“Asignación familiar y el uno a uno”
Cuando uno observa los 90 y la receta mágica del uno a uno y a su vez recuerda en qué contexto y cómo se tomaron esas medidas, es indudable que fueron en primera instancia un paliativo para detener una crisis que nuestro país atravesaba, crisis que sin lugar a dudas pone a los que asumieron el gobierno como los principales responsables del desborde social provocado en aras de arribar al poder, y hacer lo que luego hicieron. Podríamos adentrarnos en detalles internacionales y planificaciones que el Banco Mundial o el FMI tenían previstas para estas zonas y cómo se llevaron a cabo por parte de los cipayos argentinos y de otros países vecinos, pero creo que lo podemos dejar para otro momento. Volviendo al tema del uno a uno, lo que se apreció como una buena idea para frenar la locura inflacionaria y demanda de dólares se puede emparentar con los planes sociales que sin lugar a dudas vinieron a frenar en una primera instancia necesidades básicas de millones de argentinos, que casualmente estaban en la ruina económica y social gracias a los resultados de las políticas neoliberales llevadas a cabo por los militares del 76 al 82, el menemismo y el gobierno de De la Rúa. El uno a uno en realidad tenía previsto lo que luego sucedió: la venta de todo el patrimonio argentino por dos monedas y el quebranto de nuestra actividad productiva, con la consecuencia de la sustitución de producción local por importaciones masivas. Así fue concebido y así actuó y sirvió a sus mentores. El verso que nos comimos fue que servía para parar la pelota. Si el uno a uno hubiera surgido para ayudar y rehacer nuestra economía, debería haber durado no más de dos a tres años. De La Rúa siguió por el mismo camino y ya sabemos cómo termino la cosa. Con respecto a los planes sociales, uno espera que se implementen para una emergencia y evitar que nuestros compatriotas se mueran de hambre, pero en paralelo sea el Estado quien genere a través de acuerdos sociales y económicos las condiciones para que ese argentino recupere lo mas rápido posible su estatus de ser libre, tener trabajo y recuperar su autoestima y su familia, ya que si hay algo que el neoliberalismo deja a su paso es una fractura social tan grande que hace perder la visión de familia y unión de la misma para tirar todos para un mismo lado. Hoy tristemente se puede verificar que millones de argentinos siguen cobrando asignaciones familiares y planes sociales que hace rato deberían de haberse convertido en trabajo genuino, educación y salud. Claro que también los hubiera hecho libres y, si bien no creo en la ingratitud de quien uno saca de la miseria, es más creo que votarían a dos manos al que los sacó de la misma, entiendo también que muchos se tientan a mantenerlo en ese estado de vulnerabilidad para usarlo a su antojo, cosa que me parece tan maquiavélica como las peores políticas de los 90. Los planes sociales, si se extienden en el tiempo, no le sirven a ningún argentino, ni al que recibe el plan, ni al que no lo recibe y ayuda con sus impuestos. Y así, como pasó con el uno a uno, pueden provocar un efecto exactamente contrario al que se decía buscar con estas medidas. Habiendo trabajado con otras personas en proyectos de toma de mano de obra masiva –que parecen no interesar a los gobernantes– y sabiendo que existen muchos proyectos más en toda la Argentina, me duele ver cómo millones de compatriotas siguen en este derrotero de recibir estas migajas, que en definitiva los hacen más pobres y más dependientes día tras día. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche
Cuando uno observa los 90 y la receta mágica del uno a uno y a su vez recuerda en qué contexto y cómo se tomaron esas medidas, es indudable que fueron en primera instancia un paliativo para detener una crisis que nuestro país atravesaba, crisis que sin lugar a dudas pone a los que asumieron el gobierno como los principales responsables del desborde social provocado en aras de arribar al poder, y hacer lo que luego hicieron. Podríamos adentrarnos en detalles internacionales y planificaciones que el Banco Mundial o el FMI tenían previstas para estas zonas y cómo se llevaron a cabo por parte de los cipayos argentinos y de otros países vecinos, pero creo que lo podemos dejar para otro momento. Volviendo al tema del uno a uno, lo que se apreció como una buena idea para frenar la locura inflacionaria y demanda de dólares se puede emparentar con los planes sociales que sin lugar a dudas vinieron a frenar en una primera instancia necesidades básicas de millones de argentinos, que casualmente estaban en la ruina económica y social gracias a los resultados de las políticas neoliberales llevadas a cabo por los militares del 76 al 82, el menemismo y el gobierno de De la Rúa. El uno a uno en realidad tenía previsto lo que luego sucedió: la venta de todo el patrimonio argentino por dos monedas y el quebranto de nuestra actividad productiva, con la consecuencia de la sustitución de producción local por importaciones masivas. Así fue concebido y así actuó y sirvió a sus mentores. El verso que nos comimos fue que servía para parar la pelota. Si el uno a uno hubiera surgido para ayudar y rehacer nuestra economía, debería haber durado no más de dos a tres años. De La Rúa siguió por el mismo camino y ya sabemos cómo termino la cosa. Con respecto a los planes sociales, uno espera que se implementen para una emergencia y evitar que nuestros compatriotas se mueran de hambre, pero en paralelo sea el Estado quien genere a través de acuerdos sociales y económicos las condiciones para que ese argentino recupere lo mas rápido posible su estatus de ser libre, tener trabajo y recuperar su autoestima y su familia, ya que si hay algo que el neoliberalismo deja a su paso es una fractura social tan grande que hace perder la visión de familia y unión de la misma para tirar todos para un mismo lado. Hoy tristemente se puede verificar que millones de argentinos siguen cobrando asignaciones familiares y planes sociales que hace rato deberían de haberse convertido en trabajo genuino, educación y salud. Claro que también los hubiera hecho libres y, si bien no creo en la ingratitud de quien uno saca de la miseria, es más creo que votarían a dos manos al que los sacó de la misma, entiendo también que muchos se tientan a mantenerlo en ese estado de vulnerabilidad para usarlo a su antojo, cosa que me parece tan maquiavélica como las peores políticas de los 90. Los planes sociales, si se extienden en el tiempo, no le sirven a ningún argentino, ni al que recibe el plan, ni al que no lo recibe y ayuda con sus impuestos. Y así, como pasó con el uno a uno, pueden provocar un efecto exactamente contrario al que se decía buscar con estas medidas. Habiendo trabajado con otras personas en proyectos de toma de mano de obra masiva –que parecen no interesar a los gobernantes– y sabiendo que existen muchos proyectos más en toda la Argentina, me duele ver cómo millones de compatriotas siguen en este derrotero de recibir estas migajas, que en definitiva los hacen más pobres y más dependientes día tras día. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
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