“Así se hace la revolución”
Jacobacci. Uno de los pueblos de la Línea Sur. Estoico, castigado, duro, olvidado tantas veces de la mano del hombre. Tremendos vientos la recorren, implacables fríos la agarrotan con dedos de hielo. En toda esa región las cenizas del volcán hicieron estragos, arrasaron con el ganado y con sus pasturas. Hay que ser guapo para vivir allí. Y sin embargo, muchos y muchas habitan ese pueblo. Y a fuerza de persistir lograron hace muy poco una suerte de milagro. De la desgracia de la nevazón volcánica obtuvieron el material para la ruca ecológica que construyeron. Una gran casa para todos, para estudiar, para reunirse, para comunicarse. Sus paredes las conforman cientos de bolsas de ceniza apretada, luego revestidas, que son un símbolo de lucha contra lo adverso. La mano de Nación, cuenta el intendente, les dio lo que faltaba y la TV Digital (ese emprendimiento magnífico que une al país, con las imágenes que llegan gratuitamente hasta lo más recóndito y que coordina nuestro querido cumpa Osvaldo Nemirovsci) dio el broche con la gran pantalla que en la Ruca instalaron. El trabajo de la CNC les aportó internet de alta calidad. El pueblo festeja la inclusión en el mundo. Las palabras de la abuela mapuche, la abuela Cona, emocionaron hasta el viento: “Quizá tatita Dios quiso que la ceniza llegara a juntarnos en este día y por eso la mandó”. Imposible no emocionarse. Lo transmitía la tevé rionegrina y quizá haya pasado desapercibido para la mayoría. Pero no para ellos, el pueblo de allí, ni para los conmovidos técnicos que cooperaron, más la comunidad íntegra, de la que no faltó ni el plantel completo de rugby del lugar, que se sumó a palear ceniza codo a codo con el resto. Mirando este documento tuve, además de la emoción honda, otra vez la repetida convicción de que así se hace la revolución, esa tantas veces vociferada (“bien cerca del refrigerador”, diría Silvio). No es otra cosa la siempre declamada. Sin odio, paso a paso, cotidianamente, mano a mano, todos con todos, contra viento y marea, volando por sobre el enemigo de derecha o de la llamada “izquierda”, esa misma que quizá podría obtener de esta experiencia más de una lección de esas que escapan de los libros. Tal vez la más grande de todas, la que la reúna alguna vez con el pueblo, ese soberano a quien nunca llegan ni entienden. Aquella clase magistral de vida que no hay “capital” que enseñe. El ser revolucionario, de verdad, estuvo en Jacobacci en estos días. Alejandro Flynn DNI 12.566.136 Neuquén
Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 Neuquén