Atardecer en el mar: excursión al interior de la bahía San Antonio

El sol se recuesta sobre el mar y la naturaleza parece suspenderse. Es como si la humedad lo fuera invadiendo y de a poco su fuego se apagara. Ahora queda un vestigio luminoso sobre el agua. Como brasas que siguen ardiendo y por unos instantes tiñen de un naranja perlado lo que queda de la tarde… El agua, el cielo, la gente, la embarcación… Todos envueltos en la misma luz… Pero es sólo un momento, porque justo antes de tocar tierra las sombras de la noche se devoran la escena que, si no hubiera sido presa de las cámaras y las retinas del grupo, quedaría reducida a una alucinación.

Es ese momento. Aunque hay más imágenes que capturar a lo largo del paseo. Claro que si se tratara solamente de ese instante bien valdría la pena el traslado y la navegación. Porque mirar la puesta desde el mar, como un espectador privilegiado de un fenómeno habitual que se convierte en único en ese marco de ensueño, no es una experiencia para dejar pasar.

La propuesta es simple: embarcarse, poco antes de la caída del sol, en el semirrígido Marnatal, que parte desde la estación náutica ubicada en el Mirador Norte del Puerto San Antonio Este, que está a 65 km de Las Grutas por Ruta 3.

Luego, tras efectuar una navegación de 3 millas por el interior de la bahía San Antonio en dirección al este, recorriendo y descendiendo en playas inaccesibles desde la costa, se regresa, justo al registrarse el ocaso.

Ese retorno, en el que desandan las 3 millas que se atravesaron, es el que regala las mejores postales de la finalización del atardecer. Ya en tierra la noche se recibe con una degustación de mariscos y un brindis en el parador Serena, que es propiedad del mismo prestador.

La recorrida que se efectúa al salir de la costa es digna de disfrutar.

La primera ‘estación’ es Punta Perdices, una playa agreste en la que la arena convive con pequeñas conchillas, y el mar llega calmo. En este punto no se desciende, ni tampoco en el segundo que se visita.

Es que se trata de un islote conocido como Isla de los Pájaros, en el que nidifican gaviotines y gaviotas de distintas especies, como cocineras, moras, cangrejeras… El lugar es tan vulnerable desde el punto de vista ecológico que sólo admite ser curioseado desde el agua.

Donde sí se realiza una parada es en un sector conocido como La Cuadra, un nombre que más que nada es conocido por los que navegan por la zona, ya que a esa playa sólo puede arribarse desde una embarcación, porque no posee vías de acceso fáciles desde la costa. Aquí los espartillares, esa vegetación grácil que crece en agua salobre, dibujan un paisaje increíble, que convive con jarillas y otras especies típicas de la zona. Luego de una recorrida de interpretación, se regresa a la nave porque la tarde espera, y la idea es compartir a pleno sus últimas luces.

Luego del regalo que depara la puesta, otra delicia aguarda, que esta vez confortará tanto el espíritu como el paladar: una “panzada” de mariscos frescos regados por un brindis, para celebrar el comienzo de un anochecer que puede terminar, si las condiciones lo permiten, en una velada en el mismo parador, amenizada por la observación, a través de un telescopio, del cielo estrellado con el que se lucen las nochecitas patagónicas.

“Nos encantó la propuesta.
Disfrutar desde el mar de estos paisajes fue una experiencia mágica”.

Candelaria, una de las pasajeras de la excursión.

Gastronomía

de mar

Características y datos para tener en cuenta

La navegación es una vivencia en sí misma. Se parte en dirección al este, por el interior de la bahía. Delfines, lobos marinos y pingüinos pueden acompañar el derrotero.

Observar el ocaso desde el mar, mientras la naturaleza despliega su magia y el viento salobre se arremolina en torno al semirrígido, es una experiencia única.

“La navegación de ida dura un poco más de una hora. Al regreso nos espera la puesta. Muchos fotógrafos aficionados contratan la salida”.

Agustín, el prestador náutico que ofrece el servicio.

Voy + Travesía

En números

Datos

“Nos encantó la propuesta.
Disfrutar desde el mar de estos paisajes fue una experiencia mágica”.
En el parador Serena, que está abierto de 8 a 24, siempre hay platos para compartir, propuestos en base a la pesca del día.
Un besugo entero al plato con guarnición, para compartir, sale $ 250. También hay una variada carta de bebidas.
Otra opción son los langostinos salteados con aceite de oliva y tomillo silvestre, también para compartir, por $ 280.
Como la excursión se realiza al atardecer, saliendo entre las 18:30 y las 19, es necesario reservar con antelación.
Lo ideal es llevar calzado cómodo, que pueda mojarse, y un abrigo para el regreso, porque suele refrescar.
Aunque los adultos disfrutan a pleno del paseo, también es apto para chicos, que aman las actividades al aire libre.
La excursión culmina con una degustación y brindis en el parador Serena. Los que quieran quedarse podrán seguir disfrutando de la noche.
La firma que realiza el paseo es Rupestre Patagonia. Celular de contacto (2934) 461280 y el mail rupestrepatagonia@ gmail.com
La navegación es una vivencia en sí misma. Se parte en dirección al este, por el interior de la bahía. Delfines, lobos marinos y pingüinos pueden acompañar el derrotero.
Observar el ocaso desde el mar, mientras la naturaleza despliega su magia y el viento salobre se arremolina en torno al semirrígido, es una experiencia única.
“La navegación de ida dura un poco más de una hora. Al regreso nos espera la puesta. Muchos fotógrafos aficionados contratan la salida”.
es el costo por persona para la excursión que parte del Puerto de San Antonio Este. Hay descuentos por grupos.
$ 500
es la duración del paseo. Ya en tierra, se realiza un brindis y degustación de mariscos,
1 h 30’
6
millas náuticas (aproximadamente 11 kilómetros) es el recorrido total que realiza la embarcación dentro de la bahía San Antonio.

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