cuando se dedicó a vender ilusiones con gran éxito. Pero puede imponerse y continuar con el timón griego en sus manos, debiendo sin embargo negociar a cada paso en el parlamento de su país. Incómodo. Fracasado pero no vencido. Por ahora, al menos. Hace pocos meses un 61% de los griegos creía en él. Hoy apenas logra adeptos que representan un 29% del electorado. Poco y nada. Ocurre que el 79% de los votantes se dice “desilusionado” por Tsipras. Y no sin buenas razones. Resultó apenas un vendedor más de ilusiones. Además, un 70% de los griegos admite que lo acordado por Tsipras con los acreedores de Grecia es más duro que lo que hubieran logrado sus predecesores. Triste, pero las cosas son así. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)
Alexis Tsipras, con su oratoria de corte netamente populista, alguna vez encendió los corazones de la izquierda griega y mundial. Hasta nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner –que nunca logró entender cómo funciona efectivamente el mundo y que, emotiva, se dejó subyugar por las ideas de Hugo Chávez y Fidel Castro– salió a aplaudirlo con ganas cuando parecía que, aún desafiante, Tsipras de pronto se llevaba al mundo entero por delante. No obstante, enfrentado de pronto con la verdad y con la realidad, Tsipras terminó, como se sabe, inclinándose finalmente por acordar con sus acreedores un tercer “paquete” de rescate en términos realmente muy distintos de los que el propio Tsipras había equivocadamente preconizado. Por ello, ante la deserción de sus colaboradores, debió renunciar a ser primer ministro y convocar a elecciones parlamentarias adelantadas, las que tendrán lugar el próximo 20 de septiembre. Su partido se pulverizó en mil pedazos. Muchos de los dirigentes que originalmente lo acompañaron se rebelaron y separaron, dándole brutalmente la espalda, y hoy han conformado una nueva agrupación de izquierda radical: la Unidad Popular, liderada por su exministro Panagiotis Lafazanis y compuesta por los “duros” que le reprocharon haber finalmente cedido a las presiones de la Unión Europea. Hoy ellos postulan y pretenden salir de la Unión Europea y volver al dracma, abandonando el euro. Dejar a Europa de costado, entonces, y seguir haciendo todo lo que los llevó a una crisis sin otra salida que la finalmente convenida. Pero Tsipras no está políticamente muerto ni enterrado. Las encuestas sugieren que aún puede ganar las elecciones que se aproximan. Por escaso margen, ciertamente. Pero podría lograrlo. Se impondría sobre el centro, la Nueva Democracia, dirigida ahora por Vangelis Meimarakis, por uno o dos puntos porcentuales. Por nada. Sucede que ya no tiene los diez a 12 puntos de liderazgo que tuvo en junio pasado, cuando se dedicó a vender ilusiones con gran éxito. Pero puede imponerse y continuar con el timón griego en sus manos, debiendo sin embargo negociar a cada paso en el parlamento de su país. Incómodo. Fracasado pero no vencido. Por ahora, al menos. Hace pocos meses un 61% de los griegos creía en él. Hoy apenas logra adeptos que representan un 29% del electorado. Poco y nada. Ocurre que el 79% de los votantes se dice “desilusionado” por Tsipras. Y no sin buenas razones. Resultó apenas un vendedor más de ilusiones. Además, un 70% de los griegos admite que lo acordado por Tsipras con los acreedores de Grecia es más duro que lo que hubieran logrado sus predecesores. Triste, pero las cosas son así. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora